jueves, 26 de septiembre de 2013

Interacción de la cafeína con clozapina




Unos de los principales efectos adversos de la clozapina es la sedación, que el paciente intenta solucionar con el consumo de altas dosis de café. Se ha observado en varios pacientes tratados con clozapina y que bebían gran cantidad de bebidas ricas en cafeína al día que cuando se interrumpió el consumo de cafeína los niveles de concentraciones plasmáticas del antipsicótico se reducían.

Este aumento de consumo de bebidas ricas en cafeína provoca que aumenten las concentraciones plasmáticas del antipsicótico, lo que a su vez puede provocar la persistencia de la somnolencia, lo que vuelve a producir la ingesta de cafeína, entrando así en una espiral de consumo de café.

Es de vital importancia regular la ingesta de cafeína al día, en bajas dosis se ha demostrado científicamente que tiene efectos protectores contra patologías circulatorias, reduce el riesgo de Parkinson, diabetes, Alzheimer y cáncer. Por el contrario si excedemos la dosis recomendada, 300 mg al día podemos desarrollar problemas de insomnio, irritabilidad y cansancio entre otros. (1) (2)

A continuación adjunto una de equivalencia que compara las bebidas y su composición de cafeína:

Bebidas
mg de cafeína
Una taza de café  express 100ml
72.22
Una taza de café descafeinado 180ml
2
Un capuccino de 190ml
73
Una Coca-cola 330ml
93
Una Coca-cola light 330ml
122
Una Coca-cola Zero 330ml
93
Una taza de té negro 180ml
40
Bebida energética (Redbull) 100ml
34,10

La clozapina y la cafeína se metaboliza principalmente por la enzima citocromo P4501A2 (CYP1A2). Los estudios sugieren que la cafeína del café inhibe el metabolismo de clozapina y aumenta las concentraciones séricas de clozapina. (2)

En un estudio que se consultó el objetivo fue estudiar si el café, en las cantidades normalmente consumidas, tiene un efecto sobre las concentraciones en estado estacionario de clozapina sérica. El aumento en la concentración sérica de la clozapina era más probable debido a la inhibición de la enzima CYP1A2 por la cafeína. (3)

Los niveles de clozapina más eficaces varían desde 250 hasta 550 mg / L, mientras que el límite superior recomendado para prevenir la toxicidad varía desde 600 hasta 2.000 mg / L. Debido a esto es importante monitorizar los niveles de clozapina en los pacientes que toman grandes ingestas de café, ya que los niveles plasmáticos del antipsicótico podrían aumentar y producir efectos adversos.  (4)

Como conclusión, se debería recomendar que se ajuste el consumo de cafeína, ya que no hay porque retirarlo completamente, a todos los pacientes que estén tratados con clozapina en tratamientos largos. En la red existen herramientas que te permiten calcular el consumo diario de cafeína, bien sea por consumo de café, refrescos o ciertos medicamentos antigripales que contienen cafeína (http://www.ocu.org/electrodomesticos/cafe/calculadora/calcule-su-consumo-de-cafeina).  

El tabaco se asocia al consumo de café, el tabaco es un inductor enzimático que tiende a reducir los niveles de plasmáticos de clozapina. Si abandonase el tabaco los niveles de clozapina aumentarían, complicando la situación del paciente.
El consumo de cafeína debe ser considerado como un factor importante que influye en las concentraciones plasmáticas del antipsicótico.

Bibliografia:
(2)    Horn Jonh R., PharmD. Caffeine and Clozapine. Pharmacy Times, página 33. http://www.hanstenandhorn.com/
(3)    Raaska K, Raitasuo V, Laitila J, Neuvonen PJ. Effect of Caffeine-Containing versus Decaffeinated Coffee on Serum Clozapine Concentrations in Hospitalised Patients.  Basic & Clinical Pharmacology & Toxicology 2004, 94, 13–18.
(4)    Stark A, Scott J. A review of the use of clozapine levels to guide treatment and determine cause of death.


Juan Salvador Escoda, Adrián Bartoll, Licenciados en Farmacia. Revisado por Emilio Pol, Doctor en Farmacia.

viernes, 13 de septiembre de 2013

La inversión en desarrollo social salvaría más vidas que el despilfarro en tecnología sanitaria (incluyendo nuevos medicamentos)




Hay dos datos interesantes de los que parte este estudio del año 2007, realizado en USA, que presentamos hoy (Woolf, Johnson, Phillips, & Phillipsen, 2007), titulado “Ofreciendo a todo el mundo la salud de la educación: Un análisis de si un cambio social salvaría más vidas que los avances médicos”:


  • La tecnología sanitaria (medicamentos nuevos y otros avances médicos) ha dejado de tener un impacto positivo sobre el índice de mortalidad, desde hace ya algunas décadas y,
  • La mejora de las condiciones sociales y de educación en los estratos sociales más desfavorecidos, por el contrario, sí podría ser una medida que tuviese un amplio y positivo impacto sobre el índice de mortalidad de la población.

Esto es importante, porque como los autores del estudio comentan en la introducción, los gobiernos están invirtiendo una cantidad ingente de dinero en comprar medicamentos nuevos y otra tecnología médica avanzada, a pesar de que no se esté logrando reducir con esto un parámetro sanitario tan básico como el índice de mortalidad. ¿Hay otras medidas, aparte de comprar tecnología sanitaria avanzada que pueda tener un mejor impacto sobre el índice de mortalidad? Si: según los autores mejorar las condiciones sociales, y en concreto en este estudio, invertir en educación ofrecería mejores resultados sanitarios que seguir despilfarrando en tecnología sanitaria.

Esto no debería de extrañarnos, al menos no la primera parte, eso de que seguir comprando tecnología médica puntera (medicamentos nuevos) no conduzca más que a engrosar las arcas de la industria farmacéutica y debilitar las del estado. Es conocido ya el estudio publicado en la revista Prescrire Internacional en el que se analizaron los nuevos medicamentos comercializados entre los años 1981 y 2000 en el que sólo un 3% suponían un avance terapéutico. El resto (97%) no suponían ventajas con respecto a los medicamentos ya comercializados. En el caso de la oncología, este avance aportado por la innovación de la industria farmacéutica podría llegar al 10%. Parece evidente por tanto, que se está derrochando dinero en la compra de tecnología sanitaria, y lo grave de esto, no es lo que se gasta (un gasto, a diferencia de una inversión, no reporta beneficios como contrapartida), sino lo que se deja de invertir en recursos que si repercuten en beneficios sanitarios (tanto para el sistema, como para los pacientes). Es lo que la farmacoeconomía denomina, el coste-oportunidad. Oportunidades perdidas porque todas las oportunidades se las llevan la oligarquía de la multinacional farmacéutica.

Como los autores de este estudio ya publicaron otro trabajo en el año 2004 demostrando que la resolución de las diferencias socio-económicas asociadas a diferencias raciales entre afro-americanos y blancos, supuso que se salvaran 5 veces más vidas que las que se hubieran salvado destinando los recursos a tecnología sanitaria, entre los años 1991 y 2000. La tasa de mortalidad es mayor entre los estratos sociales más bajos y no solo por una cuestión de acceso al sistema sanitario, también por otras cuestiones que repercuten en su vida cotidiana y en la calidad de la atención sanitaria que reciben (pobreza, calidad de la atención sanitaria, higiene, barrio en el que viven, oportunidades de desarrollo personal...). 

Observando el factor “nivel de estudios”, la tasa de mortalidad es 2.3 y 2.7 más elevada en aquellos que tienen niveles inferiores al graduado escolar y aquellos que tienen únicamente el graduado escolar respectivamente, en comparación con los que han ido a la universidad y por ello, eligieron este factor de “nivel de estudios” para ver cómo evolucionaría la curva de mortalidad si se produjese una inversión encaminada a mejorar el nivel de estudios de la población.

Los resultados que obtuvieron fueron estos:

Lo más destacable, desde mi punto de vista (y disculpad si me reitero) es evidenciar que estamos perdiendo oportunidades de evolucionar en resultados sanitarios con el fuerte gasto actual de los gobiernos en tecnología sanitaria y que deberíamos invertir en mejorar las condiciones sociales, económicas y educativas, además de en un sistema sanitario de calidad, para de veras llegar a mejorar la sanidad de los ciudadanos. 

Los autores de este estudio obtuvieron un dato aclamador: la tasa de mortalidad bajaría 8 veces si se invirtiera en homogeneizar el nivel de estudios de la población en comparación a si se continúa con el despilfarro tecnológico.

También se quejan de que la relación entre mejoras sociales, económicas y educativas y su repercusión en resultados sanitarios es un campo interesante a estudiar, pero que no son líneas de investigación que se puedan desarrollar convenientemente por falta de recursos.
Será que no interesa, o dicho de otro modo, será que lo que interesa es que sigamos pensando que el gasto en medicamentos es imprescindible si no se quiere un desastre sanitario, y que esta partida presupuestaria es más fundamental que otras como sistema sanitario (resto de recursos), educación o pobreza. Es decir que además, insultan nuestra inteligencia y sentido común…

Paco Mtz.Granados

Trabajos citados

Woolf, S., Johnson, R., Phillips, R., & Phillipsen, M. (2007). Giving everyone the health of the edutated: An examination of whether social change would save more lives than medical advances. American Journal of Public Health , 679-683.

A look back at 2000: overabundance and deregulation. Prescrire Int 2001;10(52):52–4.Un repaso a 2000: sobreabundancia y la desregulación. Prescrire Int 2001; 10 (52) :52-4.

Garattini S, Bertele V. Efficacy, safety, and cost of new anticancer drugs. BMJ 2002;325(7358):269–71. Garattini S, Bertele V. Eficacia, seguridad y coste de los nuevos fármacos contra el cáncer. BMJ 2002; 325 (7358) :269-71.

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