jueves, 15 de diciembre de 2011

Plan para la prevención de problemas de salud añadidos a causa de la intervención antipsicótica


El siguiente plan de prevención de morbilidad derivada de la intervención antipsicótica va dirigido tanto a personas en tratamiento con antipsicóticos, como a profesionales sanitarios implicados directa o indirectamente en el proceso de prescripción.

Los farmacéutic@s clínicos y otros profesionales sanitarios (enfermer@) tienen un papel fundamental y un posicionamiento ideal dentro del sistema sanitario por su condición de agentes de salud sin conflicto de interés sobre el proceso de prescripción. Por ello estamos en condiciones de establecer Recomendaciones de Optimización Farmacoterapéutica (ROF) estructuradas dirigidas a los agentes sanitarios directamente implicados en el proceso de prescripción.

Las personas a las que se proponen este tipo de intervenciones deben tomar parte activa en la toma de decisiones de sus tratamientos y para ello deben tener una información veraz y ausente de sesgos y conflictos de interés.

Este es por tanto un posible plan que pone el acento en todos los resultados de salud no deseables que pueden derivar de la intervención antipsicótica. No las llamamos “reacciones adversas” porque la inmensa mayoría de ellas son prevenibles y su presencia o no depende directamente del uso de esta intervención. No son reacciones que “aparecen”, son eventos prevenibles.

Algunos de estos problemas sanitarios derivados de un mal uso de la intervención medicamentosa (o de un uso dictado por propósitos comerciales) son graves y algunos incluso paradójicos (psicosis inducida por antipsicóticos). Además son frecuentes, he omitido toda MFT infrecuente, tratando de diseñar un plan general del que puedan beneficiarse la gran mayoría de personas en tratamiento con alguno de estos fármacos.

El parámetro hace referencia al modo de monitorizar un evento prevenible, en ocasiones es una prueba bioquímica, en otras una escala psicométrica, en otras tiene que ver con preguntas. La Morbilidad Farmacoterapéutica (MFT) es el problema de salud que se quiere evitar con el plan y la periodicidad con que esta MFT debería ser revisada.

Parámetro
Morbilidad Farmacoterapéutica (MFT) a prevenir
Periodicidad*
Presión arterial tras incorporación
Hipotensión ortostática, Síncope (1)
Basal y cada mes (primeras 6 semanas de tratamiento)
Tirotropina, TSH, T4
Hipotiroidismo (2)
Basal y cada 3 meses
Electrocardiograma
Prolongación del intervalo QTc, Torsades de pointe, muerte súbita (3)
Basal y durante las primeras 6-8 semanas tras cambio en el tratamiento
Prolactina
Hiperprolactinemia, disfunción sexual y menstruación (4)
Basal y cada 3 meses
Transaminasas
Hepatotoxicidad
Basal y cada 3 meses
Análisis hematológico
Agranulocitosis (5)
Semanal  durante los primeros 6 meses. Luego cada 2 semanas los siguientes 12 meses. Más tarde cada mes.
Riesgo Cardiovascular (ecuación de Framingham)
Síndrome metabólico (6)
Basal y cada 1 mes
Glucosa, Hemoglobina glicosilada
Colesterol
Peso
Tensión arterial
Escala PRETEMED
Trombosis Venosa Profunda (7)
Basal y cada 6 meses
Educación al paciente
Carga Anticolinérgica
Golpe de calor (8)
Basal y en periodo estival.
PANNS- Subescala de síntomas negativos/
Carga Anticolinérgica
Síntomas Negativos (9)
Basal y cada 3 meses
Miniexamen cognoscitivo / UKU / AIMS
Carga Anticolinérgica
Discinesia Tardía (10)
Basal y cada 3 meses
Miniexamen cognoscitivo / UKU/ Carga Anticolinérgica
Síntomas Cognitivos (11)
Basal y cada 3 meses
Educación al paciente
Síndrome neuroléptico maligno (12)
Basal y hasta 2 semanas después del inicio. Luego cada mes.
Escala de movimientos
involuntarios normales
(AIMS)
Síndrome Extrapiramidal (13)
Basal y cada 3 meses
Entrevista estructurada/ UKU
Enuresis nocturna (14)
Basal y cada 3 meses
Registro temporal y tipificación de crisis epilépticas
Crisis convulsiva y/o exacerbación epiléptica (15)
Basal y cada 3 meses
Carga Anticolinérgica/ Mini Mental Test
Psicosis (16)
Basal y cada modificación en el tratamiento
* La periodicidad está referenciada a situaciones de estabilidad clínica y sin modificaciones en el tratamiento. Las filas en naranja se refieren a pruebas bioquímicas y otras pruebas diagnósticas, las filas en verde a parámetros antropométricos, las filas en rojo a constantes vitales y las filas en azul a cuestionarios/escalas psicométricas o entrevista estructurada. Más abajo se explica cómo calcular la carga anticolinérgica.
(UKU=Escala Udvalg-für-Kliniske-Undersogelser; AIMS= Escala de movimientos involuntarios normales; MFT=Morbilidad Farmacoterapéutica)

(1). Pueden producirla los antipsicóticos que tengan actividad alfa-bloqueante. El riesgo aumenta si la administración es parenteral y con la combinación con otros psicofármacos sedantes y/o alfa-bloqueantes (Aronson, 2006).

(2). En personas en tratamiento con quetiapina. Es dosis dependiente y reversible.

(3). Sería conveniente valorar, en un primer momento, el riesgo del paciente de sufrir este tipo de MFT. Para ello, debemos conocer los factores de riesgo y comprobar si el paciente los presenta. Los factores de riesgo son:
·        Otros medicamentos susceptibles de prolongar el intervalo QTc. Consultar la web: http://www.azcert.org/medical-pros/drug-lists/drug-lists.cfm. Tener en cuenta al llevar a cabo el análisis sistémico de la farmacoterapia que se trata de un factor de riesgo acumulativo y dosis-dependiente.
·        Antecedentes personales de Insuficiencia Cardiaca, Cardiopatía isquémica o Miocarditis.
·        Desequilibrios electrolíticos: Hipopotasemia, Hipomagnesemia.
·        Enfermedad cerebrovascular: Hemorragia subaracnoidea, Ictus isquémico, Encefalitis, Trauma craneal.
·        Bradicardia grave.
·        Alteraciones endocrinas: Hipertiroidismo, Hipotiroidismo.
·        Alteraciones nutricionales: Alcoholismo, anorexia nerviosa, dieta líquida proteica.
Si consideramos que hay riesgo, debemos en ese momento recomendar que se solicite un ECG si no se ha hecho ya, y medir de esta manera el intervalo QTc. En cualquier caso hay que tener presente que no se ha establecido el grado de prolongación del intervalo QT que se asocia con la aparición de arritmia grave para cada medicamento, ni tampoco el valor de dicha prolongación que requeriría la interrupción del tratamiento. En general, el riesgo de arritmia ventricular grave aumenta cuando el intervalo QT es superior a 450 milisegundos; si bien, las arritmias aparecen más frecuentemente con valores iguales o superiores a 550 milisegundos (CADIME, 2003).

(4). La hiperprolactinemia produce en la mujer un aumento del tamaño del pecho e inducción de la lactancia. Además se induce una disminución de la producción de hormonas gonadales, incluyendo estrógenos y testosterona lo que puede alterar e incluso interrumpir el ciclo menstrual. Tanto en hombres como en mujeres hay una interrupción del eje gonadal-pituitario-hipotalámico lo que provoca un descenso de la libido, disfunción eréctil y anorgasmia. Recordemos que esta MFT puede alterar la calidad de vida de los pacientes y es un fenómeno dosis-dependiente, es decir, en ocasiones, reduciendo la dosis puede resolverse el problema (American Psychiatric Association, 2004).

(5). Ocurre sobre todo con Clozapina, aunque también puede ocurrir con olanzapina y clorpromazina; con Clozapina se estima que ocurre neutropenia con una frecuencia del 3% y agranulocitosis con una frecuencia del 0,8%. Aunque se hagan recuentos periódicos la agranulocitosis puede pasar desapercibida ya que el descenso no ocurre paulatinamente sino bruscamente, como es más frecuente que esto ocurra durante las primeras semanas de tratamiento (en los dos primeros meses), quizás habría que estrechar en este periodo la monitorización. Es conveniente que el paciente conozca los síntomas que podrían estar asociados a este estado de agranulocitosis, como la infección local, leucoplaquia, eritema y alteraciones en la faringe. Si un paciente presentase estos síntomas podría estar justificado realizar un recuento leucocitario para salir de dudas. Un Plan de prevención de este tipo de MFT puede disminuir la morbi-mortalidad asociada de manera significativa como se ha demostrado en programas asistenciales llevados a cabo en Reino Unido. Un recuento leucocitario inferior a 3.000/mm3 o un recuento de neutrófilos inferior a 1.000/mmm3, requerirían la suspensión del tratamiento hasta que se las células remontasen hasta la normalidad.  

(6). El síndrome metabólico se define como la presencia de obesidad, diabetes, hipertensión y dislipemia. La causa subyacente parece ser el desarrollo de una resistencia a insulina. Cada uno de los parámetros metabólicos alterados constituye un factor de riesgo independiente de enfermedad coronaria y otros accidentes cardiovasculares como el ictus. Los antipsicóticos inducen un aumento de peso sustancial. En un ensayo clínico reciente los sujetos que tomaban olanzapina ganaban, de media, 1 kilo de peso al mes. A pesar de que las personas diagnosticadas de esquizofrenia pueden desarrollar diabetes por otros medios (falta de ejercicio físico, obesidad y dieta pobre, tanto clozapina como olanzapina aumentan el riesgo de diabetes aún más. Puede que el aumento en la incidencia de diabetes pueda deberse al aumento de peso (que es un factor independiente de desarrollar diabetes mellitus tipo 2), pero es posible que además haya otros mecanismos que afectan al metabolismo glucídico. El estudio de financiación independiente CATIE mostró un aumento sustancial en la glucosa plasmática así como en la hemoglobina glicosilada en aquellas personas que fueron tratadas con olanzapina en comparación con otros antipsicóticos. Además este tipo de MFT es frecuente. Alrededor de un 30%-40% de personas tratadas con olanzapina aumentan su peso un 7% en un periodo de 18 meses. La compañía farmacéutica Eli Lilly (comercializa Zyprexa®) llevó a cabo una estrategia en los medios de comunicación para extender la idea de que la diabetes es inherente a los trastornos mentales graves, distorsionando el foco de atención sobre la posible imputación farmacológica de este trastorno metabólico. Son muchos los estudios que han mostrado que la población de personas diagnosticadas de trastornos mentales graves con una evolución de su enfermedad crónica, mueren de forma prematura con respecto a la población general y que este exceso de mortalidad se atribuye a causas cardiacas y “otras causas naturales”. Algunos estudios han evidenciado que el uso crónico de antipsicóticos contribuye a este exceso de mortalidad. Los accidentes cardiovasculares y el ictus son eventos atribuibles a los antipsicóticos y para los que, de nuevo, existe un gradiente dosis-respuesta, es decir, a mayor dosis, más alteración metabólica y más riesgo de morbi-mortalidad de origen cardiovascular. En un estudio se comprobó empíricamente que las personas que recibían dosis altas tenían más probabilidad de morir por causas cardiovasculares que aquellos que recibían dosis inferiores o que no tomaban antipsicóticos. En otro estudio observacional donde se ajustaba el resultado de riesgo relativo a otros factores de confusión (como abuso de tabaco), evidenció que por cada antipsicótico añadido se incrementaba el riesgo de muerte 2,5 veces con respecto a la población general (Moncrieff J. , 2008).
El equipo PORT manifiesta en sus recomendaciones del 2010 el mismo problema de MFT y manifiesta que no hay evidencia alguna que soporte la indicación de estrategias de control de la obesidad (como la adición de un fármaco anorexígeno) (Buchanan, y otros, 2010). Para evitar el efecto cascada que se produce en ocasiones con los tratamientos, quizás lo más sensato es una vez más, evitar dosis elevadas y polifarmacia e incorporar las preferencias de los pacientes con respecto a otras posibles alternativas terapéuticas.

(7). La Trombosis Venosa Profunda (TVP) es una complicación que puede derivar en embolia pulmonar y ser fatal. Son varios los factores de riesgo que al ser acumulativos pueden suponer un riesgo alto de desarrollar esta complicación cardiovascular. La guía PRETEMED (Medrano-Ortega, Navarro-Puerto, Vidal-Serrano, Alonso Ortiz del Río, Gutiérrez Tous, & cols, 2007) es una gran herramienta a la hora de valorar el riesgo global de TVP que tiene una persona por la suma de procesos médicos (se excluyen procesos quirúrgicos). Es conveniente que hagamos esta valoración al ingreso hospitalario ya que en este contexto pueden sumarse factores de riesgo añadidos resultantes de procesos precipitantes (una infección por ejemplo) que pueda hacer que haya que tomar medidas profilácticas. La guía PRETEMED considera que si una persona congrega más de 4 factores de riesgo, habría que indicar medidas de tromboprofilaxis de tipo farmacológico con Heparinas de Bajo Peso Molecular (HBPM) a dosis profilácticas (por ejemplo Enoxaparina 40 mg/día), en ausencia de contraindicaciones (riesgo de hemorragia pero son pocos los casos que pudieran presentarlo). En la página 51 de esta guía podemos encontrar una tabla de estratificación de riesgo muy útil. En ella podemos comprobar que la Diabetes Mellitus, los antidepresivos, los antipsicóticos, la edad > 60 años, la obesidad (IMC>28) y el tabaquismo (>35 cigarrillos/día) son todos factores de riesgo independientes de TVP y pueden ser frecuentes en personas diagnosticadas de esquizofrenia. Muchos de estos factores de riesgo son MFT dosis-dependiente, lo que quiere decir que haciendo un buen uso (evitando dosis altas y polifarmacia) podemos disminuir considerablemente el riesgo de TVP sin necesidad de añadir al tratamiento una HBPM, lo cual ha sido confirmado en un estudio observacional reciente. Este estudio publicado en 2010 en BMJ, evaluó el riesgo de TVP de los antipsicóticos por clase farmacológica y dosis y evidenció que los antipsicóticos de segunda generación presentaban un riesgo de TVP significativamente superior (una vez ajustado a factores de confusión) y que se establecía un gradiente de dosis y de número de antipsicóticos proporcional al riesgo de TVP, es decir, el mismo proceso que para otras MFT vistas: más dosis y/o más antipsicóticos, más probabilidad de TVP y complicaciones derivadas (Parker, Coupland, & Hippisley-Cox, 2010).

(8). Una carga anticolinérgica alta inhibe la sudoración por lo que se aumenta el riesgo de sufrir un golpe de calor. El golpe de calor se caracteriza por una temperatura corporal superior 40ºC, que se acompaña de calor, piel seca, y anormalidades a nivel del sistema nervioso central como el delirio, convulsiones y coma (Bouchama & Knochel, 2002).

(9). El hecho de que los síntomas negativos formen parte de la evolución natural de la esquizofrenia o estén inducidos por el empleo crónico de antipsicóticos es un tema controvertido y ampliamente debatido. En los últimos años han surgido algunos estudios epidemiológicos de neuroimagen que avalan la hipótesis de que el uso prolongado de antipsicóticos reduzca el volumen cerebral en ciertas áreas lo cual estaría correlacionado con la sintomatología de tipo negativo. Es decir, los síntomas negativos que pueden evidenciarse en personas diagnosticadas de esquizofrenia no serían resultado de la evolución natural de la enfermedad sino que sería de carácter yatrogénico. Los estudios de neuroimagen reflejan que las personas diagnosticadas de esquizofrenia presentan un volumen cerebral inferior como resultado de una reducción de sustancia gris en el lóbulo frontal, parietal y occipital, hecho que se correlaciona con el uso prolongado de antipsicóticos en varios estudios donde además se evidencia un gradiente dosis-respuesta, es decir, a más dosis, más daño cerebral (Ho, Andreassen, Ziebell, Pierson, & Magnotta, 2011) (Moncrieff J. , 2008). El gradiente dosis-respuesta proporciona robustez causal a los estudios epidemiológicos por lo que es una hipótesis que hay que tomar en consideración.
Sería, por tanto, conveniente monitorizar la evolución de estos síntomas tras el inicio de la medicación, así como la variación en la sintomatología tras cambios en la carga antipsicótica y anticolinérgica.

(10). El nombre de discinesia tardía hace referencia a movimientos anormales, repetitivos e involuntarios que se manifiestan sobre todo en la boca y cara aunque también puede darse en el tronco y piernas. A diferencia del síndrome extrapiramidal, este trastorno no se inicia en un período de horas-días tras el inicio del antipsicótico sino tras varios meses e incluso años de exposición. En cualquier caso hay autores que mencionan este trastorno como un binomio “discinesia tardía-deterioro cognitivo”, ya que la alteración en el plano de la coordinación del movimiento viene acompañada con un deterioro cognitivo evidente, por lo que ambas manifestaciones pueden formar parte del mismo proceso. La asociación entre el uso de antipsicóticos a largo plazo y el desarrollo de esta disfunción cerebral está bien establecida, con una prevalencia entre el 20% y el 40% de personas expuestas crónicamente a este tipo de psicofármacos (mayor prevalencia entre personas de edad avanzada donde puede llegar a un 60%). Los antipsicóticos de segunda generación pueden contribuir a esta MFT de la misma manera que los de primera generación (Moncrieff J. , 2008) y en ocasiones de forma irreversible (aunque se suspenda la medicación no hay restauración funcional).

(11). Los pacientes crónicos institucionalizados presentan deterioro cognitivo. La relación entre psicosis y esquizofrenia ha sido ampliamente estudiada, pero las hipótesis causales difieren. Hay autores que sugieren que el deterioro cognitivo es una manifestación psíquica temprana de la experiencia psicótica, mientras otros autores sugieren que la dificultad en la capacidad de procesamiento racional y en la capacidad de comunicación y expresión pueden ser elementos que predispongan al desarrollo de una experiencia psicótica. En este contexto debemos integrar qué papel juegan los fármacos en la esfera cognitiva. Es sabido que en voluntarios, los antipsicóticos inducen un estado de déficit cognitivo, por lo tanto es posible que este efecto también se produzca en personas psicóticas. Sin embargo, no se ha estudiado convenientemente el efecto de los antipsicóticos sobre el deterioro cognitivo tras un brote psicóticos versus la experiencia psicótica sin antipsicóticos. Sin embargo, como hemos comentado para la discinesia tardía y la sintomatología negativa, la atrofia cerebral inducida por los antipsicóticos puede ser un mecanismo subyacente al deterioro cognitivo a largo plazo que se observa en sujetos que han desarrollado el binomio “discinesia tardía-deterioro cognitivo”. Cuando realicemos el análisis sistémico de la farmacoterapia debemos calcular la carga anticolinérgica total, la cual guarda correlación con un estado demencial inducido, en estos casos, debemos recomendar reducir esta carga anticolinérgica.

(12). El Síndrome Neuroléptico Maligno (SNM) se ha asociado a los antipsicóticos y otros fármacos que interaccionan con el sistema dopaminérgico a nivel central. Las características clínicas habituales son rigidez extrema, fiebre, inestabilidad vegetativa y alteraciones mentales. Los factores de riesgo más importantes son –de nuevo- una dosis elevada del antipsicótico, un ajuste de dosis demasiado rápido, la polifarmacia, y la agitación psicomotriz. El tratamiento fundamental consiste en medidas de soporte junto con la suspensión del agente –o los agentes- precipitante. La mayoría de los casos se producen durante la primera o segunda semana tras el inicio del tratamiento (o aumento de dosis), aunque puede aparecer en cualquier momento (las condiciones fisiológicas de nuestro organismo son cambiantes). El reconocimiento precoz del cuadro es lo fundamental en el pronóstico; por eso la mejor medida de monitorización es la educación/información al paciente (Lee, 2006).

(13). Algunos aspectos que pueden cobrar una especial relevancia son:
* La acinesia o bradicinesia: el paciente que padece este trastorno puede tener unos movimientos lentos, ser indiferente a los estímulos y presentar una limitación emocional, lo que recuerda a los síntomas negativos de la esquizofrenia, además de poder confundirse con lo que se denomina «depresión acinética». En definitiva, puede complicar el diagnóstico, cuando en realidad puede ser el efecto de manejar dosis demasiado altas de antipsicóticos o la polifarmacia.
*  Este efecto secundario resulta a menudo extremadamente molesto para los pacientes, es una causa frecuente de incumplimiento terapéutico y, si no se impide su persistencia, puede causar disforia y posiblemente una conducta agresiva o suicida. Algunos autores consideran que el tratamiento antipsicótico incrementa el riesgo de agresión o violencia, por la acatisia que potencialmente presentan y que ésta puede llevar al individuo al consumar el acto suicida.
* Es una MFT dosis-dependiente. No grupo farmacológico dependiente (no hay atipicidad, es una cuestión fundamentalmente de dosis y uso).

(14). La enuresis nocturna (emisión incontrolada e involuntaria de orina durante el sueño) es un problema que afecta a muchos niños, mermando en ocasiones la calidad de vida de estos y su autoestima.  Sin embargo puede ser también un efecto secundario de los antipsicóticos de segunda generación. Desde 1990 este evento adverso se venía describiendo en algunos casos clínicos, si bien, es probablemente uno de los efectos secundarios menos conocidos de los antipsicóticos. Un estudio reciente publicado en el British Journal of Psychiatry (Harrison-Woolrych, Skegg, Ashton, Herbison, & Skegg, 2011) que comentamos en el blog (http://www.tecnoremedio.es/2011/06/eneuresis-nocturna-un-trastorno.html) puso el foco en este tipo de MFT. El gran hallazgo de este estudio es que uno de cada cinco personas entre 15 y 64 años que están en tratamiento con clozapina, están experimentando enuresis nocturna desde que iniciaron el tratamiento antipsicótico y que este riesgo es sólo un poco más bajo para los que estén en tratamiento con olanzapina, riesperidona o quetiapina. La frecuencia con que ocurre la enuresis nocturna es bastante mayor a la que estaba descrita en base a ensayos clínicos (sobre un 0,5%), lo cual confirma que la evidencia aportada por los ensayos clínicos en cuanto a reacciones adversas suelen infraestimar la magnitud de la morbilidad medicamentosa. Como ya viene siendo habitual, el uso de polifarmacia antipsicótica incrementaba el riesgo.

(15). Los antipsicóticos más epileptógenos son quetiapina, olanzapina y clozapina (Alper, Schwartz, Kolts, & Khan, 2007). Es un efecto adverso dependiente de la dosis. Otros factores de riesgo son: electroencefalograma anormal de base, anormalidades orgánicas en el SNC previas, la administración parenteral, las dosis altas y los antecedentes de crisis febriles o de otro tipo. En ocasiones la aparición de crisis motiva el empleo de antiepilépticos en lugar de suprimir el factor etiológico (reducción de dosis de antipsicóticos y/o de la polifarmacia) contribuyendo a aumentar la MFT por efecto de cascada. Debemos por tanto intervenir en estos casos de manera que se trate de realizar la modificación adecuada (racionalización del tratamiento psicofarmacológico inicial).

(16). Que los antipsicóticos puedan inducir psicosis puede resultar paradógico pero no lo es si tomamos en consideración la carga anticolinérgica global del tratamiento psicofarmacológico. Históricamente podemos remontarnos a la forma en que las brujas se inducían estados alterados de consciencia empleando plantas de la familia de las Solanáceas, cuyo componente psicoactivo es un conjunto de moléculas con actividad anticolinérgica central. Recientemente un estudio ha medido la Actividad Anticolinérgica Sérica (AAS) (prueba de laboratorio) y ha encontrado una correlación directa y significativa entre una AAS elevada y un deterioro cognitivo más pronunciado (Mulsant, Pollock, & Kirshner, 2003) y en otro estudio se observó una correlación entre la AAS y el riesgo de delirio como se puede observar en la gráfica (Maldonado, 2008). Por lo tanto, una carga anticolinérgica total elevada (fruto de polifarmacia antipsicótica por ejemplo), podría aumentar el riesgo de psicosis atropínica que se acompaña de deterioro cognitivo, pero claro, ¿Quién distingue esto de una psicosis en un paciente con sintomatología negativa? La diferencia estriba en que si lo nombramos de la primera forma, la estrategia a seguir es disminuir dosis y polifarmacia y si la nombramos de la segunda forma la estrategia es aumentar dosis y añadir polifarmacia.

 ¿Cómo calcular la carga anticolinérgica del tratamiento farmacológico?
o   Carga Anticolinérgica Total (CAT). Se calcula empleando la siguiente fórmula (Martínez-Granados, Climent-Grana, Pérez-Martínez, Ordovás-Baines, Selva-Otaolaurruchi, & Bernabéu-Martínez, 2011).
donde,
AAI = Actividad Anticolinérgica Total
DP = Dosis Prescrita
DDD = Dosis Diaria de Mantenimiento
FDP = Factor de Dosis Prescrita
P = Potencia anticolinérgica

Las DDD pueden ser extraídas de la Organización Mundial de la Salud en http://www.whocc.no/atc_ddd_index/
La potencia anticolinérgica de algunos psicofármacos la podéis encontrar en la siguiente tabla basada en un estudio que analizó la AAT considerando su distribución tisular al Sistema Nervioso Central y que va del 0 (nulo) al 4 (AAI>15 pmol/ml) (Chef M, 2008).
Psicofármaco
Potencia anticolinérgica
Amitriptilina
4
Paroxetina
3
Nortriptilina
3
Citalopram, escitalopram
2
Mirtazapina
2
Duloxetina
1
Difenhidramina
3
Clozapina
4
Tioridazina
4
Clorpromazina
3
Olanzapina
3
Quetiapina
2
Donezepil
1
Topiramato
1
Litio
2
En esta fórmula hay que integrar la totalidad de fármacos con actividad anticolinérgica y con capacidad de atravesar la barrera hematoencefálica (es decir, los que pueden inducir un síndrome anticolinérgico central). Consultar la tabla del estudio original referenciado para tomar el dato de la potencia.

Escala psicométrica para evaluación de la Morbilidad Farmacoterapéutica (MFT).
Hay una herramienta que nos puede ser útil en esta tarea de identificar Oportunidades de Optimización Farmacoterapéutica. Se trata de la escala que ya hemos mencionado anteriormente, la Escala Udvalg-für-Kliniske-Undersogelser (UKU) (Linjaerde, Ahlfors, Bech, Dencker, & Elgen, 1987). Se trata de una escala que se divide en tres apartados:
ü  El primero consiste en un cuestionario de registro de efectos secundarios que comprende 48 ítems, repartidos en 4 subgrupos (síntomas psíquicos, neurológicos, autonómicos y otros). Cada uno de los ítems se puntúan según una escala de 4 grados de intensidad, construida siguiendo el principio general:
                           0 = Ausencia o presencia  dudosa del efecto secundario.
                           1 = Presencia en grado ligero.
                           2 = Presencia en grado moderado.
                           3 = Presencia en grado severo.
               De forma paralela e independiente, se valora la relación causal de los efectos secundarios con el fármaco, como improbable, posible o probable. Si por alguna razón alguno de los síntomas no puede ser evaluado, se debe marcar su cuadrícula correspondiente en la columna No Evaluable (NE). El cuestionario debe aplicarse en forma de entrevista semiestructurada, en la cual se aplica la escala punto por punto, aunque no necesariamente en el mismo orden. En otros casos, podemos utilizar el cuestionario de forma parcial.
ü  El segundo apartado consiste en la valoración de la interferencia que los efectos secundarios provocan en las actividades diarias del paciente. Dicha valoración debe ser hecha por el paciente mismo y por el médico o quien realice la evaluación. De la misma se obtienen cuatro posibles opciones:
0 = Ausencia de efectos secundarios.
1 = Efectos secundarios ligeros que no interfieren con la actividad diaria.
2 = Efectos secundarios que interfieren moderadamente con la actividad diaria.
3 = Efectos secundarios que interfieren intensamente con la actividad diaria.
ü  El tercer apartado establece las consecuencias que la presencia de los efectos secundarios tiene sobre la continuación del tratamiento, con cuatro alternativas:
0 =  No hay cambios en los planes terapéuticos.
1 = Evaluación más frecuente del paciente, pero sin reducir dosis, y/o tratamiento ocasional de los efectos secundarios.
2 = Reducción de las dosis y/o tratamiento permanente de los efectos secundarios.
3 =  Discontinuación del tratamiento o cambio a otra alternativa.

Morbilidad Farmacoterapéutica (MFT) por SOBREDOSIFICACIÓN

Es frecuente que nos encontremos pacientes que están en tratamiento con antipsicóticos a dosis por encima de las establecidas. Desde las primeras publicaciones de las recomendaciones PORT en los años 90 del siglo XX, es una constante el hecho de que la práctica clínica vive alejada de la evidencia científica y, en concreto, las dosis empleadas por los sistemas sanitarias sobrepasan considerablemente los márgenes establecidos (Lehman & Steinwachs, Schizophrenia Patient Outcomes Research Team (PORT) Client Survey, 1998). Resultados que fueron reproducidos en nuestro país donde además, dosis más altas se correlacionaban con peores resultados en cuanto al control de síntomas (Martínez-Granados, Martínez-Moñino, Pol-Yanguas, Ivorra-Cano, & Villar-Malpica, 2005).
Emplear dosis de antipsicóticos por encima del margen terapéutico añade sin duda Morbilidad Farmacoterapéutica (MFT) como acabamos de ver en la tabla anterior donde la gran mayoría de MFTs son graves (potencialmente mortales) y dosis-dependiente o polifarmacia-dependiente.
Por otro lado, no hay un aumento en la efectividad terapéutica que alcanza una meseta en su curva dosis-efectividad, por lo que aumentando dosis, no se consigue un mayor control clínico.
Entonces, ¿por qué se persiste en esta práctica tan extendida?
Es posible que la neuroadaptación inducida por el uso crónico de antipsicóticos (que explican fenómenos como la tolerancia al efecto o el síndrome de abstinencia) sea una de las causas por las cuales se pierde efectividad al efecto antipsicótico y esto lleva a la falsa creencia de que aumentando dosis se consigue restituir la eficacia, sin bien esto no es cierto, ya que la meseta en la efectividad clínica es un hecho que se mantiene a lo largo del tiempo aunque se aumenten dosis (Samaha, Seeman, Stewart, Rajabi, & Kapur, 2007) y por ello el equipo PORT ha definido el margen terapéutico. Otra posible explicación es la falta de percepción del equipo sanitario de que el tratamiento antipsicótico pueda ser nocivo, y otra la no integración de las limitaciones de esta intervención sanitaria (dificultad para los profesionales sanitarios en reconocer limitaciones en las intervenciones que se proponen). El interés comercial que hay detrás de la venta de antipsicóticos nuevos contribuye sin duda a esta situación ya que este empoderamiento pervierte en ocasiones la formación de los profesionales sanitarios, lo cual puede contribuir a la alteración en la percepción clínica de que las intervenciones no son perjudiciales y que el beneficio neto no es negativo para la salud.


Paco Martínez Granados
Farmacéutico Especialista

Trabajos citados

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Aronson, J. (2006). Meyler's Side Effects of Drugs The International Encyclopedia of Adverse Drug Reactions. Oxford: Elsevier.
Bouchama, A., & Knochel, J. (2002). Heat Strocke. N Engl J Med , 346 (25), 1978-88.
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miércoles, 9 de noviembre de 2011

¿Cómo son los cimientos sobre los que se fundamenta la psicofarmacología moderna? Revisión de seis décadas de investigación en psicofarmacología

Changes in Clinical Trials Methodology Over Time: A Systematic Review of Six Decades of Research in Psychopharmacology.Brunoni AR, Tadini L, Fregni F. Plos One, 2010; 5(3): e9479

Gracias a Nuria Homedes, editora de Boletín Fármacos, que por cierto es un recurso imprescindible en actualización e información no sesgada sobre uso de medicamentos, me ha llegado el trabajo que hoy comentamos y que me ha resultado de gran interés.
El estudio analiza la evolución de la calidad metodológica desde los inicios de la investigación en psicofarmacología, y es muy relevante ya que este constituye un análisis tanto de los cimientos de la psicofarmacología moderna como de la situación actual en cuanto a la validez interna de los ensayos clínicos. Este asunto es importante porque la calidad de los estudios nos proporciona conocimientos acerca de los límites o el alcance de las conclusiones establecidas. Y esto debería condicionar nuestra actitud frente a verdades establecidas que muchas veces no se entiende que estas verdades provengan de estudios con tantas limitaciones. Es como sobredimensionar el verdadero alcance del conocimiento que los ensayos clínicos generan. Pero vayamos al estudio de hoy…

Vayamos al inicio, a los cimientos de la psicofarmacología humana. 

Después de la Segunda Guerra Mundial hubo una explosión en investigación farmacológica y creció el interés por los ensayos clínicos. Este entusiasmo también se dio en psicofarmacología, cuya era moderna no empezó hasta el año 1949, cuando se reintrodujo litio para su uso en psiquiatría. Más tarde se incorporaron clorpromazina (1954), imipramina (1958) y algunos otros. La aparición de estas nuevas herramientas terapéuticas supuso un cambio no sólo en la práctica psiquiátrica sino también en el campo de la investigación, ya que hasta entonces había habido poca investigación en este campo y se tenía que confrontar el reto de diseñar metodologías específicas para los psicofármacos. Este reto fue el que generó, entre otras cosas, el desarrollo de la psicometría como una forma de cuantificar la sintomatología psiquiátrica y la publicación del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM). Paralelamente el diseño metodológico en la farmacología clínica seguía evolucionando; se introdujeron nuevos diseños que reforzaron los elementos de cohesión y validez interna en los estudios, como el cegamiento, los métodos de aleatorización, o las medidas de impacto.

En la actualidad, según comentan los autores de este estudio en la introducción, la psicofarmacología se enfrenta a nuevos retos importantes. Por ejemplo, aunque se han comercializado multitud de fármacos para las mismas indicaciones, aún teniendo mecanismos de acción diferentes, no parece que ninguno de estos avances neuropsicofarmacológicos entrañe un avance real en la efectividad clínica de estos productos en las afecciones psiquiátricas. O este otro: las variables de resultado que se emplean como indicadores de garantías clínicas (efectividad) son variables subrogadas y escalas de gravedad que no están exentas de cierto grado de subjetividad. Por otro lado, los criterios diagnósticos del DSM están muy encaminados a que los estudios psicofarmacológicos sean operativos, es decir que se requiere la presencia de un mínimo de sintomatología para poder establecer un diagnóstico, pero configura una pseudorealidad (o ficción) que dista mucho de la práctica clínica. Por lo tanto, es lícito y está justificado preguntarse si los ensayos psicofarmacológicos son metodológicamente adecuados y si consideramos que no, hay que preguntarse por qué no se ofrecen soluciones a estos retos, debemos plantearnos qué debemos cambiar, cómo hacer avanzar en definitiva la forma que tenemos de generar conocimiento en psicofarmacología.

Por lo tanto conocer cómo ha sido la calidad metodológica de los estudios en psicofarmacología actuales y en el pasado es necesario para avanzar en el conocimiento futuro. El objetivo de este estudio es examinar los cambios en el diseño metodológico acaecidos en los últimos 60 años revisando estudios publicados en revistas de alto impacto. 

Para ello se desarrolló un checklist basado en revisiones metodológicas de ensayos clínicos anteriores con el objetivo de trabajar los siguientes aspectos:
(1). Características generales (nombre de autores, año de publicación, revista científica y declaración de fuentes de financiación).
(2). Presencia de resúmenes. Se chequeaba la presencia o no de los apartados de antecedentes, métodos y resultados en los resúmenes de los artículos.
(3). Diseño del estudio. Se valoró el número de centros (uni- versus multicéntrico), si hubo período de lavado, si uno de los brazos recibió placebo, el diseño del estudio (2 brazos, 3 brazos, otros), y si el análisis fue por intención de tratar o no.
(4). Participantes. Se registró el tamaño muestral, si se registró el consentimiento informado de los sujetos que formaron parte de los estudios, los criterios de selección (claros/no claros), el método por el cual se valoró la severidad del diagnóstico (juicio personal/ escalas psicométricas), y cómo se realizó la confirmación del diagnóstico (entrevista clínica/ cuestionario estructurado).
(5). Metodología. Si el método de aleatorización fue adecuado (si/no/sesgado), si se informó sobre el cálculo del tamaño muestral, y si la hipótesis principal del estudio se definió de forma adecuada.
(6). Resultados. Si se llevó a cabo un análisis comparativo de las características basales, si se incorporaron variables de efectos adversos, si se describieron los motivos de abandono (adecuado/ inadecuado), y si se realizaron test paramétricos (si/no).
(7). Conclusiones. Se valoró si las conclusiones eran positivas, negativas o eclécticas y si estas conclusiones eran coherentes con los resultados del estudio (consistente/inconsistente/dudoso).
Los criterios empleados para la clasificación de la información se presentan en una tabla que se puede observar en este enlace: http://www.plosone.org/article/info:doi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0009479

Se revisaron noventa y cuatro estudios, 24 (26,7%) con clorpromazina, 20 (21%) con litio, 8 (8,9%) con diazepam, 6 (6,7%) con clozapina y otros tantos con lamotrigina, 16 (17,8%) con fluoxetina y 11 (12,2%) con risperidona. La mayoría de los estudios fueron publicados en el BJP (30, un 33%), en el JCP (20 ensayos, 22%), y en el AJP (19 estudios, 21%). No se identificó ningún estudio publicado en el NEJM. Veintidós estudios fueron anteriores al año 1961, 23 se llevaron a cabo en el período de 1962-74, otros 22 ensayos se desarrollaron de 1975-89 y otros 22 de 1990 al 2003.

No se consiguió clasificar la fuente de financiación de 48 estudios (52%). Se clasificaron 36 estudios como de financiación pública y 7 de financiación privada. El tema es que los ensayos más recientes tienen un gran número de autores, y suelen declarar una o incluso varias fuentes de financiación de todo tipo (públicas y privadas). Por lo que muchos de estos casos fueron clasificados como “fuente de financiación no definida”. Pero como este fue el caso de un 52% de los estudios, no se llevaron a cabo más análisis estadísticos sobre este aspecto.
En las tablas 2 y 3 del estudio pueden verse todas las características descritas con sus respectivos análisis.  Ver en el enlace que se ha proporcionado.
En cuanto a la evolución de la publicación de resúmenes, con el tiempo se observó una clara mejoría en la calidad de las publicaciones de todas las secciones que componen un resumen (p<0.001 para todos los análisis). Esto puede verse en la figura 4 del estudio original.

Los criterios de selección de los sujetos de estudio también se han definido cada vez mejor (p<0.001). Algunos ejemplos que los autores encontraron de falta de claridad en los criterios de selección fueron “una ansiedad lo suficientemente severa como para necesitar un tranquilizante”, “los pacientes no tratados que estuviesen más perturbados y agresivos”, “pacientes que necesitasen ECT”, y “cuando la clorpromazina fuera considerada el tratamiento de elección”. También hay una clara evolución en los métodos confirmatorios de diagnósticos previos al ensayo clínico, ya que antes solían basarse en entrevistas clínicas, mientras que los nuevos estudios suelen basarse en entrevistas estructuradas (p<0.01). Lo mismo que en la evaluación de la severidad sintomática que antes se basaba en el “juicio clínico” mientras que en los estudios más recientes se basan en escalas psicométricas (p<0.01).

Asimismo se evidencia una clara evolución en los métodos de cegamiento del tratamiento activo, ya que en los estudios antiguos este en realidad era probable que no se llevase a cabo de forma adecuada, por lo que los estudios más antiguos podrían estar favoreciendo mediante un sesgo de cegamiento a los tratamientos activos.

El cálculo del tamaño muestral se ha empezado a describir en los estudios con el transcurso del tiempo (p<0.01). Quizás una consecuencia de esto es que el tamaño muestral ha ido aumentando (p=0.04 y p=0.03 tomando la variable “año” como continua y como ordinal respectivamente), aunque es también probable que este aumento se deba a estudios puntuales que se han llevado a cabo en periodos recientes y que tienen tamaños muestrales muy superiores al resto, más que ser una tendencia generalizada en todos los estudios recientes. El consentimiento informado de los pacientes también ha ido mejorando con el tiempo (p<0.01).
Durante la revisión también se detectaron estudios que violaron los criterios éticos; por ejemplo en un ensayo clínico en el que se pasaban a los pacientes de litio a placebo sin que estos fuesen informados de esta posibilidad.

Uno de los pocos aspectos que no ha evolucionado con el tiempo es el uso de placebo: el número de estudios controlados con placebo no ha cambiado con el paso de los años (p=0.13 para años tanto como variable continua como ordinal). Otros rasgos diferenciales de los nuevos estudios han sido la incorporación de un periodo de lavado al inicio del estudio, el diseño multicéntrico y el análisis por intención de tratar (p<0.01 para todas las variables).

Seis estudios tuvieron un claro sesgo en la aleatorización y asignación de los sujetos de estudio. Todos estos casos se clasificaron como inadecuados a pesar de que el método que siguieron estaba descrito. El análisis mostró que, aunque sí que hubo una evolución positiva en la descripción del método de aleatorización con el tiempo (p=0.01 y p<0.01 para años como variable continua y ordinal respectivamente), la asignación aleatoria de los sujetos no varió (p=0.39 y p=0.08 para años como variable continua y ordinal respectivamente). Este análisis debe ser contextualizado por el hecho de que el número global de estudios que describieron tanto el método de aleatorización como el método de asignación de los sujetos fue bajo (18% y 10% respectivamente).

En cuanto al cegamiento, 8 estudios no lo llevaron a cabo y 4 compararon intervenciones farmacológicas con intervenciones no farmacológicas por lo que tampoco hubo cegamiento. Un estudio empleó un brazo sin tratamiento, uno se declaró inicialmente como doble ciego pero más tarde los pacientes y médicos descubrieron la asignación porque los comprimidos empleados tenían un tamaño, color y número diferente en uno y otro brazo. En un estudio se realizaban pruebas sanguíneas sólo a los pacientes de uno de los brazos. En otro estudio los sujetos conocían su asignación. Finalmente los 83 estudios restantes emplearon un diseño de doble ciego.
En la sección de resultados, los estudios más recientes informaron mejor sobre comparación de los grupos basales (p<0.01) y efectos secundarios de fármacos (p<0.01), pero no se experimentó ningún cambio en la descripción de los motivos de abandono (p=0.34 y p=0.41 para años como variable continua y ordinal respectivamente). Con el tiempo, se empleó más la expresión estadística p y se detectó un aumento del uso de tests estadísticos paramétricos (p<0.01 para ambos parámetros).

Un ejemplo de otro de los aspectos de calidad metodológica que analizaron los autores: si las conclusiones (cómo presentan su contenido) se corresponden con los resultados y análisis proporcionados por el propio estudio. En un estudio de lamotrigina versus placebo, encontraron que el fármaco activo "se asocia a una eficacia superior", aunque esto sólo era cierto para algunos, pero no para todos los análisis que se llevaron a cabo. Un ejemplo de un estudio de conclusiones inconsistentes fue uno con un tamaño muestral muy bajo, 23 sujetos con manía donde se concluye que "litio es superior en todas las escalas, aunque no hubo diferencias estadísticamente significativas en ninguna de ellas". Los autores justificaban esta conclusión arguyendo que debido a la naturaleza de la enfermedad estudiada y a la naturaleza del psicofármaco, había barreras metodológicas que nunca podrían ser resueltas. Curiosamente, los 17 estudios que desarrollaron conclusiones inconsistentes, como el del ejemplo anterior, tenían sesgos metodológicos importantes.

Se observó que los estudios más recientes mostraron conclusiones más consistentes con los resultados que habían obtenido, en comparación los estudios previos (p<0.01), una asociación que continuó siendo significativa después de introducir  la variable “resultados positivos o negativos” en el modelo (p<0.01). No se evidenció ninguna tendencia hacia la publicación de resultados positivos en comparación con resultados negativos o dudosos (p=0.16).
Los autores hacen las siguientes interpretaciones de los resultados: El estudio muestra cómo efectivamente ha habido un cambio en la calidad metodológica de los estudios en psicofarmacología durante los últimos 60 años de manera que los ensayos clínicos son de más calidad y presentan una validez interna superior.

La inmensa mayoría de las variables de calidad que se han analizado han experimentado una mejoría en el tiempo, incluyendo la descripción del resumen, la expresión de diferencias estadísticas utilizando el valor de la p, el cálculo del tamaño muestral, el registro de eventos adversos, la definición más precisa de los criterios de selección o el análisis por intención de tratar. Los estudios más recientes están menos sesgados que los del pasado en cuanto a los métodos de aleatorización y cegamiento. Además las conclusiones proporcionadas en los estudios nuevos son más consistentes con sus resultados. Los tamaños muestrales cada vez han sido mayores, y el diseño de dos brazos ha ido sustituyendo al de tres brazos. Otros criterios no han cambiado,  por ejemplo el uso de placebo ha permanecido invariable.
Los autores valoran como algo positivo el hecho de que se emplee la psicometría para cuantificar las variables de resultado, sobre todo teniendo en cuenta que esto se hacía según “juicio médico” con anterioridad a las escalas psicométricas.

Cada vez son más numerosos los ensayos multicéntricos y lo que es más relevante: el tamaño muestral. Los motivos que los autores barajan son: (1) aspectos económicos y éticos para incorporar más pacientes de los necesarios para testar la hipótesis principal, (2) por evolución estadística permitiendo estimaciones cada vez más precisas del tamaño muestral, (3) aumento del rigor científico ya que los investigadores deben enunciar la hipótesis principal a priori, (4) preocupación por obtener resultados negativos y que estos se deban a una falta de poder estadístico.

La validez interna de los estudios ha ganado con el tiempo debido a que cada vez más se utiliza más frecuentemente el análisis por intención de tratar, minimizando los sesgos por abandono del tratamiento.

Conclusiones de los autores: La irrupción de la ciencia psicofarmacológica en psiquiatría despertó retos importantes en el campo de la investigación. Algunos de esos retos fueron la precisión en la definición criterios diagnósticos y de las variables de respuesta (a través de la psicometría). Como resultado, la calidad interna de los ensayos clínicos en psicofarmacología ha mejorado en los últimos 60 años, sobre todo en lo que se refiere a aspectos fundamentales de la validez interna como el método de aleatorización, asignación, método estadístico, aspectos éticos y demás. Sólo el uso de placebo ha permanecido invariable con el tiempo. Los cambios acontecidos han mejorado la eficiencia y la validez interna a través de la identificación de sesgos potenciales sistemáticos. Sin embargo hay aún camino por recorrer y aspectos que deben evolucionar, como por ejemplo la construcción de herramientas psicométricas, la definición de criterios diagnósticos y otros aspectos metodológicos. Por lo tanto, a pesar de la mejoría con respecto al pasado, aún no podemos afirmar que estamos realizando ensayos clínicos de óptima calidad.

Comentario al estudio:
Los hechos dilucidados por el trabajo son los expuestos por los autores, pero las lecturas y repercusiones son varias. Decir que la calidad metodológica de los ensayos clínicos en psicofarmacología ha aumentado es lo mismo que decir que el soporte científico que constituye el cimiento de la psicofarmacología moderna está plagado de sesgos metodológicos. Por tomar un ejemplo, sólo recientemente se ha integrado el hecho de que hay abandonos en los ensayos clínicos y se hace un análisis por intención de tratar, algo fundamental en la medición precisa de los resultados; otro resultado manifestado por este trabajo es que en los ensayos clínicos del pasado, la inclusión de los sujetos de estudio y la valoración de los resultados se hacían a “juicio médico”. Esto nos debería poner en posición crítica y de incertidumbre acerca de las intervenciones psicofarmacológicas que se emplean en la actualidad, ya que estas se basan en las del pasado.
Casi todos los aspectos metodológicos importantes en la valoración de la validez interna de los ensayos clínicos han evolucionado positivamente. Pero estamos muy alejados de una situación que los sistemas sanitarios podamos considerar aceptable, por lo siguiente:
1.      El principal comparador de los fármacos activos ha sido, es y ¿seguirá siendo? un placebo. Esto no ha cambiado en 60 años. Los autores apuntan a que se debe a un menor requerimiento en el tamaño muestral porque se amplifica la señal de respuesta y a que no hay consecuencias éticas por emplear placebo a corto plazo en un paciente diagnosticado de trastorno mental grave. Pero hay consecuencias que los sistemas sanitarios no pueden seguir permitiéndose.
Mientras se siga comparando con placebo, se hace muy fácil la proliferación de fármacos nuevos, y muy difícil que los sistemas sanitarios puedan posicionarse en términos de algoritmos de tratamiento óptimos y en términos de financiación. ¿Por qué tenemos que financiar fármacos que no suponen ningún avance terapéutico? Esto se evitaría si sustituimos el placebo por otro comparador (incluso cambiando el diseño por uno de no superioridad), y restringiendo la comercialización de fármacos nuevos que no demuestren un avance. Pero mientras el único requerimiento sea demostrar eficacia frente a placebo, el engranaje comercial está garantizado. Y la supeditación de los sistemas sanitarios –y de los ciudadanos- a este engranaje comercial también. Porque luego los recursos disponibles para encontrar ese posicionamiento terapéutico y económico son muy escasos, y cada vez más (recortes). Es decir, no se invierte en el lugar adecuado (en términos de calidad asistencial) y sí se invierte en el lugar adecuado (en términos de beneficios para la industria farmacéutica).
Lo de que no hay conflictos éticos en utilizar placebos a corto plazo en personas diagnosticadas de trastornos mentales graves es como mínimo, una contradicción.
2.      Si las herramientas psicométricas y de definición de criterios diagnósticos como el DSM nacieron para proporcionar operatividad a la investigación psicofarmacológica, ¿por qué no se restringen estas herramientas al campo de la investigación?, ¿qué sentido tiene emplear algo que tiene un fin operativo y de investigación en algo que tiene que ver con un diagnóstico (que es un proceso de mayor complejidad y que está orientado a la restitución de un desequilibrio, es decir, a obtener un resultado sanitario en el mundo real y no en condiciones experimentales)?
3.      Otro dato revelado por el estudio es que con el tiempo, cada vez se han empleado más tests paramétricos. Esto tiene la ventaja de que es más fácil financiar los estudios (porque requieren un tamaño muestral menor y por tanto el coste para la industria es menor), pero enormes desventajas a la hora de extrapolar resultados a pacientes en el mundo real. En primer lugar esta herramienta estadística no permite expresar resultados en términos de tasas de respuesta o recaídas. Pero esta restricción no se aplica. Se dicotomiza una variable que tiene una naturaleza continua y no dicotómica, de manera que se distorsiona la relevancia clínica real de las tasas de respuesta (Moncrieff & Kirsch, 2005). Esto es premeditado, ya que se magnifica la repercusión clínica de un efecto farmacológico. Recientemente se han reconvertido en un metaanálisis los efectos de los antipsicóticos expresados mediante escalas psicométricas a un impacto clínico real y se ha comprobado que la repercusión clínica real es sustancialmente menor (Lepping, Sambhi, Whittington, Lane, & Poole, 2011). Por lo tanto este aspecto debería ser inasumible por parte de los sistemas sanitarios, y es un elemento de los ensayos clínicos que debería ser optimizado hasta niveles aceptables. Una forma sería la incorporación de variables duras como tasas de suicidio, hospitalizaciones, grado de reinserción social o calidad de vida.
4.      Otro dato llamativo es que aún en la actualidad, el número global de estudios que describen tanto el método de aleatorización como el método de alocación de sujetos no sobrepasa el 20%, y como bien comentan los autores, dos pilares tan importantes en la valoración de la calidad metodológica no se puede entender el motivo de ocultarlos, sobre todo el la actualidad, donde se puede publicar material web adjunto al artículo, y por tanto no hay problemas de límite de espacio.
5.      Otro aspecto que no ha evolucionado en 60 años es la descripción y publicación de los motivos de abandono de los ensayos clínicos, algo que puede proporcionar una información muy valiosa ya que los abandonos son en sí mismos una variable de resultado de gran valor, puede que de mayor valor que las variables psicométricas.
Este estudio es de gran relevancia porque pone en evidencia los retos que debería asumir la investigación en psicofarmacología, sobre todo de cara al uso de estas intervenciones por parte de los sistemas sanitarios. Necesitamos en definitiva que los esfuerzos y la inversión se concentren en maximizar garantías y no tanto en multiplicar moléculas. Además puesto que los cimientos de gran parte de la práctica psiquiátrica están fundamentados en sesgos metodológicos importantes, debemos mantener una actitud crítica acerca de las intervenciones psicofarmacológicas que actualmente “se dan por sentadas”. 

Paco Martínez-Granados

Trabajos citados

Lepping, P., Sambhi, R., Whittington, R., Lane, S., & Poole, R. (2011). Clinical relevance of findings in trials of antipsychotics: Clinical relevance of findings in trials of antipsychotics. The British Journal of Psychiatry , 198, 341-345.
Moncrieff, J., & Kirsch, I. (2005). Efficacy of antidepressants in adults. BMJ (331), 155-157.

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