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lunes, 9 de marzo de 2015

Relación entre el tratamiento antidepresivo en adultos y el aumento del riesgo de suicidio, intento de suicidio y autolesión.


Resumen realizado por: María van der Hofstadt Rovira, estudiante de 5º de Farmacia de la UMH
(Revisado por Emilio Pol Yanguas, doctor en Farmacia)

Actualmente una gran parte de la población padece depresión, es una condición muy común y la mayoría de pacientes se encuentra en tratamiento con antidepresivos, son algunos de los fármacos más prescritos por los profesionales de atención primaria  y probablemente pacientes y profesionales desconozcan que corren ciertos riesgos derivados del tratamiento. Las tasas de suicidio han aumentado considerablemente en los últimos años, además son más elevadas en los pacientes que sufren depresión, pero no está claro que el suicidio, el intento de suicidio y la autolesión se trate con los distintos grupos de fármacos antidepresivos disponibles. Recientemente se ha publicado en la revista “British Medical Journal” un artículo que relaciona el tratamiento con diferentes antidepresivos con el aumento del riesgo de suicidio (1). Así como la importancia de realizar un estrecho seguimiento a los pacientes que sufren depresión y están siendo tratados con este tipo de fármacos.

Se trata de un estudio de cohortes para evaluar la asociación de varios antidepresivos y el riesgo de suicidio y autolesiones. El objetivo del estudio es poder valorar si hay algún fármaco antidepresivo que resulte más propenso a producir este riesgo, es decir observar las diferencias entre los distintos fármacos. Existen varios meta-análisis (2 y 3) que explican que en niños  y adolescentes este riesgo es elevado, pero en la población adulta parece que este riesgo no exista y que en ancianos parece que este riesgo hasta se reduce. Por todo esto se realiza este estudio de cohortes para seguir a los pacientes expuestos a este tipo de fármacos en un ámbito más cotidiano y global que en un ensayo clínico donde todo está mucho más medido y controlado, valorando así, si realmente hay algún riesgo o no derivado de su tratamiento.

Durante 11 años se realizó el seguimiento en pacientes obtenidos de una gran base de datos de atención primaria diagnosticados de depresión que están en tratamiento y también en aquellos que están sin tratamiento, los pacientes seleccionados habían sido diagnosticados al menos 12 meses después de incorporarse al consultorio. Se excluyeron a aquellos pacientes que ya se encontraban en tratamiento con antidepresivos antes del inicio del estudio y que tuvieran diagnóstico previo de otro trastorno psiquiátrico o que hayan debutado durante el transcurso del estudio. Se realizó un estudio muy exhaustivo de los factores de confusión ya que se valoraron muchos aspectos distintos para poder ajustar lo máximo posible el estudio.

Se dividieron los fármacos en tres grupos, antidepresivos tricíclicos, inhibidores selectivos de recaptación de serotonina y otros antidepresivos, los datos se extrajeron de las recetas individuales de los antidepresivos durante el seguimiento, incluyendo la fecha de emisión, el tipo y la dosis del antidepresivo. Se realizó el seguimiento de los pacientes desde el momento de la prescripción, y los cambios de tratamiento se consideraron estadísticamente como exposiciones variables en el tiempo. Realizaron también análisis sobre la dosis administrada de cada tipo de fármaco. Y varios análisis de sensibilidad para evitar el mayor nº de sesgos posible verificando así la solidez del estudio y de los resultados obtenidos.

Con los datos obtenidos se observó que el 87% del total de los pacientes recibieron prescripción de tratamiento de uno o más antidepresivos, durante 221 días de mediana de duración (36.6% durante un año o más de tratamiento y 5.5% durante cinco años o más). Lo más llamativo en este sentido es que hubo más de 83784 prescripciones combinadas con el significativo riesgo que supone la polifarmacia.

En el análisis estadístico calcularon las proporciones de riesgo ajustadas y no ajustadas para los distintos tipos de antidepresivos, comparando el tratamiento actual con antidepresivos tricíclicos y otros antidepresivos, con los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina. Y en cuanto al análisis de dosis se observó que tanto en inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y otros antidepresivos, el riesgo aumentaba con el aumento de dosis pero que en cambio con antidepresivos tricíclicos no era significativo.

La diferencia en las tasas de suicidio durante los períodos de tratamiento con antidepresivos tricíclicos y relacionados en comparación con los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina no fue significativa (razón de riesgo ajustada 0,84, 95% intervalo de confianza 0,47 a 1,50), pero la tasa de suicidios aumentó significativamente durante los períodos de tratamiento con otros antidepresivos (2,64, 1,74 a 3,99). La razón de riesgo para el suicidio se incrementó significativamente para mirtazapina en comparación con citalopram (3,70, 2,00 a 6,84). Riesgos absolutos de suicidio en un año oscilaron desde 0,02% para la amitriptilina a 0,19% para mirtazapina.


No hubo diferencias significativas en las tasas de intento de suicidio o autolesiones con antidepresivos tricíclicos (0,96, 0,87 a 1,08) en comparación con inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, pero la tasa de intento de suicidio o autolesiones fue significativamente mayor para otros antidepresivos (1,80, 1,61 a 2,00). El cociente de riesgos ajustados por intento de suicidio o autolesión se incrementaron significativamente en tres de los medicamentos más comúnmente prescritos en comparación con citalopram: venlafaxina (1,85, 1,61 a 2,13), trazodona (1,73, 1,26 a 2,37), y la mirtazapina (1,70, 1,44 a 2,02), con una reducción significativa de la amitriptilina (0,71, 0,59 a 0,85). El riesgo absoluto de intento suicidio o autolesiones más de un año osciló entre el 1,02% para la amitriptilina a 2,96% para la venlafaxina. Las tasas fueron más altas en los primeros 28 días después de comenzar el tratamiento y permanecieron aumentadas en los primeros 28 días después de dejar tratamiento. Durante el estudio también se observó que durante los 28 días después de finalizar el tratamiento el riesgo aumentó para todos los tipos de fármacos.


Muchas guías de tratamiento indican que el inicio de tratamiento debe realizarse con Inhibidores Selectivos de la recaptación de serotonina, esto podría explicar porque el riesgo es mayor con otros (presuponiendo que estos ya llevaran tiempo en tratamiento y no había funcionado por lo que se modificó) pero no ocurre lo mismo con los antidepresivos tricíclicos, por lo que esta explicación perdería fuerza.

Como es un estudio de cohortes, prospectivo los pacientes que no recuerdan determinados aspectos con detalle o se pierden no resulta un sesgo para los resultados.

La población que participa en el estudio es variable y amplia por lo que representa muy bien a los usuarios de estos fármacos que podemos encontrar en la práctica clínica, no como en los ensayos clínicos donde la población es mucho más concreta y el seguimiento se realiza durante menos tiempo.

Como conclusiones el estudio observa que  en el análisis de los 11  antidepresivos más utilizados actualmente la razón de riesgo de suicidio ajustada fue significativamente mayor (p <0,01) para mirtazapina en comparación con el citalopram (3,70, 2,00 a 6,84). También que había indicios de aumento del riesgo para la venlafaxina en comparación con el citalopram (2,23, 1,14 a 4,39; p = 0,02). En definitiva, el estudio encuentra asociaciones significativas entre las diferentes clases y tipos de antidepresivos y las tasas de suicidio e intento de suicidio o autolesiones. Pese a ello insisten en que los resultados deben interpretarse con cautela, los beneficios y los riesgos pueden ser muy variables cuando se prescriben antidepresivos por lo que resulta fundamental que exista una estrecha vigilancia de la evolución clínica de los pacientes que se encuentren en tratamiento así como cuando se inicia la retirada del tratamiento.



Referencias:

-          (1) “Antidepressant use and risk of suicide and attempted suicide or self harm in people aged 20 to 64: cohort study using a primary care database” Carol Coupland, Trevor Hill, Richard Morriss, Antony Arthur, Michael Moore, Julia Hippisley-Cox.



-          (2) Friedman RA, Leon AC. Expanding the black box—depression, antidepressants, and the risk of suicide. N Engl J Med2007


-          (3) Hall WD. How have the SSRI antidepressants affected suicide risk? Lancet2006

martes, 24 de abril de 2012

Elección de un antidepresivo para una paciente que presenta simultáneamente parkinson, depresión y demencia

Autoras: Ana Brotons e Hilda Ferrero. Estudiantes 5º Farmacia Universidad Miguel Hernández de Elche.


Esta búsqueda se plantea tras la petición de un médico que acude al servicio de farmacia para consultar sobre una paciente anciana que padece demencia, depresión y parkinson. El médico había ensayado duloxetina pero tuvo una respuesta inadecuada. Le preocupa el posible empeoramiento de los síntomas parkinsonianos y/o cognitivos con el tratamiento antidepresivo. El nos refiere haber leído acerca de la utilización del bupropion en estos casos, por su acción dopaminérgica. También pregunta por la posible utilidad de agomelatina en este caso.


  1. Parkinson1

En la enfermedad de Parkinson existe una degeneración de los núcleos pigmentados del tronco; hay una lesión degenerativa de esta vía, con pérdida profunda de dopamina en la sustancia negra y el estriado. Gran parte de los síntomas parkinsonianos de hipofunción (el temblor, la rigidez, la acinesia y las alteraciones posturales) se deben a la pérdida de actividad dopaminérgica, si bien no aparecen hasta que la pérdida neuronal alcanza el 80 %. Pero existen también lesiones de neuronas noradrenérgicas y, en algunos casos, de neuronas colinérgicas en áreas como la sustancia innominada (núcleo basal de Maynert y núcleo de la banda diagonal de Broca) que proyectan a la corteza.  Esto explica los síntomas de demencia que se desarrollan tardíamente en algunos enfermos parkinsonianos, emparentándose su evolución con la enfermedad de Alzheimer.

La estrategia terapéutica en la enfermedad de Parkinson se basa, fundamentalmente en la potenciación de la actividad dopaminérgica central, ya sea directa (levodopa, agonistas y activadores dopaminérgicos) o indirecta (inhibidores de la MAO y de la COMT); en ciertos estadios de la enfermedad se recurre también al bloqueo de la función colinérgica con anticolinérgicos centrales.


  1. Depresión2

La depresión es una enfermedad mental en la que aparecen una serie de síntomas como pérdida de interés por las actividades usuales, fatiga, sentimientos de inutilidad, falta de concentración, deseos de muerte, pérdida de apetito o de peso, insomnio, agitación o retraso psicomotor, etc., acompañados de somatizaciones más o menos pronunciadas.

Las hipótesis sobre la etiología de la depresión se han inspirado en las acciones de los fármacos utilizados en su tratamiento, que tradicionalmente han estado divididos en dos grandes categorías: inhibidores de la monoaminooxidasa (MAO) y antidepresivos tricíclicos, de los que los primeros representantes fueron, respectivamente, la iproniazida y la imipramina. Los inhibidores de la MAO inhiben la degradación oxidativa de noradrenalina y de serotonina y, por lo tanto, originan un mayor aporte de estos neurotransmisores a sus correspondientes receptores. Los antidepresivos tricíclicos inhiben los procesos de recaptación de estas aminas y determinan igualmente una mayor concentración de ellas en la sinapsis

En función de estos estudios iniciales, la depresión se interpretó durante varios años como un estado de hipofuncionalidad de los sistemas centrales de neurotransmisión por noradrenalina y serotonina.



  1. Demencia3
Existen distintos tipos de demencia, entre ellas el Alzheimer, cuya hipótesis etiológica es la hipótesis colinérgica, la cual sugiere que la enfermedad se debe a una reducción en la síntesis del neurotransmisor acetilcolina. Por tanto su tratamiento se basa en el aumento de dicho neurotransmisor.

Debemos considerar que la enfermedad de Parkinson lleva al paciente a una inexpresión facial y el hecho de tener una movilidad limitada puede llevarles a un estado depresivo, por tanto se debe tener especial cuidado en el diagnóstico de la depresión en este tipo de paciente puesto que los propios síntomas de la enfermedad de parkinson se superponen a los de la depresión y demencia.



  1. Revisión de bibliografía
Se ha realizado una búsqueda en PubMed con los terminos “enfermedad de Parkinson” y “agentes antidepresivos”. Se han encontrado tres meta-análisis que abordan el problema.

Uno de los metanálisis plantea la eficacia de los antidepresivos en pacientes ancianos con depresión y parkinson4. Se observa que en pacientes con depresión y parkinson el tratamiento antidepresivo no es más efectivo que el placebo, mientras que el tratamiento en pacientes sin parkinson sí muestra mayor efecto que el placebo.

En otro metanálisis, del que solo hemos podido obtener el abstract se plantea que los ISRS no deben utilizarse en pacientes deprimidos y con parkinson5, puesto que empeoran el parkinson. La alternativa propuesta es el uso de los ATC (amitriptilina), pero teniendo en cuenta que existe en estos pacientes un mayor riesgo de aparición de efectos adversos, ya que los efectos anticolinérgicos pueden provocar un empeoramiento de la cognición.

Se han estudiado posibles tratamientos de estas enfermedades en conjunto, entre ellas el tratamiento con pramipexol6,7, del cual existen ensayos clínicos en los que parece que sí mejoran los síntomas de la depresión .

Estos efectos se observaron también en el estudio de pramipexol frente a sertralina 8, aunque hay que considerar que las dosis de esta última son bajas, hay evidencias de que el pramipexol mejora significativamente los síntomas con respecto a sertralina, en pacientes con enfermedad de párkinson sin síntomas motores con depresión. Pese a lo dicho los efectos adversos de pramipexol en el tratamiento de la depresión asociada al parkinson son similares al del tratamiento del Parkinson y deben ser controlados. En el ensayo comparativo con sertralina, las pérdidas por efectos adversos se produjeron en el grupo tratado con sertralina (17%) .

Existen casos aislados de uso de bupropion 8,9,10 en pacientes con depresión y parkinson en los que parece que el tratamiento con este fármaco es efectivo. Sin embargo, no existen por el momento ensayos clínicos que lo confirmen.  Por ello el bupropion puede ser una opción más de tratamiento en base a su soporto teórico10.

Conjuntamente puede añadirse un suplemento de omega-3, el cual puede mejorar la sintomatología de la depresión11.

Respecto a la agomelatina asociada a trastornos de parkinson, no hemos encontrado ninguna referencia, ni ningún caso clínico.

En una revisión del tratamiento conjunto que se le puede dar a pacientes con demencia, parkinson, psicosis y depresión12 se plantea el uso de las escalas The Beck Depression Inventory-I, Hamilton Depression Rating Scale y Montgomery Asberg Depression Rating Scale para diagnosticar depresión en pacientes con Parkinson y The Mini-Mental State Examination y the Cambridge Cognitive Examination para el diagnóstico de demencia y Parkinson.

Normalmente se utilizan antidepresivos como la amitriptilina en depresión con parkinson y sin demencia e inhibidores de acetilcolina (donepezilo, rivastimina) para el tratamiento de parkinson con demencia, aunque podría empeorar la enfermedad motora y la mejoría no es tampoco muy significativa. Además el tratamiento con amitriptilna no es necesariamente la primera opción en estos casos, debido a los efectos anticolinérgicos ya comentados.

En cuanto a la utilidad de la psicoterapia por el momento no hay estudios que confirmen su eficacia.

En cuanto al uso de inhibidores de acetilcolinesterasa se ha visto que se requieren 19 pacientes para conseguir mejora en solo 1 paciente (NNT= 19) siendo los beneficios modestos mientras que se exacerba el temblor.

Como conclusión final respecto al tratamiento farmacológico se recomienda una pauta lo más sencilla posible.

El tratamiento con pramipexol parece el más indicado puesto que es el que mayor número de estudios bien planteados ofrece.

Y debido al poco riesgo en su utilización puede utilizarse el omega-3 como adyuvante en el tratamiento.

En el caso de querer llevar un tratamiento con bupropion debemos considerar que hay menor número de evidencias, que el control del paciente ha de ser mayor y hay que tener en cuenta la interacción del mismo con la levodopa, que puede llevar a una neurotoxicidad, y la interacción con los IMAO, por tanto hay que tener especial cuidado si la paciente está siendo tratada con seleginina.

En el caso de usarse amitriptilina debemos considerar que por sus propiedades anticolinérgicas pueda retrasar el vaciado gastrointestinal, pudiendo aumentar la inactivación de levodopa antes de su absorción intestinal.



  1. Bibliografía
1Pazos A.  y Pascual J. Farmacología de los movimientos anormales.  Fármacos antiespásticos, en: Farmacología humana. Jesús Florez 3ª edición; 1997: 513-533

2 del Río J. Fármacos antidepresivos y antimaníacos, en: Farmacología humana. Jesús Florez 3ª edición; 1997: 549-565

3Florez J.  y Dierssen M. Fármacos nootropos y neuroprotectores. Farmacología de las conductas anormales, en: Farmacología humana. Jesús Florez 3ª edición; 1997: 593-609

4 Weintraub D, Morales KH, Moberg PJ, Bilker WB, Balderston C, Duda JE, Katz IR, Stern MB. Antidepressant studies in Parkinson's disease: a review and meta-analysis. Mov Disord. 2005;20:1161-9.

5 Frisina PG, Tenenbaum HR, Borod JC, Foldi NS The effects of antidepressants in Parkinson's disease: a meta-analysis.. Int J Neurosci. 2008;118:667-82.
6 Barone P, Poewe W, Albrecht S, Debieuvre C, Massey D, Rascol O, Tolosa E, Weintraub D. Pramipexole for the treatment of depressive symptoms in patients with Parkinson's disease: a randomised, double-blind, placebo-controlled trial. Lancet Neurol. 2010;9:573-80.

7 Barone P, Scarzella L, Marconi R, Antonini A, Morgante L, Bracco F, Zappia M, Musch B. Pramipexole versus sertraline in the treatment of depression in Parkinson's disease: a national multicenter parallel-group randomized study. Depression/Parkinson Italian Study Group. J Neurol. 2006;253:601-7.

8 Załuska M, Dyduch A. Bupropion in the treatment of depression in Parkinson's disease. Int Psychogeriatr. 2011;23:325-7.

9 Raskin S, Durst R Bupropion as the treatment of choice in depression associated with Parkinson's disease and it's various treatments.Med Hypotheses. 2010 ;75:544-6.

10 Dobkin RD, Menza M, Bienfait KL, Gara M, Marin H, Mark MH, Dicke A, Friedman J. Depression in Parkinson's disease: symptom improvement and residual symptoms after acute pharmacologic management Am J Geriatr Psychiatry. 2011;19:222-9.

11 da Silva TM, Munhoz RP, Alvarez C, Naliwaiko K, Kiss A, Andreatini R, Ferraz AC Depression in Parkinson's disease: a double-blind, randomized, placebo-controlled pilot study of omega-3 fatty-acid supplementation. J Affect Disord. 2008;111:351-9.

12 Miyasaki JM et al Practice Parameter: Evaluation and treatment of depression, psychosis, and dementia in Parkinson disease (an evidence-based review) Report of the Quality Standards Subcommittee of the American Academy of Neurology. Neurology 2006;66:996-1002

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