lunes, 29 de junio de 2015

Quise ver como era una sesión de terapia electroconvulsiva


Javier Molina, 5º de farmacia

 

-Sesión de terapia electroconvulsiva y opinión personal

 

Durante el curso de mi estancia en el hospital psiquiátrico se me ofreció la posibilidad de asistir   una sesión de terapia electroconvulsiva (en adelante T.E.C). Acepte  un poco por genuina (e intentando que fuera  también ingenua) curiosidad, por refundar en mi mente esa imagen que ha quedado en el imaginario colectivo merced a tantos años de oscura historia sobre la técnica.

Durante la carrera el T.E.C se nos menciona sucintamente, apenas de pasada, como una técnica en claro desuso solo indicada para depresiones endógenas que no responden a tratamiento, el último recurso cuando todas las terapias convencionales han resultado inútiles. He de decir que de un tiempo a esta parte he aprendido  que lo que se enseña en las aulas, la parte teórica, es cuanto menos matizable, si no directamente de muy dudosa veracidad. Por todo ello creí razonable ver con mis propios ojos el T.E.C y preguntar a los profesionales que lo realizan (por lo que he podido comprobar de manera bastante frecuente) por los pormenores de dicha técnica y su resultado en la práctica clínica Así pues me presente allí, libreta en mano, boli en ristre, dispuesto  a descubrir de que iba todo aquello.

Ese día iban a aplicarles el T.E.C a dos pacientes, de los cuales yo conocía a uno, al que llamaremos Job. Por lo que había tenido ocasión de hablar con el parecía una persona afable, de modales tranquilos y sosegados y de discurso coherente, casi siempre centrado en temas religiosos y/o místicos. Precisamente en ese último punto parecía residir el problema; Job vivía (y vive) su espiritualidad de manera muy intensa, descuidando gravemente el lado material de la vida y su propia existencia física. Ciertamente me parecía un paciente que podía  necesitar una serie de atenciones psicoconductuales y farmacológicas, pero no se me antojaba del tipo que requiriera un terapia agresiva y para casos limite como esta-

Ambos se sentaron en las camillas visiblemente somnolientos (la técnica se realiza siempre a las 7 de la mañana) pero tranquilos, no era la primera vez para ninguno. Tras anestesiar  al primero de ellos con propofol  aproveche para preguntar sobre la técnica a los allí presentes (un anestesista, un ATS, y una enfermera a los que en las postrimerías del proceso se incorporaría un médico). Todos se centraron automáticamente, a pesar de lo general de mi consulta, en lo que ha mejorado la técnica,  narrando  las escenas que antes se producían con grotescas descripciones de cuerpos contorsionados y auxiliares usando  suelas de zapatilla para evitar que los pacientes se mordieran la lengua. Me contaron que a muchos miembros del personal médico les dejo  una honda huella,  que muchos se mostraron más que reticentes a volver a asistir a otra sesión,  que se producían más incidencias durante las sesiones y  que los pacientes tenían dolores musculares durante días. Tras previa administración de Mioflex (Suxametonio cloruro o sucinilcolina) como relajante muscular y atropina para disminuir el riesgo de inhibición vagal sobre el corazón y las secreciones salivar y bronquial, se procedió a el T.E.C en sí, una sola descarga, bilateral. Efectivamente todo aquel  proceloso proceso había quedado atrás y se veía sustituido por una leve y momentánea convulsión, apenas un momento,  acompañada por una mueca involuntaria de dolor al contraerse los músculos faciales. Sin olor a chamusquina, sin cuerpo arqueados.  La estética del TEC está sin duda lavaba.

Cuando termino la sesión y antes de acompañar a los pacientes a sus respectivas habitaciones (quedaba más que patente que no hubieran sido capaces de llegar por sí mismos, por estar completamente aturdidos) pregunte al médico por lo diagnósticos de ambos. Los 2 tenían esquizofrenia paranoide. Al ver mi cara de extrañeza dado el que el TEC no está indicado como tal para la esquizofrenia, me comento que los dejaba muy tranquilos y que a lo largo de los años había conseguido recuperar a varios pacientes usando TEC y clozapina. No me atreví a entrar en un debate sobre  las diferentes formas de entender el concepto de recuperación. El anestesista aprovecho también para contarme que el TEC era una técnica en auge, que durante muchos años había sido denostada pero que ahora de nuevo volvía a dársele uso ya que ofrecía muy buenos resultados, a pesar de lo aparatoso del procedimiento.

Durante los días subsiguientes busque información sobre el TEC junto con mis compañeras de farmacia. Este texto no es una revisión bibliográfica, ni pretende serlo, por ello no pormenorizare los resultados de la búsqueda bibliográfica, pero basta decir no fuimos capaces de encontrar ningún estudio riguroso que avalara el uso de la técnica. Los resultados de las comparativas entre TEC real y TEC simulado (Sham TEC) solo reflejaban que el primero podría ser  levemente superior durante las primeras semanas, pero este efecto se diluía con el paso del tiempo, desapareciendo pronto. Además, a largo plazo los pacientes que habían recibido TEC real tenían peores resultados en las pruebas que evaluaban las capacidades cognitivas y la memoria.

Ante todo esto puedo sacudirme la sensación, y aquí no incluyo solo lo relacionado con el TEC, de  que a veces se prefiere que el paciente sea dócil (palabra que aparece con frecuencia en las evaluaciones de los pacientes) a que sean ellos. Que una cierta despersonalización, una suerte de lobotomía paroxística es perfectamente justificable y aceptable con tal de conseguir un comportamiento apaciguado,  aunque este sea artificial e impostado, ajeno a la propia naturaleza del paciente. Y en ocasiones la queja lógica que esto provoca es interpretada como una exacerbación de la enfermedad o de falta de conciencia de la, misma.  Me viene a la mente un estudio aleatorizado (1)  en el que se encuesto a 515 psiquiatras y se les pidió que dieran una recomendación  en tres condiciones experimentales hipotéticas; a un paciente que pregunta: "¿Qué haría si fuera yo, doctor?, a un paciente en condiciones estándar sin que formule esta pregunta  y un tercer escenario en el que se el psiquiatra debía imaginar que él  era el enfermo y decidir por sí mismo. Los psiquiatras  en el grupo “¿Que haría si fuera yo, doctor?” hicieron recomendaciones similares a los del grupo  de recomendación en una paciente estándar que no hubiera formulado la pregunta. Sin embargo los del grupo que tenían que hacerse una recomendación a si mismo prefirieron  las opciones  consideradas menos eficaces, menos invasivas y con menos riesgos (es decir, la espera vigilante y los antipsicóticos orales).  No tengo claro si recomendarían para sí mismos  una técnica como el T.E.C

P.D: Al dia siguiente de mi “visita” a la sesión de TEC me encontré con Job y le pregunte por cómo se encontraba tras la misma. No recordaba haber recibido TEC y cuando le di más detalles manifestó la imposibilidad de tal cosa, ya que el a las 7 estaba durmiendo. Tras un rato más de charla finalmente recordó que efectivamente el día anterior le tocaba TEC y que le habían bajado a recibirlo. Job ni siquiera ha firmado su consentimiento por carecer de conciencia e enfermedad, su hermano lo hizo por él.

 

Referencias:

(1)          How psychiatrists inform themselves and their patients about risks and benefits of antipsychotic treatment. http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/j.1600-0447.2009.01357.x/abstract

martes, 2 de junio de 2015

Estará tomando Modecate® o lo que sea, ¡pero no está en la vida!



Informante: Víctor Q.
Fecha de la entrevista: 20 de mayo de 2015.
Lugar: Escuela Comunitaria de “La Plaza”. Alicante.
Investigador: Paco Martínez Granados

Lo primero que quisiera es agradecer a Víctor Q. su valor y curiosidad innata, gracias a ese afán, he podido realizar esta entrevista. Su relato está plagado de humanidad, inteligencia, perspicacia y entusiasmo, y eso constituye todo un logro del que he podido disfrutar como investigador (más bien, como aprendiz de investigador). Así es que Víctor: gracias.

La entrevista en profundidad con Víctor Q. ha sido una experiencia que me ha revelado lo fundamental de rescatar la voz de las personas para comprender el fenómeno farmacoterapéutico y el profundo alejamiento con respecto al discurso académico que trata de explicar este mismo fenómeno. Mi sensación ha sido que Víctor Q. ha expresado en forma de creencias, sensaciones y pensamientos, algunas claves difíciles de cuestionar desde el ámbito biologicista, o desde cualquier revista biomédica o mesa de congreso, y sin embargo, la herramienta empleada para extraer tan valiosa información, no ha venido de la tecnología molecular, ni de la más avanzada genética, ni ha hecho falta una inversión colosal de dinero en un laboratorio lejano, no. La verdad, y el conocimiento pueden provenir también de una conversación (como Borges recalcaba, las conversaciones son seres vivos,,, se ramifican,,,) y de un contacto entre personas que tiene lo humano como matriz de fondo, y tiene el “aprender del otro” como predisposición vibracional ineludible, y es de este caldo de cultivo del que emerge un conocimiento de incuestionable valor, necesario y fundamental para avanzar en la comprensión de lo que sería, en última instancia, un proceso terapéutico. Y avanzar en el entendimiento y conocimiento de este tipo de procesos humanos puede ser tan válido como el avance en tecnología molecular.

De hecho, he tenido la convicción de que cuanto más nos alejamos (desde las aulas, despachos, hospitales…) de un afán de comprender y más legitimamos el uso de herramientas farmacológicas no como medios en ese proceso terapéutico, sino como fines en sí mismos (el proceso acabaría con la retirada del medicamento en la farmacia), al mismo tiempo, más nos alejamos del relato de las personas, y visto así, el alejamiento que constatemos tras la escucha activa de relatos como este, puede ofrecernos una medida exacta, de cuánto nos interesa comprender y favorecer procesos terapéuticos, puede servir por tanto de “termómetro” de un distanciamiento vital, profesional y sanitario con respecto al fenómeno sobre el que nos disponemos a intervenir. Por tanto, léanse los estudios genéticos, y los últimos ensayos clínicos de los más novedosos fármacos, pero sobre todo, no dejemos de leer el alma de aquellos que toman asiento y se presencian delante de nosotros, porque como dice Carlos González (el maestro, no el pediatra), la presencia es el mejor regalo que podemos ofrecer al otro, y yo añadiría que en nuestro caso, además, es una fuente inagotable de conocimiento.

Paso a comentar algunos aspectos del relato de Víctor Q. y me dejo otros muchos en el tintero porque no quería hacer el artículo demasiado extenso. Después de los comentarios tenéis la transcripción de la entrevista completa.

 De los primeros psicofármacos como elementos que forman parte de la construcción de una personalidad “en burbuja” y su degeneración en un brote psicótico.

En varias partes del relato Víctor Q. manifiesta que sus primeros contactos con psicofármacos empezaron a ser más o menos frecuentes y eran con ansiolíticos y antidepresivos, pero no con antipsicóticos (que él percibe como fármacos más fuertes). El consumo de estos primeros psicofármacos, según lo relata, tiene un impacto evidente en la construcción de una personalidad que él define como “alejada” de su verdadero ser. Es decir, el consumo de psicofármacos en una época juvenil (en una etapa de construcción de la personalidad), tiene un impacto cognitivo, comportamental y vivencial, lo que hace que esa personalidad se esté construyendo sobre una “burbuja”. Cuando la exposición a esos psicofármacos ya no está (la burbuja se rompe) queda en evidencia un inmenso cisma (entre lo que creías ser y lo que eres), y ese cisma, según manifiesta Víctor Q, sería la base de un brote psicótico. Esto se pone de manifiesto cuando le pregunto por cómo le sentaban estos primeros psicofármacos en su primera juventud y Víctor Q. contesta:

Me sentaban,,, pues mira, los antidepresivos me daban alegría, siempre estaba contento con la gente, siempre de guasa, de fiesta, estaba en una nube, y qué ocurre, pues que ni una cosa ni otra, cuando te tomas la vida como si no pasase nada, está claro, esos momentos son felices y lo recuerdas como felices, pero está claro que a lo mejor se iba creando una personalidad que no era la tuya, entonces esa personalidad chocaba con lo que luego tú ibas necesitando o ibas requiriendo de los demás o de ti mismo y a lo mejor con el tiempo te vas descubriendo cosas que con la medicación parece como que están bloqueadas o que hay una burbuja, esa burbuja te permite hacer muchas cosas pero luego te puedes pegar un batacazo”.

El mensaje es algo así como que la medicación no te permite confrontar con la realidad desde el principio, sino que actúa como una “burbuja”, y por tanto, se imposibilitan procesos de aprendizaje fundamentales que emergerían de la confrontación y superación de dichos conflictos. Es curioso que Víctor Q. exprese que el descubrimiento de ese cisma sea la base de un brote.

“…entonces claro, si no vas construyendo eso en base a tu personalidad real, cuando llegas a esa edad te puedes pegar un batacazo y entonces te encuentras con cosas que no has sabido afrontar o incluso te vas uniendo a un hilo que no es el tuyo, y las amistades van rodeando ese hilo, y luego con el tiempo dices, me cachis en la mar, si yo no soy así, entonces eso te hace perder amistades o simplemente reestructurarlas y esas amistades al reestructurarlas pierdes todo lo que has luchado o todo por lo que has empleado todo tu tiempo, toda tu energía anteriormente, entonces claro, eso es la base de un brote, o sea, el chocar la realidad contigo, el que creas tú que eres de una forma y luego a lo mejor eres de otra y no pasa nada, lo que pasa es que eso requiere un tiempo y el cuerpo se tiene que adaptar. Si en ese tiempo tienes un brote violento o lo que sea porque estas rebelde contigo mismo o lo que sea, lógicamente desde el punto de vista médico hay que controlarlo, hay que controlarlo para que no llegue a más, porque lo primero son las personas y no nos vamos a hacer daño entre nosotros, pero claro, eso crea un cisma en la persona porque se encuentra con una situación en la cual te crees que te están interviniendo en tu vida, que se están metiendo en tu vida, que te dan medicación que te duerme, que babeas, etcétera y dices tú “madre mía, hace diez años estaba yo como una flor”, y claro, eso es un choque, es un choque,,,”

De la cronicidad intrínseca al primer contacto con psicofármacos y sobre connotaciones “anti-terapéuticas” del término cronicidad.
En un par de ocasiones Víctor Q. hace referencia a que la cronicidad en la que se encuentra con respecto al consumo de psicofármacos viene de su primer contacto con ellos, es decir, se encuentran analogías al conocido discurso de “los porros son la puerta de entrada a otras drogas más duras”. Lo dice, por ejemplo, cuando relata su primer contacto con psicofármacos: “lo que pasa, te explico, esos primeros contactos hicieron que ya no dejara la medicación, es decir, que continuara en el tiempo, incluso en la mili …”.

Además me parece interesante que el término “cronicidad” que a Víctor Q. le llega por parte del sistema sanitario puede llevar asociado connotaciones que no dejan espacio a lo terapéutico. Una de estas connotaciones asociadas a lo crónico sería la decadencia percibida, en el sentido de que se pronostica un destino que es ineludible y del que el sujeto no puede hacer nada, es decir, lo relega a un papel apocalíptico en el que la persona no tiene ningún margen de actuación sobre la construcción de su destino:

“Luego una cosa crítica entre comillas al médico es afirmar, por ejemplo, que esto es crónico y que a medida que vaya pasando el tiempo vas a estar peor, o sea que con la cronicidad, esas facultades [cognitivas] se van a ir perdiendo con el tiempo y lógicamente te vas adaptando cada vez peor. Yo contra eso lucho, digo “pero a ver, ¡tiene que ser mejor, tengo que luchar!”. Porque si no existe una medicina A, pues probar la B o lo que sea, es decir, el reloj del tiempo, a todos nos afecta, pero,,,”

Sobre los efectos de los antipsicóticos sobre la capacidad para gozar la vida.
En multitud de ocasiones Víctor Q. refiere que la medicación le impide gozar con plenitud la alegría. Hay situaciones que deberían hacerle experimentar este goce, como cuando se encuentra un amigo que hace tiempo que no ha visto por la calle, o cuando planifica un viaje (a Víctor Q. le encantaba viajar), pero esa alegría, ese goce vital, se refiere a él como un recuerdo que dejó de experimentar con los antipsicóticos.

“Depresión, no porque yo sea una persona depresiva, aunque me haya tratado en aquella época, pero yo sigo teniendo un pensamiento, en líneas generales, optimista. La situación con respecto a la medicación, al ser continuada en el tiempo, lógicamente te crea ahí un efecto depresivo y el Modecate® me crea un efecto un pelín depresivo o sea como yo lo entiendo, un pelín negativo, en cuanto a que cuando me lo inyectan, es como,,, imagínate, no sé, como que te guste una cosa y des un salto de alegría, y te encuentres bien porque te gusta esa cosa, ¿no? Eso no lo siento ahora. Con el Modecate® no lo siento. Siento, siento apatía, línea fija.

-        ¿Quieres decir que no sientes motivación?

Si. No siento, no me,,, por ejemplo, me saludas y veo una persona que me gustar verla, ¡coño alégrate! Ahora sonrío, porque me alegra, pero no tengo esa sensación de decir, “joder, qué felicidad”.  O sea, me cuesta, aunque la tenga [la alegría por ver a esa persona], no la expreso. Entonces estoy mono, mono, ¿sabes lo que te quiero decir?, linealmente en cuanto a afectividad, en cuanto a mostrar afectividad. Entonces eso no va conmigo tampoco, pero bueno, ya me estoy acostumbrando a estar más serio, o sea, que en ese sentido lo entiendo, pero si me pudiera poner algo,,,

Por ejemplo,,, hilvanar un viaje, pues que te de esa alegría de qué voy a hacer, dónde voy a ir,,, No. En cuanto llego a mi casa, llego destrozado, o estoy viendo la tele y sólo con las noticias ya me deprimo…”

Esto podría tener un correlato farmacológico en el mecanismo de acción de la mayoría de los antipsicóticos, que al comportarse como antagonistas dopaminérgicos en determinadas regiones cerebrales implicadas en procesos de motivación y en la experiencia de sensaciones de refuerzo y recompensa, podrían quizás impedir experimentar estas sensaciones con plenitud.

Esta merma “vital” de los antipsicóticos es una de las cosas más difíciles de sobrellevar para Víctor Q, y hacen que se relativice el efecto beneficioso sobre la sintomatología positiva, ya que evaluando con mayor perspectiva, de poco puede servir, si al tiempo que se va el delirio, se va con él las ganas de vivir…

“es esa falta de entusiasmo por la vida, falta de empatía, falta de empatía social, de buscarte cosas, de vivir, de vivir, de sentir lo que sólo tenéis vosotros, nosotros lo tenemos un poco mermado…No sólo el hecho de tomarte Xeplion® o Modecate®, si te tienes que tomar Xeplion® o Modecate® te los tomas, pero si no tienes ganas de vivir,,, Xeplion® y Modecate® te podrán tapar el posible delirio, pero te tapan también las ganas de vivir que la gente tiene, entonces, claro, ese tipo de cosas, pues me gustaría que se ahondara en cubrir esas cosas, nos ayudaría mucho”.

Sobre los efectos de los antipsicóticos sobre los estados de ánimo y sobre los síntomas psicóticos
Los antipsicóticos no actuarían como agentes que erradican determinados síntomas o estados de ánimo sino como agentes que inducen, o bien una indiferencia afectiva (merma en la curiosidad) con respecto a los síntomas, o bien una incapacidad para canalizar ciertos estados de ánimo de una manera sana (por ejemplo incapacidad para expresarlos).

Hay un extracto de la conversación en el que V refiere que la medicación “tapa” estados anímicos como la rabia y hace que no pueda expresarla de una manera “humana”, pero que luego internamente estalla.

Cuando se refiere a las voces que escucha, él refiere que siguen ahí, como antes, pero que ahora ha encontrado la manera de reírse de eso, lo cual muestra un aprendizaje en la gestión de esta sintomatología psicótica.

“Las voces, mira, yo hay veces que voy andando y oigo mi nombre. Me vuelvo y no hay nadie, o me vuelvo, y hay gente que no sabe mi nombre. Entonces digo “coño”. Pero ya lo he tomado como una broma, o sea, como un “mira Víctor,,, pues Víctor” [se ríe],

Cuando se refiere a creencias que pudieran ser “psicóticas”, Víctor Q. refiere que es donde reconoce mayores beneficios a la medicación, al menos haciendo que pierdas curiosidad hacia ellas y por tanto dejando de proporcionarles sostén:

“y luego el tema de las creencias, las creencias es una cosa que fluctúa mucho con la medicación. Están [las creencias] mucho más estables, tienes las creencias justas, y de ahí no te mueves. Sin medicación puedes creer cualquier cosa, o atraerte cualquier cosa de una creencia. Entonces, el tema de las creencias es un tema que reconozco que la medicación me ayuda. El tema de creencias me refiero, por ejemplo, a que ahora me crea,,, yo qué sé, que como he estado en Malasia, y es un país musulmán, pues que [yo] me crea musulmán y salga por ahí diciendo que soy musulmán. Entonces claro, ese tipo de cosas, y eso lo reconozco que la medicación lo atenúa mucho, lo atenúa mucho, y entonces te piensas dos veces a la hora de decir las cosas, y entonces tienes menos problemas…”

Sobre los efectos de Xeplion® [palmitato de paliperidona]
Se trata de una medicación depot a base de palmitato de paliperidona, un derivado de risperidona. Víctor Q. relata cómo esta medicación le indujo una diabetes (que remitió al suspenderla) y cómo afectó de forma muy negativa a su cuerpo (que enfermó a raíz de ella). Los detalles pueden leerse en la entrevista, pero quería rescatar el relato acerca de la ansiedad experimentada bajo los efectos de este medicamento y que describe como una ansiedad no reactiva a una situación o estímulo, sino a algo que le inunda y viene de su interior:

“…Pues eso, entonces a raíz de ahí pues desapareció la diabetes y yo le dije a la doctora “mira, con Xeplion® tengo una ansiedad generalizada, pero interior, o sea, ya no es decir, “es que me pasa esto por esto”, no, es que interiormente nace una ansiedad que me inunda y que no la puedo controlar, o sea que nace de mi interior y ese interior tenía que ser la medicación no podía ser otra cosa, porque si tú tienes pánico a las arañas es porque hay una araña; si no está la araña no tienes pánico a las arañas. O lo puedes pensar, pero no te enfrentas a ese,,, a ese,,, claro, esto era una ansiedad que venía del interior, y que daba la casualidad que era a raíz de la inyección de Xeplion®”.

Sobre determinantes de salud no farmacológicos
En la entrevista Víctor Q. manifiesta que tiene una gran expectativa en la tecnología farmacéutica, que se desarrollen fármacos que carezcan de esa merma cognitiva y vital que describe, y que “proyecten lo humano”. En este sentido al preguntarle por sus expectativas en cuanto a su salud, no duda en referirse a avances farmacológicos venideros. Pero después reconoce que hay otros factores que sí que tienen un impacto vital en el proceso de recuperación de la salud, y es cuando habla del trabajo, al final de la entrevista. Su disertación me parece inmejorable, describe y argumenta de una manera muy sensata un planteamiento que él defiende como óptimo para referirse a toda la cuestión de las incapacidades laborales, la enfermedad y el proceso terapéutico, recomiendo vivamente su lectura y acabo con lo último que Víctor Q. me dijo, porque me resultó de una contundencia irrevocable:

“Claro, es que [el trabajo] en una persona, es uno de los valores más ricos que tiene, el poder trabajar, el poder demostrar las actitudes, el poder desarrollarse en el mundo del trabajo, entonces si te lo quitan, te quedas como he visto a mucha gente, que están en un banco y ahí se tiran 8 horas y luego vas a dormir, y es que, ¡qué clase de vida es esa!, ¿sabes qué quiero decirte?, pues claro, ¡normal le que preguntes y que no te conteste! o ¡normal que esté amargado! O que haya gente que se suicide. Es que esa situación te lleva a lo más drástico, y ¡si!, está tomando Modecate® o lo que sea, pero no está en la vida, ¡no está en la vida!, entonces claro, ese tipo de situaciones hay que corregirlas, ¡si o si!, y hay que, desde el punto de vista económico o social, o lo que sea, echarnos una mano, darnos oportunidades como cualquier persona que pierda un empleo, que pueda recuperarlo, a lo mejor no al nivel que puede hacerlo una persona normal, o con las expectativas que tiene una persona normal, pero si sentirte parte de la sociedad, que es importantísimo el trabajo”.

Y sin más dilación, os dejo con la entrevista completa, hay un montón de cosas más que me dejo por comentar como el rol que juega la homeopatía en su experiencia de vida o cómo se ven afectados sus sueños en cuanto a emprender viajes,,, en fin, ¡se aceptan sugerencias y comentarios!


Entrevista en profundidad a Víctor Q.

Nací en Madrid, me vine muy jovencito a Alicante, me parece que fue a los dos años estaba aquí, ya a partir de ahí inicié la vida en Alicante. Estuve estudiando en el colegio agustinos hasta los dieciocho, hice el BUP, el COU, y empecé mis pinitos en baloncesto, porque por la altura y tal, empleaba muchas horas jugando al baloncesto y me fue bien, la verdad, conocí a mucha gente allí, y entonces coincidiendo con el fin de los estudios, me pasé a jugar más o menos profesional, entre comillas, porque todavía no había profesionalidad en Alicante pero formamos un grupo, se llamó Lucentum, luego entre estudios me pasé a formación profesional, me saqué el grado superior rama informática especialidad administrativa e hice mis pinitos en la universidad, estuve hasta segundo de químicas, no llegué a terminar el primer curso, pero claro, tuve que decidir en aquella época entre el deporte y los estudios, y la verdad, estaba tan a gusto con el deporte que me decidí a intentar afianzarme un poco en el tema deportivo y entonces continué con el equipo.

Como teníamos muchas horas de entrenamiento me decanté por hacer los estudios en FP2. Saqué los estudios con un compañero de baloncesto que íbamos allí a jugar y tal y bueno, luego terminó el periodo de baloncesto, y posteriormente terminó también el periodo de estudios y ya fue una época en que teníamos que decidirnos si saltábamos al campo profesional de baloncesto o no. Echo un poco de menos el no haber tenido la posibilidad, o la idea más que la posibilidad, de no haber contactado con un agente profesional que me hubiera llevado a jugar a Lugo o a donde sea, y no haber tenido más vida en el tema deporte, pero bueno, me puse a trabajar, hice la mili en Cartagena, estuve un año allí, y luego a la vuelta me puse a trabajar en una empresa, (Aegon seguros), hice una entrevista de trabajo y bueno, muy bien, empecé a trabajar con ellos, y luego ya por diferentes ramas de trabajo, tanto seguros durante los cuatro primeros años prácticamente, en seguros (aegon) y en seguros (asefa) y luego me dediqué un poco al tema comercial, salté al ámbito comercial en una empresa que trabajaba para ONO…y luego estuve hasta que tuve un brote y tuve que dejar el trabajo, hice un viaje a Asia, de tres meses, volví, y tuve problemas para continuar y se juntaron el tema de la pérdida de trabajo con el diagnostico de la enfermedad por lo que yo no me encontraba muy bien para afrontar, las herramientas, me costaba tener herramientas como para defenderme en la vida.

-        ¿Qué edad tenías ahí?

Pues 32. Curiosamente fíjate, 32 que se supone que es una edad como para empezar a tenerlas [creo que se refiere a las herramientas de las que hablaba antes], yo tenía muchas pero las perdí, perdí esa,,, bueno el tema está en que por circunstancias al iniciar una medicación muy fuerte, al no salir de casa porque me sentía bastante tímido entre comillas o un poco falto de ganas y de combatir, etcétera, pues entonces, solicité una pensión, esa pensión se me concedió y luego han pasado desde ese momento 7 años hasta el día de hoy.

He tenido momentos de tristeza o sea de tristeza no, de decir, “qué hago yo en la vida”, he tenido momentos de alegría, de tristeza, de melancolía, de todo, de todo, y muchas situaciones las he enfrentado yo solo, con lo cual, esto te da oportunidad como para salir más fuerte de las cosas. Tienes una vulnerabilidad que llamáis vosotros ante la enfermedad o ante el diagnóstico, o ante el tratamiento, por otra parte la medicación te deja un poco apagado,

-        Si, ¿cómo fue tu primer contacto con la medicación?, ¿cómo lo recuerdas?

La primera vez que me tomé si quiera un Tranxilium® [Clorazepato dipotásico] que es lo más básico fue a los 20 o 18 o 19, porque tenía un trastorno pequeño de ansiedad. Bueno yo tengo, en mi familia está mi hermana que tiene diagnóstico de esquizofrenia paranoide, es mayor que yo, tiene 50 años, pero ella lo ha acusado muchísimo más, está mucho más vulnerable, le cuesta, se defiende bien, pero hablas con ella y está perdida, o sea, palabras que vienen y van en el vocabulario, no las entiende, no sabe por dónde va y eso pues yo no he tenido la paciencia suficiente para saberlo llevar y mira por dónde a mi me ha servido también como estimulo para saber que, si tengo yo lo mismo que ella y viendo cómo ha evolucionado la enfermedad en ella, pues también yo luchar contra la enfermedad, que no me pueda la enfermedad a mí, ¿no?.

El primer contacto que tuve fue a raíz de estar en casa con el estrés de la enfermedad de mi hermana y con mis padres y tal, pues me dio una pequeña crisis de ansiedad, pequeñita, no respiraba a gusto, en fin, y entonces fui al médico de la empresa de mi padre que se llamaba G., es un gran profesional y entonces como estaba tratando a mi hermana me dijo, “tío no te preocupes, tómate un poco de Tranxilium® y un pequeño antidepresivo a dosis bajas”, dice “eso son crisis de pánico, pero que esto no es ná”. Y en esa época me tomaba Seroxat® [Paroxetina hidrocloruro] y ya te digo de vez en cuando un poquito de Tranxilium®, ahí fue un poco mi primer contacto con lo que fue la medicina.

-        Y luego ya hasta el brote que comentabas ¿no?

Si. Lo que pasa, te explico, esos primeros contactos hicieron que ya no dejara la medicación, es decir, que continuara en el tiempo, incluso en la mili, yo en la mili lo pasé prácticamente la mitad en psiquiatría, iba, me perdía las guardias, hombre reconozco que algo de beneficio he tenido en eso, porque las guardias por ejemplo no las he hecho [risas], claro, como ya el médico decía que tenía crisis de ansiedad, pues me recetaba y me quitaba guardias, en ese sentido, se puede decir que pase una mili cojonuda [risas], pero claro lógicamente te vas adaptando  a una medicinas.

-        ¿Qué tipo de medicación te daban ahí?

Siempre, pues Trankimazin® [Alprazolam], Seroxat® [Paroxetina hidrocloruro], es lo más fuerte, alguna vez yo siempre le he tenido mucho miedo a los antipsicóticos porque, no sé, cosas así,,, pero no vamos a ver no estaba yo lo suficientemente grave como para el diagnóstico en ese tiempo ni como para un antipsicótico fuerte o cualquier cosa más fuerte que un tranquilizante, pero vamos, en ese sentido llevaba siempre medicación, lo típico tranquilizantes, benzodiazepinas, todo ese tipo de cosas

-        Y ¿como te sentaban?

Me sentaban,,, pues mira, los antidepresivos me daban alegría, siempre estaba contento con la gente, siempre de guasa, de fiesta, estaba en una nube, y qué ocurre, pues que ni una cosa ni otra, cuando te tomas la vida como si no pasase nada, está claro, esos momentos son felices y lo recuerdas como felices, pero está claro que a lo mejor se iba creando una personalidad que no era la tuya, entonces esa personalidad chocaba con lo que luego tú ibas necesitando o ibas requiriendo de los demás o de ti mismo y a lo mejor con el tiempo te vas descubriendo cosas que con la medicación parece como que están bloqueadas o que hay una burbuja, esa burbuja te permite hacer muchas cosas pero luego te puedes pegar un batacazo.

Como en la vida, a los 20 te das cuenta de unas cosas y te auto-diagnosticas o te auto-analizas de una forma, a los 30 eres distinto, a los 40,,, entonces claro si no vas construyendo eso en base a tu personalidad real, cuando llegas a esa edad te puedes pegar un batacazo y entonces te encuentras con cosas que no has sabido afrontar o incluso te vas uniendo a un hilo que no es el tuyo, y las amistades van rodeando ese hilo, y luego con el tiempo dices, me cachis en la mar, si yo no soy así, entonces eso te hace perder amistades o simplemente reestructurarlas y esas amistades al reestructurarlas pierdes todo lo que has luchado o todo por lo que has empleado todo tu tiempo, toda tu energía anteriormente, entonces claro, eso es la base de un brote, o sea, el chocar la realidad contigo, el que creas tú que eres de una forma y luego a lo mejor eres de otra y no pasa nada, lo que pasa es que eso requiere un tiempo y el cuerpo se tiene que adaptar. Si en ese tiempo tienes un brote violento o lo que sea porque estas rebelde contigo mismo o lo que sea, lógicamente desde el punto de vista médico hay que controlarlo, hay que controlarlo para que no llegue a más, porque lo primero son las personas y no nos vamos a hacer daño entre nosotros, pero claro, eso crea un cisma en la persona porque se encuentra con una situación en la cual te crees que te están interviniendo en tu vida, que se están metiendo en tu vida, que te dan medicación que te duerme, que babeas, etcétera y dices tú “madre mía, hace diez años estaba yo como una flor”, y claro, eso es un choque, es un choque,,,

Pero bueno, pero si no es a los 30, es a los 40, o las 50, yo qué sé, pero llega un momento en que ponemos el punto de mira o el punto de inicio de una recuperación, en ese momento empiezas a ir para arriba, eso es lo que pienso.

-        Entonces, hasta ese momento estás con antidepresivos, con ansiolíticos, es lo que iban dándote, pero en algún momento empezaron a darte antipsicóticos…

Si mira, es que es curioso, porque estuve, ya te digo, a base de medicación antidepresiva y tal, y lo mío eran crisis de pánico, yo era a lo mejor un poco depresivo, podía tener una personalidad un poco depresiva, me acuerdo que me diagnosticaron, o me dijeron en un hospital o en un centro de salud que tenía un esquizoafectivo, es decir, estaba rodeando la esquizofrenia pero nunca tocándola. Porque claro, no había una ruptura con la realidad, es decir, siempre sabía lo que era y ahora igual ¿eh?, lo que pasa es que en aquella época, estaba mucho más activo, siempre esta actividad te lleva a estar enfrente de la realidad y llevarla, pero bueno, qué ocurre, que tuve una pareja con una chica, y me fui a vivir con ella, y estuvimos dos años juntos, y ella me habló de que en su familia siempre se habían tratado con homeopatía, bueno, yo lo vi como una cosa totalmente nueva, como un,,, entonces qué ocurre, pues que ella, desde un primer momento, me dijo que dejase la medicación que no la necesitaba para nada, entonces eso lo único que me creaba es un estado de ansiedad continuo y de necesitar esa medicación para poder vivir,,, Qué ocurre, que yo lo vi como un chorro de aire fresco ¿sabes? y entonces dije, pues venga, pues vamos a probar ¿no? Nosotros nos separamos, no llegamos la pareja a buen puerto a los dos años, y yo para que nosotros estuviésemos bien acudía a un homeópata, contacté con una médico homeópata y le dije mira, he sido tratado en psiquiatría por causas menores, o unas depresiones, unas crisis de pánico, y mira, estoy con esta chica, nos hemos separado, ahora está la cosa así, quiero que sea una relación amistosa, y que nos llevemos bien, pero bueno, era un mundo totalmente nuevo, entonces claro, yo le conté en 3 o 4 o 10 folios pues como me sentía tal y cual y me dijo, mira tú te tienes que tomar esta medicación que se llamaba hysciamus niger [es una planta de la familia de las solanáceas que a dosis alopáticas induce delirios y psicosis], tal, pues me tomé la medicación, como se toma, pues mira, lo dejas debajo de la lengua, son unas gotas,,, bueno.

-        No mezclaste con alopatía, solo homeopatía ¿no?, ¿dejaste lo demás?

Yo al dejar la relación con ella, dejé la medicación.

-        llevabas medicación crónica, ¿de qué tipo?

Tipo antidepresivos, tomaba Prozac® [Fluoxetina], entre Prozac® y  Seroxat® [Paroxetina], ahí me movía. Entonces qué ocurre, que tomé esa medicación, o sea, empecé con la medicación homeopática y yo, la primera dosis que tomé homeopática me puso como una moto, pero nervioso, y entonces le dije “doctora, ¿esto es normal?”, y me dijo “tómate el triple,,, tómate el triple porque te tiene que generar una energía que necesitas una aportación mayor para que tu cuerpo responda”, y bueno, el caso es que yo empecé a tomarme eso, e iba como una moto, efectivamente, aumenté la medicación, iba como una moto, y,,, como una moto, pero no había pérdida de la realidad, o sea, yo no me notaba mal con lo cual, decía, “bueno, esto es milagroso, no me tengo que tomar medicinas y encima, fantástico”, bueno pues continué así dos años.

En esos dos años mi vida fue, cómo te diría, de desenfreno absoluto, porque económicamente andaba bien, gastaba dinero a espuertas, y lo que entraba gastaba, pero no me sentía mal, en ningún momento, ni tenía un concepto de gasto sino simplemente trabajo, trabajo, trabajo y diversión, diversión, diversión. De vez en cuando a nivel de medicinas tomaba, porque acudía a G. en esa época, o sea, entre los dos años que estuve homeopáticamente tratado, al año, acudí a la consulta del Dr. G., y le dije “mira me estoy tomando homeopatía, pero noto un poco tal, para el trabajo, estoy un poco que llevo una revolución un poquito mayor de lo normal y tal”, dice “tómate Seroxat®, que no te preocupes que esto nada, es una fase y tal, y tómate esto”, pero qué ocurre, que esa medicación me iba separando del mundo por así decirlo alopático, me entiendes ¿no?, o sea me iba separando, yo no sé por qué pero cada vez que me la tomaba, decía, pues para qué voy a ir a un médico, para qué si no lo necesito, si yo no lo necesito, y venga a tomarme esa medicación y cada vez más separado, cada vez mas separado, hasta el punto que no iba ni para un constipado, o sea es que ni lo tenía, pero es que no iba, pensaba, los médicos tal, los médicos cual, los médicos pascual, y entonces claro, hice una ruptura tan grande con el mundo medicinas que has estudiado tú y que usan los médicos que al tomar ese camino pues me fue separando, separando, separando, con lo cual cuando volví al tema homeopático o sea perdón al tema alopático o sea a la medicina claro, ahí saltaron las alarmas, con todo el tiempo que no volvía a estar tratado de una forma por así decirlo médica, ¿no?, y la energía que llevaba yo era totalmente contraria; si la energía, los pensamientos, la reacción, las ideas, eran totalmente contrarias al “tú tómate esto y tranquilízate, ve paso a paso”, pues entonces qué ocurre, ahí está la ruptura, entonces no ha habido ruptura de la realidad en el sentido,,, a ver, sí, yo he tenido voces, he oído voces, me han asustado esas voces, he tenido miedos, pero claro, esos miedos, pues se han quedado ahí como crónicos, entonces esa cronicidad, claro, al estallar por así decirlo la burbuja,,,

-        ¿cuando empezaron las voces?

Eso a último del tratamiento homeopático.

-        ¿que fue cuando volviste con el psiquiatra?

Volví a G. y me dijo “yo ahí ya no puedo hacer nada, vete al centro de salud y a través del centro de salud que son muy buenos profesionales, te tratas y empiezas a tratarte”. Y entonces acudí al centro de salud de mi barrio y les expliqué, y entonces el médico dijo “aquí hay un delirio”, [se ríe], me acuerdo que lo diagnosticó, le conté la historia, la misma historia que te estoy contando aquí y diagnosticó, dijo “aquí hay un delirio”. Con lo cual delirio igual a Modecate® [Flufenazina, decanoato] o lo que sea, pero antipsicóticos, y se instauró en mi vida el antipsicótico, y a partir de ahí.

Entonces ese fue el desarrollo, claro, imagínate, acostumbrado a decir, “pues ahora me voy a yo qué sé, a los toros de San Fermín”, o “ahora me voy a no sé donde”, pues yo perdí esa fuerza, esa capacidad, tenía muchos miedos, pero entiendo que a lo mejor la medicina homeopática si no tiene un dictamen científico, que creo que no lo tiene, porque a día de hoy no está demostrado, pues es un pequeño veneno en dosis mayores, o en dosis menores o en la dosis que te tomes, entonces a lo mejor ese veneno ha entrado en mi cuerpo y ha hecho que tenga un brote psicótico. Con lo cual imagínate la gracia.

Entonces, claro, a raíz de ahí, pues enfermé, enfermé y el cuerpo se enfermó, y entonces pues eso, antipsicóticos, tranquilidad y tal, y es mucha lucha porque tienes que llevarlo todo porque yo aparte socialmente he perdido amistades, y he conseguido otra ¿eh?, pero vamos, te quiero decir, ese tratamiento así fuerte y esa ruptura con la familia,  y con la familia que de mi ex pareja y volver aquí a Alicante, que no había tratado mucho con Alicante porque había tratado con Alicante pero no con el barrio, por ejemplo, o sea, hay gente que es de su barrio y de ahí no se mueve en 20 años, 40 años, y entonces tiene sus amigos, tiene sus cosas, pero claro, yo no, yo me había ido primero por el baloncesto, me había acostumbrado a viajar a ciudades, a jugar y volver, pero vas conociendo ciudades,,, Lo que más me ha costado, lo que más me cuesta es la idea de no poder coger un coche y decir, “pues ahora me voy a Málaga, y ahora hago mi vida en Málaga” o hago un fin de semana o un mes o lo que sea., económicamente tampoco se puede porque lógicamente la pensión no te da para hacer este tipo de cosas.

-        ¿por qué sientes que no puedes hacer un viaje a parte del factor económico? ¿a qué te refieres?

El factor cognitivo, o sea lo que tú me hablabas de cognitivo, es decir, llego a un sitio por ejemplo y me encuentro que no. Ahora me pasa cada vez menos, pero me encuentro como que no sé, como que no pertenezco a ese sitio, como que un estado ahí de no sé, de empatía con el entorno, que me hace tirarme para atrás,,, no sé, llego a un sitio y me quedo así y digo “fotré, seré yo el extraño”, o lo que sea,,, entonces eso son tonterías desde el punto de vista de una persona que está bien, pero ese tipo de cosas son las que tenemos los enfermos diagnosticados o los que tenemos este tipo de trastorno que hace, no que la gente te vea rara, sino que tú mismo te ves raro y proyectas esa rareza, pero no porque la gente en su opinión sea,,, no. Lo que pasa es que si tu vas a un sitio y estas todo el rato mirando pa los laos, no te encuentras a gusto. Que a lo mejor ya no te encuentras a gusto, hay muchísimos factores psicológicos que yo ahora gracias a una terapia psicoanalítica estoy consiguiendo un poco averiguar por qué motivos tal, pero claro, ese estado pues hace que no coja el coche por ejemplo y me vaya de vacaciones a Torrevieja o lo que sea, y luego, ahora que estoy en esta etapa, lo enfatizo todo en el tema económico, porque económicamente no me llegan las cosas y tengo que luchar siempre con el tema económico.

-        ¿Cómo ha sido tu percepción con la medicación? ¿qué efectos has notado? Sobre todo con los antipsicóticos, ¿qué efectos?, ¿notas algún beneficio?, ¿algún efecto que te ayude en algún sentido?

Mira yo soy muy escéptico con estas cosas. Seguro que tiene algún beneficio, pero yo no lo encuentro. Soy muy luchador con esto, muy rebelde. Seguro que tiene algún beneficio, seguro, porque está claro que tiene que calmar el alma de alguna forma, pero te puedo asegurar que tener antipsicóticos en el cuerpo hace que te plantees muchas cosas, el ritmo de vida, relaciones sociales, o por lo menos, claro, lo que pasa es que yo entiendo que ahora están enmarcadas en un,,, por así decirlo, en un ehhhhhh, fffff, en un,,, no sé decirte la palabra, pero en un estado de normalidad entre comillas. No eres una persona normal, que tienes tus problemas, tus actitudes, tus beneficios o lo que sea, pero que estas tranquilo siempre, con lo cual, te manejas, pero la profesión va por dentro, es decir, interiormente surgen muchas ideas, surgen muchos estados de ánimo,

-        ¿,,,que tu atribuyes a la medicación?

No, que yo atribuyo a la medicación no, que la medicación los tapa [supongo que se refiere a los estados de ánimo], es decir, que la medicación yo entiendo que los tapa, pero que existen,

-        ¿como qué?

Como por ejemplo, la rabia, estar en un sitio y por ejemplo si te dicen una cosa porque has tenido o porque has oído algo que no te gusta, pues siempre te lo tomas de una forma calmada, pero a lo mejor otro salta y eso le sirve para expulsar la ira. Yo la ira la acumulo en casa, si estoy en casa,

-        ¿Quieres decir que la medicación no te deja expresar tu ira?

Efectivamente, que hay veces que no expreso esa ira, que no la expreso de una forma normal, y no estoy hablando de formar un lio [se ríe], pero de expresarla de una forma más humana, no porque yo, no sé, por ejemplo, ehhhh

-        ¿y en qué sentido crees que no te deja expresarlo?

Pues porque por ejemplo no lo expreso directamente con la gente, lo expreso internamente. Cuando estoy en casa, por ejemplo, me cabreo, pero cuando estoy con las personas no me cabreo, pero cuando a lo mejor algo me ha sentado mal, y se lo tenía que haber dicho [a la persona que le ha ofendido], ese tipo de cosas. Con mi padre por ejemplo, hablo con ellos y me enfado y a lo mejor luego estoy en la calle y muy bien con ellos, es decir, es un poco extraño, son extrañezas, que hacen que,,, y las tengo porque, mira, esas rarezas que hacen que lo que pasa es que claro,,, yo también me encuentro con que la gente te dice, mis padres, por ejemplo, me dicen, “¡qué bien estas, qué bien, qué a gusto!”, aunque tengamos esos enfados o lo que sea, “¡pero qué bien estás , qué a gusto estás!, y yo digo “bueno pues será que algo está haciendo la medicación”. Pero luego yo estoy,,, lo que más me cuesta es adaptarme a la vida, adaptarme al día a día, al “ven aquí, ve allí”, pero va por momentos, porque hay momentos que estoy más lúcido y momentos que estoy más,,,

-        y con respecto a las voces, eso que decías que en un momento te vinieron, ¿has sentido que la medicación te hace algo?

Las voces, mira, yo hay veces que voy andando y oigo mi nombre. Me vuelvo y no hay nadie, o me vuelvo, y hay gente que no sabe mi nombre. Entonces digo “coño”. Pero ya lo he tomado como una broma, o sea, como un “mira Víctor,,, pues Víctor” [se ríe], pero ya hay veces que me pasa eso, por ejemplo, en ese sentido, cuando volví de Malasia, del viaje que hice a Malasia y a Bali y a Tailandia,,,

-        ¿Ese viaje lo hiciste antes del diagnóstico?

Es que ese viaje, el propio médico antes de entrar en tratamiento ya con antipsicóticos, y el propio medico, se asombraba de decir, “cómo una persona que siempre ha estado tratada desde el punto de vista médico a estos niveles se ha ido en plan mochilero a Tailandia [se rie], Bali , Malasia,,,” “¿cómo puede pasar esto?”. Y se quedaba,,, el médico no salía de su asombro, y dije “pues sí, me he ido” [se rie], o sea, te quiero decir que lo he hecho, y eso significa que si no tuviera la medicación también lo haría, o sea, que lo puedo hacer, que con medicación me lo pienso más, pero que espero en un futuro poder hacerlo con medicación ¿sabes?, bueno si tengo que tomar la medicación porque sea necesaria, entonces claro. Pues eso, a la vuelta de ese viaje oía hablar en inglés a todo el mundo, tenía cosas, ya te digo, en ese aspecto, y eso me calmó la medicación bastante, eso lo reconozco.

Pero por ejemplo, una cosa que me acuerdo perfectamente, que volví del viaje y luego el tema de las creencias, las creencias es una cosa que fluctúa mucho con la medicación. Están [las creencias] mucho más estables, tienes las creencias justas, y de ahí no te mueves. Sin medicación puedes creer cualquier cosa, o atraerte cualquier cosa de una creencia. Entonces, el tema de las creencias es un tema que reconozco que la medicación me ayuda. El tema de creencias me refiero, por ejemplo, a que ahora me crea,,, yo qué sé, que como he estado en Malasia, y es un país musulmán, pues que [yo] me crea musulmán y salga por ahí diciendo que soy musulmán. Entonces claro, ese tipo de cosas, y eso lo reconozco que la medicación lo atenúa mucho, lo atenúa mucho, y entonces te piensas dos veces a la hora de decir las cosas, y entonces tienes menos problemas…

-        y, ¿qué efectos negativos percibes con la medicación?

Empecé con babeo, se me caía la saliva, temblaba, ehhh, ffff, no sé, perdía el conocimiento, se me saltó la diabetes,,, luego ha desaparecido [la diabetes], no sé por qué, pero ha desaparecido, ehhh, me encontraba muy mal, tenía unas diarreas terribles, tenía el cuerpo totalmente mal, me encontraba mal, continuamente me encontraba mal y eso era por la medicación, porque yo nunca he tenido ese tipo de problemas tan graves.

Qué ocurre, que yo, mira, te voy a decir la verdad porque estamos para contar historias [rie]. Yo, que en esa época dices “¡ostras!, por qué me pasa esto y por qué  me encentro tan mal”, y entonces iba al médico y me recetaba para la diabetes,,, Y entonces ,me puse en contacto con un médium, con un médium no, con un adivinador de esos, y le conté el problema, y me adivinó exactamente la enfermedad que yo tenía y la medicación que estaba tomando, y me dijo “tú tienes un problema muy grave, independientemente de la medicación que te está afectando al cuerpo”, “vamos a hacer un trabajo”,,, lo típico, y yo confié, y di un dinero,

-        ¿qué medicación era la que tomabas en ese momento?

Xeplion® [Palmitato de Paliperidona, un fármaco que puede inducir síndrome metabólico y diabetes], estaba tomando Xeplion® cuando me dio la diabetes, Xeplion® y,,, bueno, en principio era Xeplion. Había hecho el cambio de Modecate® a Xeplion®. Bueno y yo le expliqué mi caso [al adivinador que visitó], le mandé una foto y tal y cual,,, y empecé a notar cambios. Desapareció la diabetes,,,

-        pero, ¿dejaste el Xelplion®?

Si. Dejé el Xeplion® porque se lo pedí al doctor, le dije “por favor quítame el Xeplion® que no me sienta bien”, y me volvió a cambiar a Modecate®, y, si, la diabetes desapareció…

…Pues eso, entonces a raíz de ahí pues desapareció la diabetes y yo le dije a la doctora “mira, con Xeplion® tengo una ansiedad generalizada, pero interior, o sea, ya no es decir, “es que me pasa esto por esto”, no, es que interiormente nace una ansiedad que me inunda y que no la puedo controlar, o sea que nace de mi interior y ese interior tenía que ser la medicación no podía ser otra cosa, porque si tú tienes pánico a las arañas es porque hay una araña; si no está la araña no tienes pánico a las arañas. O lo puedes pensar, pero no te enfrentas a ese,,, a ese,,, claro, esto era una ansiedad que venía del interior, y que daba la casualidad que era a raíz de la inyección de Xeplion®. Entonces le dije “mira me tienes que cambiar el Xeplion® porque es que me está dando una ansiedad que voy a explotar, y entonces me dijo “si, si, lo vamos a hacer, me la juego”, me dijo, “me la juego, me la estoy jugando porque parece que tú me estás diciendo a mí lo que tengo que hacer, en vez de yo a ti, pero voy a tomar la decisión y te voy a cambiar a Modecate®”. Se cambió a Modecate® la cosa y desapareció la ansiedad. Sé que Xeplion® me produce ansiedad con lo cual no me lo inyecto.

Y ahora estoy a ver si me hace un cambio a Abilify® [Aripiprazol] que, por lo visto, trata mucho mejor lo que es el tema de la depresión. Depresión, no porque yo sea una persona depresiva, aunque me haya tratado en aquella época, pero yo sigo teniendo un pensamiento, en líneas generales, optimista. La situación con respecto a la medicación, al ser continuada en el tiempo, lógicamente te crea ahí un efecto depresivo y el Modecate® me crea un efecto un pelín depresivo o sea como yo lo entiendo, un pelín negativo, en cuanto a que cuando me lo inyectan, es como,,, imagínate, no sé, como que te guste una cosa y des un salto de alegría, y te encuentres bien porque te gusta esa cosa, ¿no? Eso no lo siento ahora. Con el Modecate® no lo siento. Siento, siento apatía, línea fija.

-        ¿Quieres decir que no sientes motivación?

Si. No siento, no me,,, por ejemplo, me saludas y veo una persona que me gustar verla, ¡coño alégrate! Ahora sonrío, porque me alegra, pero no tengo esa sensación de decir, “joder, qué felicidad”.  O sea, me cuesta, aunque la tenga [la alegría por ver a esa persona], no la expreso. Entonces estoy mono, mono, ¿sabes lo que te quiero decir?, linealmente en cuanto a afectividad, en cuanto a mostrar afectividad. Entonces eso no va conmigo tampoco, pero bueno, ya me estoy acostumbrando a estar más serio, o sea, que en ese sentido lo entiendo, pero si me pudiera poner algo,,,

Por ejemplo,,, hilvanar un viaje, pues que te de esa alegría de qué voy a hacer, dónde voy a ir,,, No. En cuanto llego a mi casa, llego destrozado, o estoy viendo la tele y sólo con las noticias ya me deprimo, todo ese tipo de cosas creo que el Abilify® si que las puede combatir mejor que el Modecate®, ¿qué te parece?

-        Eso lo hablamos luego, en las otras sesiones, pero ahora me interesa mucho que sigas porque es muy rico, realmente, el que tú expreses lo que sientes. Has dicho algo,,, te quería preguntar si esa sensación que experimentas cuando te pinchan el Modecate®, si está todo el rato, o desaparece con los días, o ¿cuando se hace más aguda esa sensación?

Lógicamente el periodo son 21 días, y en 21 días yo noto cambios, lo noto con el entorno, lo noto conmigo,,, Por ejemplo, nada más inyectarme, noto que me da un poquito igual todo, es decir, si, oigo cosas, pero me dan igual, oigo cosas,,, a ver, yo estoy muy pendiente de los vecinos ¿no? tú sabes la problemática que tengo yo [se refiere a que tiene conflictos con sus vecinos y no está a gusto en donde vive actualmente], luego estoy pendiente de mi vecindad, de caer bien, de vivir a gusto, de vivir tranquilo, no quiero más. Entonces, claro, hay veces que lógicamente eres parte del entorno donde vives, y entonces hay comentarios sobre ti, y entonces claro, cuando me pongo el Modecate®, pues como que paso un poquito más de todo, en el sentido de decir “bueno, pues voy aquí, voy allí, cojo el coche, no sé qué, y tal”, y no doy explicaciones. No sé si eso tendrá alguna denominación medica, o lo que sea, pero voy a mi bola, tío, o sea, sabes, como que voy aquí, voy allí, no me preocupa nada.

Luego las ideas sexuales, las ideas con el Modecate® cambian, a ver, tienes unos pensamientos, luego la posible,,, como se llama, ehhhh ehhh,,, como impotencia.

-        ¿la libido?

Sí, que la libido se transforma, la libido se transforma, no es una libido normal, es una libido un poco deteriorada, o sea muy,,, no sé,,, muy inestable. Por ejemplo, si ves a una chica que te gusta, pues lo normal es que te apetezca tener sexo con ella, o si ves a un chico, si te gustan los chicos, pero que ese tipo de cosas, por ejemplo, esos matices que tengo, son productos un poco de desconocimiento, un poco de ausencia de libido. Si tuviera libido correcta o la libido funcionando bien, pues tendría relaciones bien, pero la libido me la ha fastidiado el Modecate®.

Es otra cosa que espero que el Abilify® cumpla como dios manda, en el sentido de aportar un poco de claridad y de libido o que no afecte a la libido, que sé que además he mirado el prospecto del Modecate® y dice que afecta a la libido, o sea que es un efecto secundario.

Yo me imagino que la gente que se trata con antipsicóticos pues lógicamente quiere tener unas relaciones sexuales como cualquier otra persona y si lo que buscamos es normalidad, vamos a buscar normalidad. Pido al campo farmacéutico, al campo científico, que busque la normalidad en los pacientes, es decir que seamos lo mas humanos posibles, o sea, ni robotizados, ni estigmatizados, ni nada, es decir,,, claro, lógicamente te tienes que atener a que no se te vaya la cabeza, pero bueno, que sean medicamentos, por así decirlo, que sean como parte de la persona, pero que proyecten a la persona.

-        Crees que a eso que pides debe de contribuir solo los medicamentos que se usan o también otras cosas, como la forma de usarlos o el trato que te dan los profesionales,,,

Si, ¿sabes lo que pasa?, que cuando hay una crisis, lógicamente estás perdido, entonces necesitas orientación. Entonces, esa orientación es muy importante. El médico tiene que tener un ojo clínico que llamáis vosotros, o que se llama así, para decir, “mira, esta persona vamos a tratarle con esto”,,, y en ese sentido yo me siento muy afortunado. Siempre que he tenido un problema, lo he consultado, y me han orientado hacia el lado correcto, por lo menos no me han hecho daño, no me han dicho las cosas duras, cuando no estaba preparado para escuchar cosas, que a lo mejor fíjate, yo he hecho cosas a lo mejor que no están de acuerdo con la vida normal, y no me han culpabilizado, no me han,,, no, en ese sentido, me han, al revés, me han tratado de equiparar a la normalidad, y en ese sentido es un apoyo muy grande el que un médico te pueda decir, porque son una autoridad y cuando tu estas así en una crisis, lo que tienes es falta de autoridad o falta de conocimiento, falta de,,,

-        Sí, ¿que necesitas una figura autoritaria que te lleve?

Claro, una figura autoritaria que te pueda decir “pues mira, Víctor, tranquilo, vamos a ir en esta dirección, te vas a poner bien”, ese tipo de cosas, al paciente le vienen muy bien, y yo eso siempre lo he tenido y yo con los doctores. He tenido siempre muy buena relación.

-        Bien, me has dicho que has estado siete años con Modecate®. Salvo aquella vez que te cambiaron por Xeplion®.  ¿Has notado con el paso del tiempo que el efecto del fármaco cambie en algún sentido? No sé, como que toleres mejor ciertas cosas,,, ¿Notas matices conforme evoluciona el tiempo o sigues notando las mismas cosas que sentías antes?

Yo lo que noto es falta de empatía, falta de emotividad, falta de proyectos, falta de,,, pero que a lo mejor es que no los tengo yo, ¿sabes?, es decir, que los tengo que coger. Me refiero al otro día, ¿te acuerdas?, cuando me decías, “si es que hay una parte cognitiva que es importantísima, si no la trabajas no hay nada que hacer, si te dejas llevar, pues cada vez estarás peor”. Luego una cosa crítica entre comillas al médico es afirmar, por ejemplo, que esto es crónico y que a medida que vaya pasando el tiempo vas a estar peor, o sea que con la cronicidad, esas facultades [cognitivas] se van a ir perdiendo con el tiempo y lógicamente te vas adaptando cada vez peor. Yo contra eso lucho, digo “pero a ver, ¡tiene que ser mejor, tengo que luchar!”. Porque si no existe una medicina A, pues probar la B o lo que sea, es decir, el reloj del tiempo, a todos nos afecta, pero,,,

-        ¿qué expectativas tienes? , ¿cómo te ves a ti mismo en el futuro? Con medicación, sin medicación,,, y si te ves con medicación ¿cómo te ves?

Yo leí, hace cuestión de un año, que iba a salir en el 2015 una nueva medicación, pero orientada no tanto a los efectos positivos ni negativos de la enfermedad, sino orientada a, precisamente, lo que la personas con este trastorno tienen, que es esa falta de entusiasmo, que es esa falta de entusiasmo por la vida, falta de empatía, falta de empatía social, de buscarte cosas, de vivir, de vivir, de sentir lo que sólo tenéis vosotros, nosotros lo tenemos un poco mermado. Entonces ese tipo de cosas, yo estoy muy esperanzado porque sé que van a salir en cuestión de años medicamentos que traten esos temas, que son los que a los enfermos nos preocupan. No sólo el hecho de tomarte Xeplion® o Modecate®, si te tienes que tomar Xeplion® o Modecate® te los tomas, pero si no tienes ganas de vivir,,, Xeplion® y Modecate® te podrán tapar el posible delirio, pero te tapan también las ganas de vivir que la gente tiene, entonces, claro, ese tipo de cosas, pues me gustaría que se ahondara en cubrir esas cosas, nos ayudaría mucho.

-        Y a parte de la medicación, ¿piensas que se pueden hacer más cosas para estar bien?

Sí, pero lo estoy descubriendo ahora, por eso estoy muy contento. Venir aquí, por ejemplo, venir a yoga,.. Yo no he hecho yoga nunca y ahora estoy haciendo yoga y cada vez me encuentro mejor, me encuentro con los pies en la tierra, me encuentro más fuerte y se nota, es decir, el cambio es brutal. O por ejemplo, el hecho de hablar contigo en el sentido del apoyo que haces desde el punto de vista farmacéutico, desde el punto de vista información, que vas conociendo más. Porque una cosa, yo sé algo porque a mi hermana la han tratado mucho los médicos, y lógicamente teníamos que tirar de enciclopedia, y yo tenía que saber lo que le pasaba a mi hermana. Entonces tenía que tener conocimiento, porque a lo mejor necesitaba que le dijéramos el tipo de medicación que tomaba,,, y luego porque soy un poco crítico conmigo, no conmigo, sino con lo que me pasa, y entonces intento siempre averiguar lo que me pasa, y para eso hay que estudiar lo que pasa y hay que informarse, en ese sentido, sé que hay muchas cosas que se pueden hacer.

Me gustaría tener un trabajito, me gustaría que cambiasen las leyes, que por ejemplo para las personas que tengan enfermedad crónica y que tengan una incapacidad absoluta a todo tipo de trabajo, que les den la posibilidad de una especie de tope salarial, o lo que sea, que pueda compatibilizar sin ningún problema de perder esa pensión. Porque lógicamente estamos vulnerables ante el mercado, como puede estar cualquiera, pero nosotros quizás un poco más. Entonces si yo inicio una etapa laboral y no me sale bien, lógicamente si yo tengo concedida por mi estado una pensión, que no me la quiten o que me digan, “oye, mira, no te vamos a dar el dinero”, o que no llames a la Seguridad Social y que te digan, “oye no, si pones el pie en un sitio y haces un contrato, automáticamente te quitamos la pensión”.

-        Si, quieres decir que tengas la seguridad, pero que también tengas la oportunidad de poder,,,

Claro, es que [el trabajo] en una persona, es uno de los valores más ricos que tiene, el poder trabajar, el poder demostrar las actitudes, el poder desarrollarse en el mundo del trabajo, entonces si te lo quitan, te quedas como he visto a mucha gente, que están en un banco y ahí se tiran 8 horas y luego vas a dormir, y es que, ¡qué clase de vida es esa!, ¿sabes qué quiero decirte?, pues claro, ¡normal le que preguntes y que no te conteste! o ¡normal que esté amargado! O que haya gente que se suicide. Es que esa situación te lleva a lo más drástico, y ¡si!, está tomando Modecate® o lo que sea, pero no está en la vida, ¡no está en la vida!, entonces claro, ese tipo de situaciones hay que corregirlas, ¡si o si!, y hay que, desde el punto de vista económico o social, o lo que sea, echarnos una mano, darnos oportunidades como cualquier persona que pierda un empleo, que pueda recuperarlo, a lo mejor no al nivel que puede hacerlo una persona normal, o con las expectativas que tiene una persona normal, pero si sentirte parte de la sociedad, que es importantísimo el trabajo.

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