Romina M,Bagby RM, Zipursky RB, Kapur S. How antipsychotics work: The patients’ perspective. Progress in Neuro-Psychopharmacology & Biological Psychiatry 29 (2005) 859 – 864.
Traducción y comentarios (al final de la entrada): Paco Mtz.Granados
INTRODUCCIÓN
Desde el descubrimiento de
clorpromazina hace cincuenta años se ha investigado sobre los efectos de los
psicofármacos sobre una dimensión neuro-cognitiva, sobre todo empleando
técnicas de neuroimagen. Sin embargo, la perspectiva del paciente no ha sido
investigada y apenas ha sido discutida en la literatura médica, a pesar de que
se ha evidenciado que las creencias y actitudes de los pacientes hacia su
medicación es un factor fundamental que condiciona la adherencia al
tratamiento.
En la práctica clínica, el foco
de atención se dirige hacia el tratamiento de los síntomas psicóticos (delirio,
alucinación, leguaje y comportamiento desorganizado…) y a nivel de
investigación, todos los recursos se han invertido en comprobar cómo
evolucionan los síntomas (o un conjunto de síntomas) con un sinfín de fármacos,
en todos estos estudios, es el clínico el que realiza la valoración del impacto
del fármaco en el paciente. La perspectiva del paciente no ha sido estudiada ni
tenida en cuenta.
Los primeros estudios en los años
50 describían el efecto de los antipsicóticos como inductores de un estado de
“indiferencia”. Por ejemplo, Elkes afirmaba “que los pacientes continuaban
experimentando delirios y alucinaciones pero que parecían estar menos
perturbados por estos síntomas”. Otros autores manejaban los conceptos de
“agentes distanciadores” o “restricción emocional”. Recientemente se están
investigando los efectos adversos de la medicación en los pacientes, su
aceptación y su impacto en la calidad de vida. Han aparecido una serie de
escalas psicométricas que tratan de registrar las creencias y actitudes de los
pacientes hacia sus medicamentos, por ejemplo, el Personal Evaluations of
Transitions in Treatment (PETiT), el Attitudes towards medication treatment
(ANT), el Drugs Attitude Inventory (DAI) o el Medication Adherence Rating Scale
(MARS).
El estudio que presentamos los
autores de la Universidad de Toronto, Canadá, han investigado la perspectiva de
los pacientes sobre el modo en que estos actúan sobre ellos en una cohorte. En
un primer momento se examinaron los datos de 91 pacientes con tratamiento
crónico y lo que mostraba era que las perspectivas de los pacientes podían ser
orientadas hacia dos bloques fundamentales y que de ellos, los pacientes daban
preferencia a la noción de que los antipsicóticos creaban un estado de
“desapego” más que un estado de “erradicación” de los síntomas. Más tarde los
autores quisieron averiguar si este fenómeno ocurría antes de la experiencia
medicamentosa o era algo que aparecía después de la exposición de los pacientes
a los medicamentos, y para ello, se analizaron 8 casos más de pacientes naives,
a los que se les dio el mismo
cuestionario antes de haber estado expuestos nunca a antipsicóticos, y después
de un ensayo de 6 semanas con antipsicóticos.
MÉTODO
Sujetos
Los pacientes fueron reclutados a
través del Centro para la Salud Mental y Adicciones de Toronto, tanto en el
área de agudos como en el de pacientes externos. A todos se les informó
convenientemente del estudio y dieron su consentimiento informado. La edad de
inclusión era de 15-65 años, tenían un IQ>65, y cumplían con los criterios
del DSM-IV para trastornos psicóticos sin comorbilidad neurológica ni abuso de
sustancias en el presente. La gravedad de la sintomatología era valorada con la
escala PANSS.
Mediciones
La valoración de la perspectiva
de los pacientes sobre cómo funcionaban los antipsicóticos en ellos se hizo a
través de cinco sentencias que trataban de reflejar lo que estudios previos
cuentan sobre la experiencia medicamentosa de estos pacientes. Las sentencias
eran además adaptadas a la sintomatología principal que manifestaba el paciente
y al contexto. Las sentencias eran:
1. La
medicación me ayuda a manejarme con X.
2. La
medicación me ayuda a dejar de pensar en X.
3. La
medicación hace que X no me moleste tanto.
4. La
medicación ha hecho que cambie mi forma de ver a X.
5. La
medicación ha hecho que X desaparezca.
En la entrevista X era sustituido
por la principal preocupación del paciente en forma de delirio/alucinación, por
ejemplo si estaba preocupado porque la CIA le perseguía, la X se sustituía por
“la CIA”. Los participantes tenían que graduar cuanto estaban de acuerdo con
cada una de las sentencias en una escala de 0 (en absoluto) a 3
(completamente). Se dejaba bien claro que no había respuestas correctas o
incorrectas y que se les garantizaba la confidencialidad, al contrario se les
decía que sus opiniones personales eran muy valiosas para este estudio. Al
terminar la entrevista se les hizo además una pregunta abierta: “¿Qué crees que hace la medicación por ti,
sobre todo, en relación a X?”.
RESULTADOS
El grupo lo formaron 91
participantes (16% mujeres), edad media 33 años, con diagnósticos de
esquizofrenia (82%), trastorno esquizoafectivo (15%) y esquizofreniforme (3%).
La puntuación total en la escala PANSS fue de 69 (SD 15). El IQ medio estimado
fue 96 (SD 13). Los antipsicóticos eran en su mayoría atípicos (74% versus
26%). En el estudio longitudinal se incluyeron 8 sujetos que nunca habían
estado expuestos a antipsicóticos y más tarde fueron reevaluados a las 6
semanas del tratamiento antipsicótico.
Al
estar las 5 sentencias interrelacionadas, el patrón resultante podría estar
correlacionado entre sí, y por esto se sugirió agrupar las sentencias en dos
grupos principales. La inspección visual del Scree plot obtenido apoyaba
también esta polarización en los resultados según describió Cattell en 1966.
Estos dos grandes bloques explicaban el 71% de la varianza. El primer grupo
incluía las tres primeras sentencias “me ayudan a manejar”, “me ayudan a dejar
de pensar” y “me ayudan a que no me moleste”, y a este grupo lo denominamos el “factor
desapego”. El segundo factor incluía las sentencias “cambió mi forma de
ver a X” y “hace que X desaparezca” y lo denominamos el “factor erradicación”. Se evidenció una diferencia
significativa entre la puntuación media de ambos factores (t
=7.82, p <0 .001="" 0="" 1="" a="" aspecto="" con="" correlacionaron="" de="" del="" desapego="" edad="" efecto="" el="" erradicaci="" estos="" factor="" factores="" iq="" manera="" media="" mientras="" n="" ning="" no="" o="" obten="" otro="" que="" r="" se="" sexo="" span="" tama="" una="">
0>
En la tabla 1 se aprecian estos
resultados.
Además los autores indagaron en
cómo la exposición a antipsicóticos alteraba la perspectiva de los pacientes en
este sentido. Antes de la exposición a los antipsicóticos, la cohorte de
pacientes naives pensaba que la medicación tendrían un efecto tanto en términos
de erradicación, como en términos de desapego (t: 0.76; p = 0.47; tamaño del
efecto (r) = 0.072). Sin embargo la respuesta de estos pacientes cambió después
de estar 6 semanas en tratamiento con antipsicóticos. Disminuyó
significativamente la noción de que los medicamentos funcionarían por la vía de
la erradicación (basal=1.85, después de 6 semanas=1.14; F =23; p =0.003; tamaño
del efecto (r)=0.891), manteniendo estable su percepción con respecto al
impacto sobre el desapego, hasta que después de 6 semanas, el patrón era
indiferenciable de la cohorte de crónicos.
DISCUSIÓN
Estos resultados son equivalentes
a los observados en los años 1950 en los que se describía un desinterés
inducido por los antipsicóticos. Por tanto, la conclusión sería que los
antipsicóticos tomados crónicamente inducen un estado de desapego o desinterés
hacia los síntomas, más que conseguir su erradicación. Esto también tiene
paralelismos con los conceptos de “agentes distanciadores” y “restrictores
emocionales” para describir a los antipsicóticos. También hay coherencia con
las respuestas obtenidas a la pregunta abierta a “¿Qué crees que hace la medicación por ti, sobre todo, en relación a
X?” donde se manifiesta un beneficio en términos de ganar control/manejo o
sensación de relajación con respecto a los síntomas.
La mayoría de la investigación
con antipsicóticos se reducen a cuantificar la disminución en la sintomatología
registrada por escalas psicométricas lo que ha llevado al concepto generalizado
de que los antipsicóticos erradican o reducen los síntomas psicóticos. Sin
embargo es bien conocido que como mucho los antipsicóticos proporcionan una
remisión parcial y que muchos aspectos de la psicosis así como otras
manifestaciones quedan intactos. Mientras que algunos pacientes consiguen una
resolución completa de sus delirios y/o alucinaciones, otros lo único que
consiguen con el tratamiento antipsicótico es un estado de indiferencia hacia
los síntomas.
Otro fenómeno puesto en evidencia
en este estudio es que las personas que nunca han estado expuestas a antipsicóticos
piensan, cuando se les pregunta sobre ello, que la medicación erradicará al
tiempo que hará que puedan desapegarse de los síntomas y que bastan 6 semanas
para que esta perspectiva cambie hacia la noción de que únicamente inducen un
desapego o desinterés hacia la sintomatología (pero que la sintomatología
persiste).
Estos hallazgos pueden enmarcarse
en las explicaciones neurobiológicas recientes (Kapur, 2003) sobre el
funcionamiento farmacológico de los antipsicóticos. Lo que se propuso fue que
las acciones biológicas de estos fármacos (las cuales tienen que ver con una
interacción con ciertas vías dopaminérgicas), lo que hacen es “amortiguar la
relevancia” de la experiencia subjetiva de los delirios y alucinaciones.
CONCLUSIONES
Los autores muestran que los
antipsicóticos no funcionan reduciendo cuantitativamente los síntomas ni en la
erradicación parcial o completa de los síntomas, sino que actúan modificando la
naturaleza cualitativa de la experiencia psicótica de los pacientes. Los datos
del estudio indican que, desde la perspectiva de los pacientes, los
antipsicóticos funcionan induciendo un estado de desinterés o desapego hacia
los síntomas. Este hallazgo fenomenológico guarda coherencia con explicaciones
neurocientíficas recientes sobre el mecanismo de acción farmacológica de estos
medicamentos (Kapur, 2004).
COMENTARIOS:
Cuando en la Facultad de Farmacia
estudié Farmacología Humana, en uno de los libros de consulta más habituales
(editado en el año 1997), había un capítulo sobre “Fármacos antipsicóticos
neurolépticos” que contenía un apartado “Acciones fundamentales de los
neurolépticos". Los efectos terapéuticos de estos fármacos eran desglosados en:
- Efecto antipsicótico y
- Efecto neuroléptico.
El efecto antipsicótico lo describía de la siguiente manera: Los neurolépticos actúan de manera decisiva
sobre el síndrome esquizofrénico, mejorando o suprimiendo la
sintomatología fundamental y secundaria. Los síntomas que mejoran en mayor
proporción son las alteraciones de la ideación y del pensamiento, las
alucinaciones, las fabulaciones y la ideación paranoide, la agresividad y la
agitación; es decir, los que se consideran síntomas positivos. En menor
grado responden los síntomas negativos, como la pobreza de expresión
linguística, la falta de impulsos internos y el desinterés afectivo. Es
evidente, pues, que los antipsicóticos alcanzan a los síntomas que constituyen
el núcleo de la enfermedad, con independencia de las propiedades meramente
sedantes o tranquilizantes que puedan tener. La acción antipsicótica, sin
embargo, no es inmediata sino que tarda varios días y semanas en aparecer y
consolidarse.
El efecto neuroléptico lo describía así: Cuando los antipsicóticos se administran a personas no psicóticas,
producen el denominado síndrome
neuroléptico. Aparecen quietud emocional, retraso psicomotor e
indiferencia afectiva; no hay sueño, pero lo aparenta. La persona se
muestra tranquila y sosegada, indiferente al mundo que la rodea, sin
iniciativa, si bien es capaz de responder o atender ante un estímulo suficientemente
fuerte: existe una desaferentización sensorial. Esta condición es
favorable para determinadas situaciones y constituye la base de la
neuroleptoanestesia, gracias a la cual es posible conseguir una anestesia
tranquila con un paciente dócil. Naturalmente, el cuadro neuroléptico
puede aparecer también en el enfermo psicótico, en mayor o menor grado, si bien
en éste predomina la acción antipsicótica.
Esto en su día recuerdo que me
costó entenderlo, sobre todo la última frase, me quedé con muchas ganas de
preguntar al catedrático que se explicase mejor en esta última frase, pero no
lo hice, ya que se dejaba entrever que había una explicación neurocientífica que avalaba esta hipótesis, el sistema dopaminérgico no era el mismo para el psicótico que para el no psicótico, y por tanto, ante la autoridad que le otrogábamos a la neurociencia, no me atreví a preguntar más sobre este tema…
Lo que más me sorprendía era que
si el sujeto era psicótico, los antipsicóticos tenían, predominantemente, un
efecto antipsicótico, y por ello mejoraban los síntomas como el retraimiento
emocional, la introspección, la torpeza en la expresión lingüística y la falta
de motivación y socialización, pero misteriosamente, y sorprendentemente, si el
sujeto no era psicótico, esto pasaba
a ser un síndrome iatrogénico inducido por los antipsicóticos, a través de su
acción neuroléptica.
Pero este síndrome iatrogénico de retraimiento socio-afectivo
y enlentecimiento de procesos psíquicos, no se daba en el sujeto psicótico,
porque en este sujeto predominaba el “efecto antipsicótico”. En esta
explicación no se puntualizaba que esto dependiera de si eran típicos o atípicos,
sino que se ponía el acento en si era o no era psicótico el sujeto…supuestamente
esto tenía una hipótesis neurocientífica que sostenía esta postura…
La cuestión es que en los años
1950, tras el descubrimiento de los primeros neurolépticos, estos fármacos se
llamaban así, neurolépticos, y que hubieron estudios con sujetos psicóticos
donde lo que se ponía en evidencia era la dimensión “neuroléptica” del efecto,
es decir, como hemos visto en el estudio que presentamos, no se habla de
erradicación o reducción cuantitativa de síntomas (lo que mi libro de consulta relataba
como un efecto antipsicótico) sino de la
inducción de un estado de indiferencia afectiva hacia los síntomas (más
parecido a un síndrome neuroléptico, pero con respecto a los síntomas).
¿Será que este fundamento farmacológico que estudiamos en las facultades no es más que una estafa? ¿Será que los antipsicóticos sólo inducen un efecto neuroléptico de indeferenciación y desconexión con respecto a los síntomas y con respecto a todo lo demás? ¿Será que no se puede escindir lo que le sucede a los individuos psicóticos de los no psicóticos en lo que se refiere al efecto de estos fármacos? ¿Será que esto explica que los antipsicóticos sean los agentes causales de todo el espectro de sintomatologia negativa y afectiva que normalmente se achaca al curso evolutivo natural de la esquizofrenia?
Es un matiz importante y va en consonancia
con lo que recientemente nos comentaba el Dr.Emilio Pol Yanguas, en una charla
informal que mantuvimos con él, haciendo referencia al comic Psiquiátrico que
leyó hace poco, nos dijo que lo que se relata que sucedió en los psiquiátricos
con la entrada de clorpromazina no fue que los pacientes estuviesen mejor, lo
que se relata que sucedió era que cuando entraron los antipsicóticos a los psiquiátricos, “se hizo el silencio”.







