viernes, 11 de mayo de 2012

Posparto: ¿Trastorno o Proceso? Parte 2

Continuamos con la entrega que habíamos preparado sobre el posparto, iniciado en una entrada anterior:

LA DEPRESIÓN POSTPARTO DESDE ESTE ENFOQUE

Todos se asustan de las sensaciones externas de la madre que ha dado a luz y, en lugar de acompañarla a las profundidades de su alma femenina, sostenida y afectivamente segura…prefieren adormecerla- con tratamiento psiquiátrico- , logrando apaciguar los ánimos de los demás y dejando a una mujer sin capacidades físicas ni emocionales para ocuparse del bebé, que es entregado a otra persona para que lo cuide. Con frecuencia, la lactancia se corta y la madre tiene la certeza de estar haciendo las cosas terriblemente mal”.

Parafraseando a Laura Guttman, psicoterapeuta experta en temas de maternidad,  referente internacional en este campo: “Para que se instale una depresión puerperal se necesita un desequilibrio psíquico importante previo al parto, la vivencia de un parto especialmente maltratado y una gran desprotección emocional después del parto. Aún con todo esto, un acompañamiento psicoterapéutico podría ser suficiente para que la madre supere su derrumbe emocional”.

Sobre todo lo que va a predisponer al diagnóstico de depresión postparto tiene que ver con la tolerancia que tenga el entorno próximo ante el cambio percibido en la mujer. Si su estado es calificado de depresivo y se la anima a ponerse bien “como antes,  lo antes posible” se la aboca a que persiga un imposible, a que niegue su nueva realidad y a que rompa el vínculo fusional con su bebé, que es precisamente lo que ella necesita en ese momento para sentirse completa. Si la mujer acaba dudando de su capacidad maternal, la depresión postparto está garantizada. Y como relata Laura Guttman: “el bebé probablemente será entregado a otra persona para que lo cuide.

Cabe pues el peligro de que la madre, separada de su propia intuición (ya bien por tomar pastillas, ya bien por emerger demasiado rápido y brusco al mundo productivo) se vea abocada a seguir los criterios de crianza normativos, porque de ella misma- que ha tenido una “depresión postparto”-ya  no se fía. En general, las madres ya no se fían de sus percepciones, prefieren que los pediatras les digan si el bebé tiene el percentil adecuado. Cualquier manifestación inquietante del bebé, física o emocional,  se convertirá inmediatamente en objeto de estudio médico, al igual que antes pasó con su madre.  Mamá y bebé habrán perdido la oportunidad de comunicación simbiótica que tenían.

LA AYUDA A LA MUJER PUÉRPERA

Partimos de que el desequilibrio emocional es inherente al postparto y potencialmente útil para la madre, si ésta recibe el apoyo adecuado. Sólo en las crisis (por la propia necesidad de reequilibrio) nos orientamos de un modo rotundo y creativo al cambio, y criar a un bebé, sobre todo si es el primero, requiere inevitablemente un cambio en el funcionamiento, no sólo de la madre, sino de todo el núcleo familiar. Habría que empezar por permitir que las recién mamás se expresen ante una persona que pueda escucharlas sin juicio ni alarma y les permita poner en voz alta su legítima necesidad de reorientarse en un mundo que ha cambiado drásticamente para ellas.
Si  intervenimos: ¿con qué objetivo?. Nosotros proponemos los siguientes:

-    Escucha activa, libre de juicios, orientada a apoyar el que la propia madre encuentre lo que necesita para reorientarse en la nueva situación.

-    Permitir que la mujer exprese lo que necesite sin juzgar  y sin aconsejar antes de que ella misma pida consejo. Lo cual es un refuerzo positivo a su intuición del momento. Sólo ella sabe lo que está sintiendo y sólo ella puede descubrir lo que necesita.

-    Si la mujer está desorientada ante su estado psicológico,  informarla sobre los aspectos emocionales esperables en el puerperio, con el fín de ayudarla a entender y apoyarse en lo que está experimentando. Esto es reformular positivamente lo que está atravesando: es lo normal, es lo esperable y tiene una función.

-    Informar de la importancia de las redes de apoyo: grupos de madres y padres, apoyo para la lactancia, y fundamental: ayuda para el hogar, al menos al principio (figura de la doula).

-    Si  la madre se encuentra tan desbordada que se siente incapaz  de afrontar la situación y está dispuesta a recibir ayuda en Salud Mental,  la derivación a psicoterapia individual puede ser una opción.

Si bien, siempre tendremos que valorar que la mujer puérpera no es un ser adulto aislado, sino que está en simbiosis con un bebé que necesita de la presencia emocional de la madre y para el que la anestesia emocional materna puede ser más aterradora que la tristeza, la desesperanza y el llanto de la misma. En los trabajos psicoterapéuticos  con bebés y sus madres, observamos con frecuencia que cuando la madre puede verbalizar ante el bebé toda la desesperación que siente, el bebé suele reaccionar calmándose e, incluso a la larga, enfermando con menos frecuencia.

Para terminar, una pequeña reflexión pensando en los bebés. Desde el nacimiento intentamos “proteger”   a los niños de la dureza de la vida. Ni siquiera les dejamos estar envueltos en los fluidos de la placenta, unos minutos, tranquilamente, encima de su madre. Nada más salir del útero materno, les cortamos el cordón, los lavamos y los entregamos presentables, sin darnos cuenta de que posiblemente, lo único que ellos pueden experimentar es que son  separados de un ser que son ellos mismos. Ellos son pura emoción y necesidad encarnada. ¿Por qué habría de extrañarles la emoción desbordada del ser que los sostiene?

En términos generales debemos recordar que las mujeres puérperas han perdido su equilibrio emocional, que están funcionando simultáneamente en dos aspectos (el aspecto adulto y el aspecto bebé) y que han perdido también sus referencias externas. Por eso, sólo necesitan puntos de apoyo para sostenerse en las referencias internas, en la esencia de lo que cada una es  (…) El principal apoyo consiste en ayudarla a aceptar y valorar sus necesidades y su intuición para tomar decisiones con respecto a la crianza de su bebé”.



¿QUÉ LUGAR OCUPA LA FARMACOTERAPIA EN LA DEPRESIÓN POSPARTO?

Aun suponiendo que la depresión posparto fuese una entidad clínica que considerásemos patológica (ya hemos visto que no es el caso), el manejo clínico debería ir dirigido a mejorar aspectos bio-psico-sociales. Hay una serie de factores que se han relacionado con casos etiquetados de “depresión posparto” que son de índole psico-social como pueden ser que el embarazo no estuviese planeado, que el peso de la crianza recaiga exclusivamente en la madre, que la relación con la propia madre (abuela del recién nacido) esté deteriorada, que la lactancia materna no sea posible (en España, técnicamente no es posible completar una lactancia materna tal y como recomienda la OMS puesto que la baja por maternidad es sólo de 4 meses, y esto es un aspecto político-social), la expulsión de la madre del mercado laboral (si surgen problemas en la incorporación de la mujer cuando ella decide volver, y de nuevo, esto es un problema de índole político-cultural-social), una falta de soporte o apoyo a la crianza (familia lejos, aislamiento social de los padres,,,) es decir, hay un conglomerado de factores culturales y sociales que están estrechamente relacionados con la etiqueta “depresión posparto” y por tanto, son estos factores y no otros los que determinarán un buen estado de salud mental.

Es decir, la Inhibición Selectiva de la Recaptación de la Serotonina (ISRS), ¿qué potencial tiene para modificar esos factores que son en última instancia los determinantes del restablecimiento de la percepción de la salud?, ¿en qué medida un ISRS puede aumentar la baja por maternidad a 6 meses para que la madre pueda dar una lactancia materna mínima y no se vea obligada a interrumpirla? ¿en qué medida un ISRS puede crear un núcleo comunitario de apoyo a las madres que dan a luz, para que estas no estén aisladas?

La pregunta parecerá irrelevante, pero en estos tiempos de crisis es más importante que nunca hacerla, ya que lo más plausible, según las políticas actuales es que se financie el coste de un tratamiento antidepresivo, pero no el de prolongar la lactancia materna a mínimo 6 meses. Es decir, el reparto de recursos puede no responder a criterios científicos.
 
En otros términos más habituales del léxico bio-médico, ¿se ha estudiado el impacto de los antidepresivos sobre variables no subrogadas que contemplen la Calidad de Vida Relacionada con la Salud (CVRS) en mujeres después del parto? La respuesta es negativa. No se han llevado a cabo ensayos clínicos con mujeres que cumplan con criterios psiquiátricos de depresión posparto y con una duración de tratamiento adecuada con el fin de demostrar y cuantificar un efecto farmacológico sobre variables bio-socio-culturales y por tanto, su uso se basa en extrapolaciones de lo que sucede en otros colectivos (adultos con criterios psiquiátricos de Episodio Depresivo Mayor) o en estudios con sesgos metodológicos importantes, duraciones de tratamiento excesivamente cortas y variables de resultado subrogadas muy heterogéneos y de baja calidad por lo que no es posible la realización de meta-análisis (Rosalyn, Hirata, Yeung, Haller, & Finley, 2010).

De hecho, la única revisión sistemática que hemos encontrado en la Librería Cochrane es del año 2001 y sólo pudo incluir un único ensayo del año 1997 que excluía a mujeres que estaban amamantando, y a mujeres con depresiones graves y la duración de ensayo fue corta y con escaso poder estadístico ya que los autores, como ellos mismo reconocen en el estudio, tuvieron un serio problema de reclutamiento de mujeres que aceptasen ser tratadas con medicamentos (a pesar de que ya no daban lactancia materna). En este único ensayo, la terapia cognitivo-conductual obtuvo los mismos resultados psicométricos que fluoxetina. No se evaluaron otros resultados de mayor trascendencia como la satisfacción de las madres con el tratamiento o la percepción de su salud o la calidad de vida. (Hoffbrand, Howard, & Crawley, 2001).

La evidencia científica con intervenciones de tipo psicosocial y psicoterapéuticas es mayor. Una revisión sistemática Cochrane en el año 2007 encontró nueve ensayos que englobaban 956 mujeres en las que se ensayó este tipo de intervenciones no farmacológicas (Dennis & Hodnett, 2008). Las conclusiones fueron que cualquier intervención psicosocial o psicológica, comparada con la atención postparto habitual, estuvo asociada con una reducción de la probabilidad de depresión continua, medida de cualquier manera, en la evaluación final durante el primer año postparto y que por tanto, se podía concluir que las intervenciones psicosociales y psicológicas fueron eficaces para reducir la sintomatología depresiva.

Otras intervenciones estudiadas que han evidenciado eficacia son terapias de soporte a la madre, terapias de pareja, terapias centradas en la relación madre-hijo o el ejercicio físico estructurado (un meta-análisis demuestra efectividad clínica en el ejercicio físico estructurado sobre reducción de síntomas depresivos en mujeres tras el parto) (Scottish Intercollegiate Guidelines Network, 2012).

¿QUÉ PROBLEMAS DE SALUD PUEDEN SURGIR DERIVADOS DEL TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO?

Si no se ha estudiado de forma adecuada los resultados clínicos en términos de efectividad que pueden ofrecer los antidepresivos (o cualquier otro tratamiento farmacológico) en mujeres con diagnóstico psiquiátrico de depresión posparto, mucho menos se han estudiado los efectos adversos que pudieran tener estos tratamientos a largo plazo sobre el niño, la madre, o la relación entre ambos.

Durante la lactancia materna muchos psicótropos pueden ser excretados a la leche materna y por tanto ser ingeridos por el bebé lactante, lo cual implica cuestionarse, entre otras cosas, qué efectos puede tener esto sobre el desarrollo neurológico del recién nacido.
Hay organizaciones médicas y sociedades científicas, como la American Academy of Pediatrics (AAP) que clasifican diversos fármacos en función de su compatibilidad con la lactancia materna. Sin embargo, a pesar de ser autoridades científicas, estas clasificaciones no se basan en estudios clínicos de calidad metodológica, únicamente se basan en series de casos publicados y en experimentos “in vitro”. La generalidad es que las concentraciones plasmáticas de psicótropos en el bebé lactante son reales, cuantificables, pero que esto no representa una significación clínica, salvo algunas excepciones.

La postura oficial de la AAP es que los antidepresivos ISRS pueden llegar al bebé lactante y que los efectos sobre el desarrollo neurológico de los bebés a largo plazo es desconocido por lo que lo etiquetan de “precaución de uso” durante la lactancia, pero también dicen que la interrupción de la lactancia materna no se justifica y que puede continuarse junto con la toma del antidepresivo. La postura de la guía SIGN de reciente publicación es no emplear doxepina durante la lactancia materna y si se acaba decidiendo iniciar un ISRS durante la lactancia materna, recomiendan evitar fluoxetina, citalopram y escitalopram (Scottish Intercollegiate Guidelines Network, 2012).

A continuación, exponemos una tabla que hemos elaborado con la información disponible en la base de datos “Drug and Lactation Database o LactMed”. Hemos omitido toda la información referente a mujeres que tomaban antidepresivos durante el embarazo, y sólo hemos tenido en cuenta los datos publicados de madres en tratamiento antidepresivo durante la lactancia materna. Además, como hemos dicho, esta información proviene de casos descritos por lo que la información es muy limitada y referenciada al corto plazo. A largo plazo, la información sobre seguridad de uso es muy deficiente. Para más información sobre otros fármacos, consultar la base de datos LactMed.

Posibles efectos de los antidepresivos sobre la lactancia materna

Autores:
Inmaculada Carrilero Aroca.
Psicóloga Especialista en Psicología Clínica
Terapeuta Familiar
Directora de CEPSISIS (Centro de Psicoterapia Sistémica). Alicante.
icarrilero@cepsisis.es

Paco Martínez Granados
Farmacéutico Especialista Farmacia Hospitalaria.






Trabajos citados
Dennis, C.-L., & Hodnett, E. (2008). Intervenciones psicosociales y psicológicas para el tratamiento de la depresión postparto. Oxford: Update Software Ltd: La Biblioteca Cochrane Plus.

Gutman, L. (2006). La Maternidad y el encuentro con la propia sombra. Barcelona: RBA LIBROS.

Hoffbrand, S., Howard, L., & Crawley, H. (2001). Tratamiento antidepresivo para la depresión posparto. Oxford: Update Software Ltd: La Biblioteca Cochrane Plus.

Rosalyn, C., Hirata, C., Yeung, W., Haller, E., & Finley, P. (2010). Pharmacologic Treatment for Postpartum Depression: A Systematic Review. Pharmacotherapy , 30 (9), 928–941.

Scottish Intercollegiate Guidelines Network. (2012). Management of perinatal mood disorders. A national clinical guideline. Edinburgh:: Scottish Intercollegiate Guidelines Network.

miércoles, 9 de mayo de 2012

La historia reciente de la psiquiatria - ¿un fraude?


Los dos enlaces de abajos apuntan a sendos artículos de revisión y comentario de libros que tratan de la situación actual de la psiquiatría, especialmente de los últimos 30 años. Su autora, Marcia Angell, ya conocida por muchos por su trabajo como editora del NEJM, y cuyo perfil puede verse en Wikipedia, Marcia Angell - Wikipedia, the free encyclopedia ,  no es precisamente una persona desadaptada, profana, ni extremista. Ya publicó un libro muy interesante sobre la industria farmacéutica y sus manejos la verdad acerca de la industria farmacéutica - marcia angell .

Los artículos me los remitió Nuria Homedes de Boletin Farmacos (un boletin de notias sobre salud, ética y medicamentos que recomiendo a todos los que leen este blog) http://www.saludyfarmacos.org/lang/es/boletin-farmacos/  .  

Comentándolos con Eduardo Saute, este me comento la conveniencia de compartirlos ya.


http://www.nybooks.com/articles/archives/2011/jun/23/epidemic-mental-illness-why/?pagination=false


http://www.nybooks.com/articles/archives/2011/jul/14/illusions-of-psychiatry/




He realizado una traducción al español, que se publicará en Boletin Farmacos, pero si alguien tiene interés en la traducción, yá!, me la puede solicitar ( emilio@polyanguas.net o epol@dip-alicante.es )


Tambien pueden ser interesantes los libros aquí indicados:

http://www.institutopsicofarmacologia.com/2010/12/unos-cuantos-libros-interesantes-1.html

http://www.google.com/url?q=http://www.institutopsicofarmacologia.com/2011/01/capitulo-14-myth-of-chemical-cure.html&sa=U&ei=PNGqT_aZIJOV0QXGl6jtAQ&ved=0CAYQFjAB&client=internal-uds-cse&usg=AFQjCNFYq3ACOx9E0k6QzUHo3mr-7bvPPA

http://www.institutopsicofarmacologia.com/2011/01/capitulo-13-democratic-drug-treatment.html




Emilio Pol Yanguas

La enfermedad mental vista desde las familias, se muestra a traves de los comics

Hoy quiero presentar algunos aspectos de las enfermedades mentales pero desde la perspectiva de los familiares y en formato de comics. Todos los relatos estan llenos de  ternura y ese otro saber, no académico pero veráz, que es la experiencia vivida en primera persona. He incluido dos libros dedicados a la epilepsia, que no es exactamente una enfermedad mental, pero con la que comparte muchas discriminaciones y el estigma.


- la vida en el psiquiátrico (o en los CEEM)

http://www.astiberri.com/ficha_prod.php?cod=psiquiatrico1

http://www.astiberri.com/media/contenidos/catalogo/prensa/psiquiatrico1.pdf


- El autismo (visto desde la perspectiva de un padre)

http://www.astiberri.com/ficha_prod.php?cod=mariayyo

http://mariayyo-gallardo.blogspot.com.es/

http://elpais.com/diario/2010/07/16/revistaverano/1279231201_850215.html


- Las ausencias epilépticas de la infancia en primera persona

http://www.astiberri.com/ficha_prod.php?cod=ausencias

http://ausencias.tumblr.com/


- El gran mal epiléptico, visto por un hermano menor

http://www.comicdigital.com/1145_1-Epileptico_La_Ascension_del_Gran_Mal.html

http://www.guiadelcomic.com/comics/la_ascension_del_gran_mal.htm


La demencia senil, vista por un hijo

http://www.astiberri.com/ficha_prod.php?cod=arrugas

http://www.guiadelcomic.es/paco-roca/arrugas.htm

https://www.google.es/search?q=arrugas+paco+roca&hl=es&prmd=imvnso&tbm=isch&tbo=u&source=univ&sa=X&ei=i8CqT-r2MYev0QXtyPCWBA&ved=0CJkBELAE&biw=1280&bih=568



 Abajo, dos post  anteriormente presentados en este mismo blog, relacionados con el tema

http://www.blogger.com/blogger.g?blogID=8260174468419950017#editor/target=post;postID=4504588965692674280

http://www.blogger.com/blogger.g?blogID=8260174468419950017#editor/target=post;postID=4253498644134703809



 Que los disfruteis.
 
 Emilio Pol Yanguas

jueves, 3 de mayo de 2012

Episodios maníacos relacionados con la administración de antihipertensivos

J.J. es un varon de 47 años, con diagnóstico de esquizofrenia desde hace 25 años, tratado con risperidona de forma razonablemente satisfactoria. Padece tambien hipertensión, diagnosticada hace  4 meses, por lo que se inició tratamiento antihipertensivo con captorilo. Hace un mes que su conducta esta siendo manifiestamente anormal y diferente de´las que manifestaba en reagudizaciones previas de su cuadro esquizofrenico, y que consisten fundamentalmente con actitudes demandanes, de hiperactividad y tendencia la discusion con otros, que el psiquiatra califica como maniformes, Comenta que recuerda haber leido la que captoprilo puede inducir cuadros maícos, y solicita conformación bibliográfica al servicio de farmacia.

En una búsqueda realizada en Pubmed aparecen distintas revisiones que refirieren casos de alteraciones del humor e incluso aparición de episodios maníacos al emplear antihipertensivos. En los casos citados el antihipertensivos empleado era un inhibidor de la enzima conversora de angiotensina (IECA). No se encontró ningún caso que en el que se dieran con antagonistas de los receptores de angiotensina II (ARA II).

En uno de los casos, se describe a un hombre de 57 años sin antecedentes de enfermedad mental al que se le administra por primera vez un IECA (perindopril) para tratar la hipertensión recientemente diagnosticada 1 .A los 8 días de empezar el tratamiento el comenzó a mostrar los primeros signos de excitación hasta desembocar en un episodio de manía aguda. La asociación de dicho episodio con la administración del IECA parece pausible.

Muchos estudios abogan por el efecto antidepresivo de los IECAs como el captopril, y otros destacan el efecto positivo en el humor (euforia) de los IECAs con respecto a otros tratamientos antihipertensivos. Además, según su base farmacológica muchos IECAs lipofílicos atraviesan la barrera hematoencefálica penetrando en el SNC y activando receptores opioides produciendo un efecto positivo, lo que explicaría las oscilaciones del humor con los IECAs, y pondría de manifiesto el beneficio de los pacientes tratados con estos fármacos, aunque se deben realizar más estudios al respecto.

En otra revisión de fármacos que pueden inducir manía también se dice que el captopril probablemente tiene la capacidad de inducir manía2.

También se describe el caso de un hombre de 73 años con hipertensión y diabetes ingresado por un fallo cardíaco y con hemiparálisis debida a un accidente cerebro vascular3 .Esta comorbilidad supone que el paciente esté polimedicado, y entre los fármacos que utilizaba se encuentra el captopril. Este hombre tampoco tenía antecedentes de enfermedad mental ni abusaba de sustancias como el alcohol y las drogas. Diez días después de subirle la dosis de captopril de 12.5 a 37.5 mg la enfermeras dicen que este hombre se vuelve extremadamente hablador y está muy distraído en la terapia, no duerme de noche y sus temas de conversación son grandilocuentes. Se concluye que sufre un síntomas maníacos debidos al aumento de captopril. Se le retira el fármaco y le administra lorazepam para que cesen los síntomas maníacos. A los 5 días ya no presenta ningún síntoma.

Los estudios sugieren que captopril pueden producir aumento del humor. Otro caso descrito de episodio maníaco se dio tras la interrupción brusca de un tratamiento con pargylina y administración de captopril.

Estas reacciones maníacas debidas a fármacos antihipertensivos no deben confundirse con la propia enfermedad bipolar, ya que la asociación de litio con IECAs y ARA II aumenta la toxicidad de este antimaníaco. Los antihipertensivos aumentan la toxicidad porque producen hiperpotasemia y al competir en su eliminación con Li, se disminuye la eliminación del mismo.


1 Mesure G, Fallet A, Chevalier JF. Psychotropic effects of angiotensin-converting enzyme inhibitors: what are the arguments? Encephale. 1995; 21:609-14

2 Peet M, Peters S. Drug-induced mania. Drug Saf. 1995; 12:146-53.

 3Gajula RP, Berlin RM. Captopril-induced mania. Am J Psychiatry. 1993; 150:1429-30.


Hilda Ferrero Hidalgo y Ana Brotons Cantó,
Estudiantes de 5º año,
Facultad de Farmacia
Universidad Miguel Hernández

martes, 24 de abril de 2012

Elección de un antidepresivo para una paciente que presenta simultáneamente parkinson, depresión y demencia

Autoras: Ana Brotons e Hilda Ferrero. Estudiantes 5º Farmacia Universidad Miguel Hernández de Elche.


Esta búsqueda se plantea tras la petición de un médico que acude al servicio de farmacia para consultar sobre una paciente anciana que padece demencia, depresión y parkinson. El médico había ensayado duloxetina pero tuvo una respuesta inadecuada. Le preocupa el posible empeoramiento de los síntomas parkinsonianos y/o cognitivos con el tratamiento antidepresivo. El nos refiere haber leído acerca de la utilización del bupropion en estos casos, por su acción dopaminérgica. También pregunta por la posible utilidad de agomelatina en este caso.


  1. Parkinson1

En la enfermedad de Parkinson existe una degeneración de los núcleos pigmentados del tronco; hay una lesión degenerativa de esta vía, con pérdida profunda de dopamina en la sustancia negra y el estriado. Gran parte de los síntomas parkinsonianos de hipofunción (el temblor, la rigidez, la acinesia y las alteraciones posturales) se deben a la pérdida de actividad dopaminérgica, si bien no aparecen hasta que la pérdida neuronal alcanza el 80 %. Pero existen también lesiones de neuronas noradrenérgicas y, en algunos casos, de neuronas colinérgicas en áreas como la sustancia innominada (núcleo basal de Maynert y núcleo de la banda diagonal de Broca) que proyectan a la corteza.  Esto explica los síntomas de demencia que se desarrollan tardíamente en algunos enfermos parkinsonianos, emparentándose su evolución con la enfermedad de Alzheimer.

La estrategia terapéutica en la enfermedad de Parkinson se basa, fundamentalmente en la potenciación de la actividad dopaminérgica central, ya sea directa (levodopa, agonistas y activadores dopaminérgicos) o indirecta (inhibidores de la MAO y de la COMT); en ciertos estadios de la enfermedad se recurre también al bloqueo de la función colinérgica con anticolinérgicos centrales.


  1. Depresión2

La depresión es una enfermedad mental en la que aparecen una serie de síntomas como pérdida de interés por las actividades usuales, fatiga, sentimientos de inutilidad, falta de concentración, deseos de muerte, pérdida de apetito o de peso, insomnio, agitación o retraso psicomotor, etc., acompañados de somatizaciones más o menos pronunciadas.

Las hipótesis sobre la etiología de la depresión se han inspirado en las acciones de los fármacos utilizados en su tratamiento, que tradicionalmente han estado divididos en dos grandes categorías: inhibidores de la monoaminooxidasa (MAO) y antidepresivos tricíclicos, de los que los primeros representantes fueron, respectivamente, la iproniazida y la imipramina. Los inhibidores de la MAO inhiben la degradación oxidativa de noradrenalina y de serotonina y, por lo tanto, originan un mayor aporte de estos neurotransmisores a sus correspondientes receptores. Los antidepresivos tricíclicos inhiben los procesos de recaptación de estas aminas y determinan igualmente una mayor concentración de ellas en la sinapsis

En función de estos estudios iniciales, la depresión se interpretó durante varios años como un estado de hipofuncionalidad de los sistemas centrales de neurotransmisión por noradrenalina y serotonina.



  1. Demencia3
Existen distintos tipos de demencia, entre ellas el Alzheimer, cuya hipótesis etiológica es la hipótesis colinérgica, la cual sugiere que la enfermedad se debe a una reducción en la síntesis del neurotransmisor acetilcolina. Por tanto su tratamiento se basa en el aumento de dicho neurotransmisor.

Debemos considerar que la enfermedad de Parkinson lleva al paciente a una inexpresión facial y el hecho de tener una movilidad limitada puede llevarles a un estado depresivo, por tanto se debe tener especial cuidado en el diagnóstico de la depresión en este tipo de paciente puesto que los propios síntomas de la enfermedad de parkinson se superponen a los de la depresión y demencia.



  1. Revisión de bibliografía
Se ha realizado una búsqueda en PubMed con los terminos “enfermedad de Parkinson” y “agentes antidepresivos”. Se han encontrado tres meta-análisis que abordan el problema.

Uno de los metanálisis plantea la eficacia de los antidepresivos en pacientes ancianos con depresión y parkinson4. Se observa que en pacientes con depresión y parkinson el tratamiento antidepresivo no es más efectivo que el placebo, mientras que el tratamiento en pacientes sin parkinson sí muestra mayor efecto que el placebo.

En otro metanálisis, del que solo hemos podido obtener el abstract se plantea que los ISRS no deben utilizarse en pacientes deprimidos y con parkinson5, puesto que empeoran el parkinson. La alternativa propuesta es el uso de los ATC (amitriptilina), pero teniendo en cuenta que existe en estos pacientes un mayor riesgo de aparición de efectos adversos, ya que los efectos anticolinérgicos pueden provocar un empeoramiento de la cognición.

Se han estudiado posibles tratamientos de estas enfermedades en conjunto, entre ellas el tratamiento con pramipexol6,7, del cual existen ensayos clínicos en los que parece que sí mejoran los síntomas de la depresión .

Estos efectos se observaron también en el estudio de pramipexol frente a sertralina 8, aunque hay que considerar que las dosis de esta última son bajas, hay evidencias de que el pramipexol mejora significativamente los síntomas con respecto a sertralina, en pacientes con enfermedad de párkinson sin síntomas motores con depresión. Pese a lo dicho los efectos adversos de pramipexol en el tratamiento de la depresión asociada al parkinson son similares al del tratamiento del Parkinson y deben ser controlados. En el ensayo comparativo con sertralina, las pérdidas por efectos adversos se produjeron en el grupo tratado con sertralina (17%) .

Existen casos aislados de uso de bupropion 8,9,10 en pacientes con depresión y parkinson en los que parece que el tratamiento con este fármaco es efectivo. Sin embargo, no existen por el momento ensayos clínicos que lo confirmen.  Por ello el bupropion puede ser una opción más de tratamiento en base a su soporto teórico10.

Conjuntamente puede añadirse un suplemento de omega-3, el cual puede mejorar la sintomatología de la depresión11.

Respecto a la agomelatina asociada a trastornos de parkinson, no hemos encontrado ninguna referencia, ni ningún caso clínico.

En una revisión del tratamiento conjunto que se le puede dar a pacientes con demencia, parkinson, psicosis y depresión12 se plantea el uso de las escalas The Beck Depression Inventory-I, Hamilton Depression Rating Scale y Montgomery Asberg Depression Rating Scale para diagnosticar depresión en pacientes con Parkinson y The Mini-Mental State Examination y the Cambridge Cognitive Examination para el diagnóstico de demencia y Parkinson.

Normalmente se utilizan antidepresivos como la amitriptilina en depresión con parkinson y sin demencia e inhibidores de acetilcolina (donepezilo, rivastimina) para el tratamiento de parkinson con demencia, aunque podría empeorar la enfermedad motora y la mejoría no es tampoco muy significativa. Además el tratamiento con amitriptilna no es necesariamente la primera opción en estos casos, debido a los efectos anticolinérgicos ya comentados.

En cuanto a la utilidad de la psicoterapia por el momento no hay estudios que confirmen su eficacia.

En cuanto al uso de inhibidores de acetilcolinesterasa se ha visto que se requieren 19 pacientes para conseguir mejora en solo 1 paciente (NNT= 19) siendo los beneficios modestos mientras que se exacerba el temblor.

Como conclusión final respecto al tratamiento farmacológico se recomienda una pauta lo más sencilla posible.

El tratamiento con pramipexol parece el más indicado puesto que es el que mayor número de estudios bien planteados ofrece.

Y debido al poco riesgo en su utilización puede utilizarse el omega-3 como adyuvante en el tratamiento.

En el caso de querer llevar un tratamiento con bupropion debemos considerar que hay menor número de evidencias, que el control del paciente ha de ser mayor y hay que tener en cuenta la interacción del mismo con la levodopa, que puede llevar a una neurotoxicidad, y la interacción con los IMAO, por tanto hay que tener especial cuidado si la paciente está siendo tratada con seleginina.

En el caso de usarse amitriptilina debemos considerar que por sus propiedades anticolinérgicas pueda retrasar el vaciado gastrointestinal, pudiendo aumentar la inactivación de levodopa antes de su absorción intestinal.



  1. Bibliografía
1Pazos A.  y Pascual J. Farmacología de los movimientos anormales.  Fármacos antiespásticos, en: Farmacología humana. Jesús Florez 3ª edición; 1997: 513-533

2 del Río J. Fármacos antidepresivos y antimaníacos, en: Farmacología humana. Jesús Florez 3ª edición; 1997: 549-565

3Florez J.  y Dierssen M. Fármacos nootropos y neuroprotectores. Farmacología de las conductas anormales, en: Farmacología humana. Jesús Florez 3ª edición; 1997: 593-609

4 Weintraub D, Morales KH, Moberg PJ, Bilker WB, Balderston C, Duda JE, Katz IR, Stern MB. Antidepressant studies in Parkinson's disease: a review and meta-analysis. Mov Disord. 2005;20:1161-9.

5 Frisina PG, Tenenbaum HR, Borod JC, Foldi NS The effects of antidepressants in Parkinson's disease: a meta-analysis.. Int J Neurosci. 2008;118:667-82.
6 Barone P, Poewe W, Albrecht S, Debieuvre C, Massey D, Rascol O, Tolosa E, Weintraub D. Pramipexole for the treatment of depressive symptoms in patients with Parkinson's disease: a randomised, double-blind, placebo-controlled trial. Lancet Neurol. 2010;9:573-80.

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viernes, 13 de abril de 2012

Posparto: ¿Trastorno o Proceso? Parte 1


Con esta entrada iniciamos una serie de posts que hemos elaborado con la colaboración especial de Inmaculada Carrilero Aroca, Psicóloga Especialista en Psicología Clínica y Directora de CEPSISIS (Centro de Psicoterapia Sistémica), en Alicante, para tratar de abordar el tema de la "Depresión posparto" o "depresión en el puerperio" y una revisión del eventual papel que pudieran tener los psicofármacos en esta "entidad clínica". Damos la bienvenida a Inmaculada, y esperamos que no sea la última vez que colabora con nosotros.

ESCENARIO CLÍNICO
Empecemos con un sencillo escenario clínico. Mujer de 34 años conocida, en su sexto mes de lactancia materna, que acude a nuestro lugar de trabajo a consultarnos por una preocupación que desde hace un tiempo tiene.  Ella está en tratamiento con paroxetina por un diagnóstico de depresión posparto, medicamento que toma desde hace cuatro meses. La paciente muestra preocupación por si “le pasará algo a su bebé por el medicamento” y está dispuesta a interrumpir la lactancia si fuese pernicioso aunque por ella “seguiría dando el pecho a su bebé por mucho más tiempo”. En la entrevista clínica vemos que ha intentado dejar el tratamiento pero siempre experimenta un síndrome de abstinencia muy desagradable que le hace persistir, además no refiere haber recibido otras terapias no farmacológicas ni se le ha ofrecido la posibilidad de psicoterapia. La mujer refiere que la contrataron mientras estaba embarazada de cinco meses, pero que después de la baja maternal “dejaron de contar con ella en la empresa”. Su pareja pasa meses fuera de casa por cuestiones de trabajo y no tiene soporte familiar pues su familia de origen es de otra ciudad. El embarazo no estaba planeado.

Siguiendo el algoritmo de decisiones lógico para la optimización de resultados farmacoterapéuticos, a pesar de que la pregunta inicial de la paciente tiene que ver con la seguridad, nosotros debemos previamente formular preguntas referentes a si el tratamiento está indicado y si está siendo efectivo, como pasos previos necesarios a la valoración del riesgo de morbilidad farmacoterapéutica y adherencia al tratamiento.




POSPARTO: ¿TRASTORNO O PROCESO?
En primer lugar: ¿qué entendemos por postparto? Desde el punto de vista temporal, ¿de cuánto tiempo estamos hablando? ¿De los cuarenta días tras el parto?, ¿De las 16 semanas que dura la baja maternal en nuestro país, o los dos primeros años del niño, momento en el  que está evolutivamente preparado para empezar a tener una imagen separada de sí mismo (la aparición del yo) y comienza a orientarse hacia el mundo más allá de la madre?

En esta serie de entradas que trataremos en el blog, consideramos que el puerperio comprende los dos primeros años de la vida del niño. Lo consideramos como un proceso y no como un momento temporal en el que pueden aparecer alteraciones emocionales en la madre. El puerperio es un proceso de vital de importancia para la vida psicológica de la madre y de su bebé.
En las clasificaciones médicas el postparto solo es descrito como un espacio de tiempo tras el parto. La depresión postparto, en las clasificaciones médicas y psiquiátricas se considera un trastorno emocional que aparece en ese contexto temporal. Es descrito como un síndrome, es decir como un conjunto de síntomas. Siendo un síntoma un emergente negativo, consecuencia de un desorden que hay que erradicar.

En la CIE 10 (Clasificación Internacional de las Enfermedades, según la OMS) lo incluyen dentro de los trastornos mentales y del comportamiento asociados a factores somáticos. Considerar un factor somático a lo que acontece en el cuerpo de la mujer para dar a luz a un bebé nos parece, de entrada, una visión bastante reduccionista. Esta definición deja completamente fuera el componente emocional del parto y del postparto.

De acuerdo al Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders,  en su cuarta edición (DSM-IV) se considera un episodio de depresión de presentación postparto si comienza dentro de las 4 semanas tras el parto, pero con un rango de inicio de hasta los 3 primeros meses postparto. Los síntomas pueden ser leves al inicio pero se perpetúan más allá de las 4 semanas.

Vemos que  el DSM y la CIE  manejan pronósticos  según el tiempo en que duren los síntomas, hablan de mayor o menor gravedad según la intensidad de los mismos y no valoran el contexto del parto y del postparto como una situación vital única e idiosincrática. Por el contrario, se usan los mismos criterios sintomáticos que para cualquier otro trastorno depresivo.

En los últimos años empieza a escucharse un nuevo concepto en los contextos clínicos en los que se aborda la depresión puerperal. El baby-blues (la propia sensibilidad de la madre ante su nueva situación) ya se considera un trastorno depresivo leve.

Si abordamos la depresión postparto desde esta visión médica y psiquiátrica, la desaparición de los síntomas sería el criterio de éxito respecto al propio trastorno. La madre y su bebé son como un telón de fondo donde el trastorno, que es lo que importa, es atendido en un primer lugar.
Incluso los abordajes psicosociales (los que contemplan dar apoyo a la madre, más allá de los psicofármacos), suelen llevar implícito un razonamiento de causa efecto: Si el funcionamiento de la madre antes del parto era adecuado y su funcionamiento después del parto está alterado negativamente. Conclusión: el parto  la ha alterado. Objetivo: que la madre recupere su forma de funcionar anterior al parto. Es decir, que se anulen las variables extrañas que han aparecido en el universo emocional de la madre para que esta  se convierta lo antes posible en un ser adulto y funcional.

En este punto cabría hacerse algunas preguntas: ¿quién va a sintonizar con el bebé, que obviamente no se expresa como un adulto funcional?, ¿Podríamos siquiera valorar que el nuevo “estar emocional” de la madre, que se manifiesta siempre, en todas las mujeres, después de dar a luz, podría tener alguna razón de ser?, ¿O es que, por falta de previsión de la naturaleza, todas las mujeres puérperas, corren el riesgo de deprimirse?

En el ámbito de la Salud Mental no se suele contemplar que ese nuevo estar de la mujer puede ser una herramienta útil y que podría ser un objetivo para los profesionales facilitarle a la recién madre el permanecer en esa sintonía emocional, simplemente aliviando lo que ella viva como desbordante.


PARTO y EL PUERPERIO: UNA VISIÓN PSICOLÓGICA.
Indefectiblemente el parto requiere una apertura física para que la criatura pueda salir. Aunque no es tan obvio ni tan conocido que, para que el parto se de, también es inevitable la apertura emocional de la madre, tan brusca que suele ser experimentada como una ruptura, como un antes y un después. A través de esta ruptura emocional la madre emerge a un estado de consciencia diferente. En los días después del parto y gracias al contacto físico con su bebé, partes de sí misma que han estado reprimidas a nivel insconsciente emergen a la consciencia. Cuestiones que tienen que ver con su infancia, con su propia madre, etc. Este estado no ordinario de consciencia es inevitablemente perturbador. La madre comienza a funcionar simultáneamente en dos mundos, el adulto y el bebé. Esos dos mundos se mezclan dentro de ella, lo cual le permite mantenerse fusionada con su bebé, que es lo que ambos necesitan para atravesar el puerperio con éxito. Con la intensa experiencia emocional del parto, fundamentalmente si en el parto se la deja fluir, la madre emerge en una sintonía de apertura emocional que le va a permitir la necesaria fusión emocional con su bebé.

Parte de un componente en esta fusión mamá-bebé, ya se ha reconocido científicamente recibiendo el nombre de bonding: el contacto ocular y epidérmico entre la madre y el recién nacido después del parto.

A fin de que una mujer pueda darle a su hijo lo que le imprescindible para toda la vida, es imprescindible que no se la separe del recién nacido(…) El bonding les da ambos la sensación de ser una sola persona (…). Ese contacto da a la criatura la seguridad y protección necesarias para que pueda confiar en su madre y le transmite a ésta una seguridad instintiva que la ayuda a entender y dar respuesta a las señales de su hijo. Esta primera familiaridad mutua se vuelve luego irrecuperable y su carencia puede impedir muchas cosas desde el principio.”

En algunos de los hospitales de nuestro país empieza a considerarse la importancia de no separar físicamente al bebé de su madre nada más nacer. Si bien, en general, los partos siguen siendo excesivamente instrumentalizados, y  suelen ser tratados como actos médicos. El primer paso para que la mujer pueda abordar bien su puerperio, es haber sido respetada en sus necesidades emocionales tanto en el embarazo como en el parto.

Si para que el parto sea una experiencia positiva como lo que es: un acto fundamental y único en la vida sexual de la mujer, es importante permitirle que se recoja en sí misma, en su ritmo y en sus sensaciones, para atravesar el postparto la mujer necesita  fluir a través de la gran sensibilidad que se le despierta. Tratar la sensibilidad de la madre como si fuera un trastorno y anestesiarla con fármacos puede ser un modo de separarla de su bebé, impidiendo la fusión emocional con él.

Es inherente al parto (incluso al propio embarazo) y por, supuesto, al  postparto la crisis emocional de la madre. Y no sólo de la madre, sino de la relación de pareja, si la hay, que tiene que dilatarse para dejar sitio al bebé. Pretender vivir esto sin ningún tipo de zozobra es negar la vida, los ciclos de la vida. La mujer deja sus ciclos circadianos para adentrarse en el tiempo sin tiempo que es la lactancia del bebé recién nacido. Sus ritmos de sueño se alteran, acompasándose a los del bebé. Sus hormonas también están alteradas, las grandes dosis de oxitocina  (la hormona del amor) que mantiene la segregación de la leche, fomenta el enamoramiento por el bebé con el que está fundida. De día no puede funcionar como si nada hubiera pasado. El padre, habitualmente, se convierte en una figura proveedora, que defiende al  ser mamá-bebé y le protege de las exigencias del mundo exterior. Rol que tampoco es sencillo en absoluto y que lleva a muchos hombres, a enfrentarse también a un momento crítico. Es muy frecuente que las parejas se desajusten con el nacimiento de los hijos, y muchas de ellas ya no consiguen recuperar la armonía tras este hecho.

La falta de sostén de la figura más próxima a la madre, habitualmente su pareja, por las propias dificultades con que dicha persona se encuentre, puede agravar también la sensación de desequilibrio emocional que ya de por si tiene la parturienta.  Y, aunque el entorno de la nueva madre fuera ideal, es inevitable que ella vaya a enfrentarse con aspectos desconocidos de sí misma que la perturben, tal y como apuntábamos antes.







Inmaculada Carrilero Aroca.
Psicóloga Especialista en Pisocología Clínica
Terapeuta Familiar
Directora de CEPSISIS (Centro de Psicoterapia Sistémica). Alicante.
icarrilero@cepsisis.es


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