viernes, 21 de enero de 2011

Capítulo 13 Democratic Drug Treatment: Implications of the Drug-Centred Model


(Traducción del capitulo 13 del libro The Myth of the Chemical Cure - A Critique of Psychiatric Drug Treatment. de Joanna Moncrieff, 2008, realizada por Marisa Campos, "una madre comprometida", ella es también responsable del subrayado)
En este capítulo, miro las consecuencias de la aceptación del modelo centrado en los fármacos de acción psicotrópica para la teoría y la práctica de la psiquiatría. En primer lugar quiero examinar lo que el modelo centrado en los fármacos significa para nuestra comprensión de la naturaleza de los trastornos psiquiátricos. Entonces miro lo que la psiquiatría podría ser si basara su enfoque de tratamiento en un modelo centrado en los fármacos, y cómo la investigación y desarrollo de fármacos diferiría de su énfasis actual.
Models of ‘mental illness’
La psiquiatría y su idea central de que la locura y la angustia son enfermedades biológicas que pueden ser explicadas y tratadas por medios físicos, ha sido objeto de controversia. La crítica a la psiquiatría se ha hecho desde una amplia gama de disciplinas académicas, incluyendo la filosofía y la sociología, así como desde psiquiatras disidentes y usuarios de los servicios psiquiátricos o "supervivientes". Gran parte de la crítica se ha centrado en la falta de coherencia lógica en el concepto de enfermedad mental y las fuerzas sociales que han conducido a su adopción. El psiquiatra Thomas Szasz hizo famosa la descripción del concepto de enfermedad mental como un mito o una metáfora. Szasz argumenta que mientras que un diagnóstico de enfermedad física en general, indica una patología física específica, el diagnóstico de la enfermedad mental es simplemente una descripción de una conducta aberrante (Szasz, 1970). Foucault también se refiere a la "heterogeneidad" entre la psiquiatría y la medicina clínica (Foucault, 2006, p. 12). La transcripción de la conducta desviada en condiciones médicas desempeña funciones importantes. Se autorizan determinadas acciones como el encarcelamiento y la restricción de la persona perturbada y la dedicación de fondos para el cuidado y mantenimiento de los económicamente dependientes. También oculta los juicios morales y políticos que están incrustados en estas acciones (Ingelby 1982). El concepto de enfermedad mental como un fenómeno médico, por lo tanto, facilita una forma encubierta de control social. Como describe Szasz : "El mandato de la psiquiatría contemporánea ... es precisamente para ocultar, incluso negar los dilemas éticos de la vida y transformar estos en problemas medicalizados y tecnificados susceptibles de soluciones "profesionales" (Szasz, 1970, p. 11). O, en palabras de Foucault: "La psiquiatría es una práctica moral, cubierta por los mitos del positivismo”, donde el positivismo se refiere a un marco científico empírico (Foucault, 1965, p. 276).
Otros críticos con la psiquiatría han cuestionado la idea de que los trastornos psiquiátricos son manifestaciones de una función cerebral desordenada, y han sugerido que los “síntomas” psiquiátricos pueden considerarse como válidas, si bien extrañas y disfuncionales respuestas al mundo social. El psiquiatra escocés RD Laing intentó experimentar la psicosis en términos de una respuesta efectiva al entorno familiar y como un retiro existencial de las demandas del mundo materialista moderno (Laing, 1965, 1967). Recientes opiniones también han destacado la importancia de reconocer el sentido para comprender los trastornos psiquiátricos y como ayudar a la recuperación (Bracken y Thomas 2005).
El modelo centrado en el fármaco sobre la acción de los fármacos psiquiátricos no contradice esencialmente el punto de vista biológico de los trastornos psiquiátricos. A pesar de que he demostrado que no hay pruebas de que los trastornos psiquiátricos sean causados por un desequilibrio bioquímico, y que los fármacos actualmente en uso no actúan sobre la base neurológica de estas condiciones, estos hechos en sí mismos no impiden el descubrimiento futuro de los orígenes biológicos de los trastornos mentales y el desarrollo futuro de los medicamentos específicos. Sin embargo, el modelo de acción de fármacos centrado en la enfermedad es uno de los principales fundamentos de la opción biológica de los problemas psiquiátricos.
Los modelos biológicos de psicosis y depresión, por ejemplo, se han construido asumiendo que los medicamentos actúan mediante la inversión de la patología subyacente, o parte de ella, y los efectos de los fármacos "aún son considerados como la evidencia más fuerte para apoyar estos modelos”. Por ejemplo, un reciente artículo sobre la depresión, sugería que «el efecto terapéutico indiscutible de estos fármacos (antidepresivos) sugiere que la baja actividad serotoninérgica y / o noradrenérgica es clave para la fisiopatología de la enfermedad" (Malhi, Parker y Greenwood 2005, p. 97 ). Los debates sobre la hipótesis dopaminérgica de la esquizofrenia aún citan la acción de los fármacos neurolépticos.
Sin el modelo centrado en la acción de los fármacos sobre la enfermedad, la visión de que las condiciones psiquiátricas, como otras enfermedades médicas, se derivan de los específicos e identificables defectos físicos, tiene poca base. La evidencia independiente de que haya desviaciones bioquímicas específicas en el cerebro de las personas con diferentes diagnósticos psiquiátricos es débil e inconsistente. Además, incluso si hubiera pruebas de este tipo, no demostraría que la aberración bioquímica fuera la causa del estado psicológico. Podría muy bien ser la consecuencia, o simplemente el correlato de la experiencia subjetiva, y es ciertamente simplista suponer que hay una relación uno-a-uno entre nuestras complejas emociones y estados bioquímicos. Por ejemplo, sabemos que la adrenalina, la hormona conocida como de "lucha o huida", se produce en situaciones caracterizadas por muchas emociones diferentes. Se produce cuando alguien se siente agresivo durante una pelea o una batalla, cuando alguien tiene miedo, ansiedad aguda o euforia. Casi no tiene sentido decir que la adrenalina es la causa de estas diferentes reacciones emocionales. Es mejor verlo como la respuesta del cuerpo a una situación de aumento de la activación y como tal, es un corolario de muchas emociones diferentes.
La investigación genética es también citada como prueba irrefutable de la existencia de un sustrato biológico para las condiciones mentales. Sin embargo, varios críticos han argumentado que se ha exagerado la contribución genética a enfermedades psiquiátricas como la esquizofrenia y el alcoholismo (Joseph 2003; Rose, Lewontin y Kamin, 1984). En su reciente libro, Jay Joseph afirma que los estudios de gemelos y de adopción que pretenden demostrar un componente genético de la esquizofrenia son deficientes, y señala que estudios de genética molecular no han podido detectar ningún gen que esté fuertemente asociado con la enfermedad (Joseph 2003) .
Por lo tanto, socavar las bases del modelo de acción farmacológica centrado en la enfermedad representa un desafío para el modelo médico de enfermedad mental y el argumento de que la psiquiatría es una rama de la medicina como cualquier otra. Como tal, representa una amenaza directa a la opinión predominante que de sí misma y de sus actividades tiene la profesión psiquiátrica. Sin embargo, la psiquiatría ha sido siempre una actividad ecléctica, que abarca teorías y estilos compensatorios. A pesar de que he argumentado que el punto de vista médico-biológico ha sido el núcleo subyacente, muchos otros enfoques han sido muy populares e influyentes. En la psiquiatría de mediados del siglo 20 la psiquiatría americana fue fuertemente influenciada por las ideas de Adolf Meyer. Aunque sus puntos de vista se acomodaban a un enfoque médico más tradicional, puso de relieve la importancia de la "comprensión de la historia de la vida de cada paciente" en lugar de reducir los problemas de las personas a una categoría diagnóstica (Doble 2006, p. 185). Psicoanálisis y enfoques psicoterapéuticos destacan también la comprensión de cada persona en función de las influencias únicas en su desarrollo, especialmente sus relaciones con otras personas. El movimiento referido vagamente como "psiquiatría social" hizo hincapié en la influencia del entorno social sobre las emociones de un individuo y el comportamiento. Innovaciones tales como las comunidades terapéuticas se inspiraban en la idea de que la formación de relaciones de apoyo social es clave para mejorar el funcionamiento de alguien, en vez de ajustar la química de su cerebro.
Hay, por lo tanto, muchos precedentes, tanto dentro como fuera de la psiquiatría, para comprender la locura y la angustia como manifestaciones de la interacción entre la variedad de inclinaciones humanas y los desafíos de la vida moderna. Un modelo centrado en el fármaco es muy adecuado para este tipo de enfoque. Proporciona un marco para el uso racional de los medicamentos sin tener que atribuir los problemas de una persona a una enfermedad del cerebro. El uso de fármacos para inducir estados temporales que puedan dar un alivio al intenso tormento psicológico es compatible con la visión de los trastornos psiquiátricos como una respuesta extrema, pero significativa para el mundo. Que los profesionales requieran un título de médico para este enfoque, incluso si implica el uso de fármacos de vez en cuando, es discutible.
Democratic drug treatment according to a drug-centred model
Entonces, ¿Cómo debería ser el tratamiento farmacológico basado en un modelo centrado en la acción de fármaco? Se podría argumentar que, antes de la década de 1950 ese enfoque centrado en el fármaco tendría un patrón similar al uso de drogas de hoy. Grandes cantidades de fármacos se utilizaban para fines de contención y sedación, pero se prestó poca atención a estos efectos. Sin embargo, los cambios en el clima social ha cambiado la naturaleza de las interacciones entre los profesionales y sus clientes, incluyendo psiquiatras y sus pacientes. Hasta las últimas décadas, los pacientes psiquiátricos fueron considerados tan afligidos e impotentes que casi cualquier intervención podría justificarse en nombre del tratamiento. Se llevaron a cabo peligrosas investigaciones y "tratamientos" físicos con escasa consideración a la seguridad. Poco se pensaba en lo que el paciente quería o lo que pensaba de los tratamientos que recibía. Pero la gente hoy en día está mejor informada sobre las intervenciones médicas y psiquiátricas y espera participar en los debates sobre las opciones de tratamiento. Internet proporciona una fuente de información oficial y un foro para el intercambio de experiencias personales de uso e fármacos en un número creciente de "chats". La autonomía profesional también ha sido erosionada por los controles de gestión, directrices y una mayor demanda de rendición de cuentas pública. En la actualidad los pacientes o la elección del consumidor está impulsando la reestructuración de los servicios médicos y los profesionales son evaluados de acuerdo con las opiniones de sus clientes. En este clima un modelo centrado en la actividad del fármaco podría convertirse en una fuerza para una práctica más democrática de la psiquiatría.
El modelo centrado en la acción del fármaco implica un tipo diferente de relación entre los usuarios de los servicios psiquiátricos y los prescriptores. En lugar de actuar como un médico, diciendo al paciente que enfermedad tiene y cuál es el tratamiento adecuado, el psiquiatra o el prescriptor debe actuar más como asesor farmacéutico. Debe informar a la gente acerca de la gama de los efectos que un fármaco puede inducir, tanto los que podrían ser útiles como los que son susceptibles de perjudicarle con el fin de ayudar a las personas a evaluar los beneficios de tomar un medicamento en particular. Sin embargo la experiencia del usuario sobre los efectos de un medicamento será el factor determinante de la utilidad del fármaco, convirtiendole en un igual en la consulta. En lugar de ser el receptor pasivo de un régimen prescrito por otra persona, tomará parte activa en la decisión acerca de que fármacos son útiles en su propia situación. Así, el modelo centrado en la acción del fármaco promueve un proceso de "toma de decisiones compartidas", en el que los profesionales colaboran con los usuarios de servicios para ayudarles a utilizar los medicamentos de una manera que faciliten y no obstaculicen la recuperación de “roles sociales valorados” (Deegan & Drake 2006 ). Muchas personas usan ya medicamentos de esta manera, por supuesto, adaptando los regímenes prescritos a sus propias necesidades individuales, tomando fármacos de forma esporádica o no tomando ninguno, más que de manera continua, y ajustando la dosis a su experiencia subjetiva.
Esta nueva relación entre los psiquiatras y sus clientes, tiene ecos en la relación entre el patrón y el farmacéutico antes del desarrollo de los modernos tratamientos médicos (Rosenberg, 1977). El poder del psiquiatra sería menor del que es hoy y las expectativas de la gente sobre los resultados del tratamiento sería más baja. La Psiquiatría sería una empresa más modesta, y ya no diría ser capaz de alterar el curso subyacente de los trastornos psicológicos, pero evitanría algunos de los daños asociados con el uso descontrolado de imaginarias curaciones qúimicas.
Un enfoque de reciprocidad y democrático para el tratamiento de drogas basado en un modelo centrado en la acción del fármaco requiere la delimitación de dos cosas: en primer lugar, es necesario conocer lo que los pacientes y otros quieren de una intervención psiquiátrica. En segundo lugar, debemos ser claros acerca de los diferentes efectos que los fármacos son y no son capaces de producir. Discernir lo que la gente realmente quiere de los psiquiatras es difícil porque las expectativas de la gente han sido influenciadas por la promoción generalizada de la idea del origen biológico de la angustia y del tratamiento concomitante asociado centrado en el modelo de enfermedad. Así, la gente consulta al médico porque ya creen que tienen un desequilibrio bioquímico y necesitan medicamentos para rectificarlo. En esta situación, es importante aclarar qué problemas precisos han dado lugar a que alguien se considere bajo este punto de vista y busque la intervención médica. Los principios de la rehabilitación para alcohólicos y drogadictos puede dar algunas lecciones aquí. Adictos en recuperación son alentados a reconocer los efectos que están buscando de la droga, por qué la quieren y qué alternativas son posibles. Por ejemplo, los usuarios de drogas a veces buscan la euforia y la indiferencia para aplacar los dolorosos recuerdos de abuso infantil y puede ayudar a desarrollar formas menos destructivas de soportar sus experiencias pasadas.
Los efectos que los diferentes tipos de fármacos pueden inducir necesitan adaptarse a los problemas que la gente está experimentando. Las personas que están muy excitadas y demasiado activas, incluidas las personas con un episodio psicótico o maníaco agudos, pueden beneficiarse de tomar algo con propiedades sedantes. Sin embargo, el problema de la tolerancia farmacológica significa que los efectos sedantes pueden debilitarse y se hace necesario dosis más y más altas. Una preocupación excesiva por los acontecimientos mentales tales como delirios, alucinaciones y pensamientos obsesivos o de ansiedad podría reducirse en corto plazo con fármacos con proieades de desativación o con los que inducen a la indiferencia emocional. Una vez más la tolerancia puede conducir a una disminución de este efecto con el uso prolongado. La decisión acerca de utilizar un medicamento de este tipo dependerá en última instancia del equilibrio entre los posibles beneficios en términos de reducción de la intensidad de los síntomas con los numerosos efectos adversos. Incluso a corto plazo, los neurolépticos suelen causar distonía aguda, síntomas típico del Parkinson, aumento peso e impotencia y, con menos frecuencia, graves afecciones potencialmente mortales como el síndrome neuroléptico maligno y trastornos sanguíneos. Un uso más sincero tal vez debería hacerse de las benzodiazepinas, que son relativamente seguras y no se experimentan como desagradables. Ya son comúnmente utilizadas para la sedación de emergencia, cuando alguien está en fase aguda y es potencialmente peligroso, y también en combinación con otros fármacos en un tratamiento a largo plazo. Como se describe en el capítulo 6, también han demostrado reducir los síntomas psicóticos tan eficazmente como los neurolépticos en algunos ensayos. Sin embargo, son capaces de inducir tolerancia farmacológica y dependencia física, y como muchos otros medicamentos, su uso a largo plazo va acompañado de consecuencias negativas (Ashton, 1986). Algunos estudios sugieren que el uso a largo plazo puede estar asociado con la contracción del cerebro de naturaleza similar a la observada con los neurolépticos (Lader, Ron, y Petursson, 1984; Schmauss & Guerra, 1987), pero otros estudios no han reproducido este hallazgo (Busto et al. 2000; Perera, Powell, y Jenner 1987).
Según el modelo centrado en la enfermedad, el uso a largo plazo de los fármacos después de recuperarse de un episodio agudo se justifica porque, oponiéndose a los procesos neurológicos que producen los síntomas, los medicamentos pueden prevenir recaídas. Dado que el modelo centrado en la acción del fármaco sugiere que los fármacos sólo suprimen los síntomas mediante la inducción de estados de toxicidad y no interfieren en el mecanismo que da lugar a los síntomas, se deduce que el tratamiento a largo plazo es poco probable que sea capaz de prevenir la recurrencia de la enfermedad en algún aspecto. Incluso si se acepta que existen algunas ventajas para el tratamiento de mantenimiento, la relación coste-beneficio no parece favorable en la mayoría de los casos. Los mejores estudios disponibles en psicosis o esquizofrenia sugieren que la reducción en el riesgo de recaída provocada por el tratamiento farmacológico es de 16-17% y esto aún puede ser una sobreestimación debido a los efectos de la interrupción (Carpenter, Jr., et al. 1990; Crow et al. 1986). Todos los medicamentos recomendados por tener eficacia profiláctica en condiciones tales como la esquizofrenia y la depresión maníaca tienen efectos sedantes, perjudican o enlentecen las facultades mentales y se experimentan como desagradables, efectos que puedan dificultar el retorno a la vida normal. Reducen la esperanza de vida, causan daños neurológicos y algunos causan graves trastornos metabólicos. Las altas tasas de incumplimiento sugieren que muchos pacientes deciden que prefieren correr el riesgo de recaída que aceptar una vida discapacitada por los fármacos.
Es importante reconocer, sin embargo, que hay personas que se vuelven sumamente preocupadas durante largos períodos de tiempo. Una camisa de fuerza química como la producida por los neurolépticos con sus efectos parkinsonianos puede ser preferible a otros métodos de contención, aunque puede ser imposible conseguir este efecto a largo plazo, dada la capacidad del cuerpo para contrarrestar los efectos de llos fármacos. Sin embargo, si los medicamentos se utilizan de esta manera tenemos que ser honestos sobre lo que se está haciendo. Debemos admitir que los medicamentos no curan una enfermedad subyacente, incluso si existiera. Debemos estar seguros de que no hay mejores opciones y que el comportamiento del individuo es violento o perturbador como para justificar el uso del control químico. Afortunadamente, incluso los períodos prolongados de locura por lo general se queman con el tiempo, por lo que todos deben tener la oportunidad de reducir su medicación o retirarla cuando se calmen. No obstante, actualmente las personas continúan con el tratamiento porque la mejora siempre se atribuye a él y por las dificultades de interrupción del tratamiento.
Muchas de las situaciones que requieren intervención psiquiátrica es poco probable que se resuelvan con la ayuda de los efectos que los fármacos actuales son capaces de inducir. Algunos problemas pueden ser exacerbados por estos fármacos. Es difícil ver cómo lmedicamentos con propiedades sedantes y de desactivación pueden hacer otra cosa que agravar los síntomas negativos de la esquizofrenia, por ejemplo, pese a las afirmaciones de los fabricantes de algunos de los nuevos neurolépticos como amisulprida de que sus medicamentos son especialmente efectivos para los síntomas negativos. El papel del tratamiento farmacológico en personas que buscan ayuda para 'depresión' y otras dificultades, es también mínima. La reducción de la sensibilidad emocional asociada all uso de cualquier sustancia psicoactiva puede traer un alivio temporal a alguien que está muy angustiado, pero es poco probable que les ayude a descubrir y tratar con la fuente de sus problemas. Lo que las personas que están deprimidas o infelices realmente necesitan es ayuda y apoyo de otros seres humanos (Scott 2006). Estar drogado es un obstáculo para el desarrollo de las relaciones y las actividades que ayudan a la gente a recuperarse.
Drug-centred drug research
El modelo centrado en la enfermedad ha limitado nuestra comprensión de los efectos de los fármacos utilizados en psiquiatría para dirigir la atención a los efectos de los fármacos en un hipotético proceso de enfermedad, descuidando otras áreas. Por ejemplo, aunque hay una amplia investigación sobre los efectos de la nueva generación de fármacos antipsicóticos sobre los diferentes y numerosos receptores de dopamina y serotonina, es casi imposible averiguar sus efectos sobre otros parámetros fisiológicos básicos, tales como la frecuencia del pulso y la presión arterial y hay poco interés en sus efectos potencialmente significativos sobre la histamina, el sistema colinérgico y la noradrenalina. Por lo tanto, no estamos seguros acerca de la naturaleza básica de muchos de los medicamentos prescritos para problemas psiquiátricos. Los estudios con voluntarios que puedan establecer estos efectos se llevan a cabo por las empresas farmacéuticas y se limitan a establecer las evidente reacciones tóxicas agudas. Además, la mayoría ni siquiera se han publicado (Cohen & Jacobs, 2007). Hay poca investigación también en las importantes consecuencias de los efectos a largo plazo de su uso, incluido síndrome de abstinencia, tolerancia, y efectos cognitivos y de comportamiento. No ha habido casi ningún interés en el impacto del uso de fármacos psicotrópicos en las relaciones sociales de las personas y el funcionamiento en escenarios como el trabajo, la vida familiar y las relaciones personales.
El primer requisito de la investigación basada en un modelo centrado en la acción del fármaco sería la de establecer la gama de efectos globales relacionados con los diferentes medicamentos y el impacto de estos efectos. Lo ideal sería que esto requeriría estudios realizados en voluntarios con varios observadores, incluidas las personas que conocen bien a los voluntarios y que pudem comentar los cambios inducidos por los fármacos. Los voluntarios tendrían que tomar el medicamento durante períodos prolongados, como en la práctica clínica y luego seguir por un período de abstinencia. Esto ayudaría a establecer los efectos de retirada y permitiría a los voluntarios evaluar la experiencia de estar medicado cuando están de nuevo en un estado libre de medicación (Cohen & Jacobs, 2007). Esto es particularmente importante, ya que el estado de conciencia alterado producido por la ingestión de fármacos, aunque sea sutil, puede interferir con la habilidad de alguien para hacer juicios acerca de sus capacidades y deseos. Peter Breggin ha llamado a este efecto "fascinante" y describe cómo la gente “subestima el grado de deficiencia mental inducido por el fármaco” (Breggin 2006). Como señala somos muy conscientes de que este efecto se produce con el alcohol, pero ha habido muy poco reconocimiento de su importancia en relación a los medicamentos utilizados en tratamientos psiquiátricos. Sin embargo, hay pruebas de que los tratados con litio no puede reconocer su deterioro cognitivo, y de que las personas que toman neurolépticos no son conscientes de ciertos efectos tales como el movimiento reducido o anormal (Gerlach y Larsen, 1999).
El conocimiento basado en un modelo centrado en la acción del fármaco diferenciaría con más precisión los efectos psicoactivos de los fármacos. Sería una distinción entre la diferente calidad de la sedación inducida por neurolépticos clásicos, los neurolépticos más nuevos o "atípicos", benzodiazepinas, antidepresivos tricíclicos, opiáceos, etc. Benzodiazepinas y opiáceos, por ejemplo, tienen una acción sedante que va acompañadas de euforia y relajación, mientras que los neurolépticos clásicos, los antidepresivos tricíclicos y los ISRS producen una sedación que se experimenta como desagradable y puede ir acompañada de agitación. Las características de la sedación producida por algunos de los nuevos medicamentos antipsicóticos no está todavía clara. Se prestaría atención a si los efectos de la activación inducida por los ISRS son subjetivamente similares a los efectos de drogas estimulantes, o si la acatisia es similar o la provocada por neurolépticos o si es un tipo diferente de efecto. También podrían dibujarse los los diferentes estados inducidos y las respuestas emocionales. La desinhibición emocional causada por el alcohol y las benzodiacepinas se podía distinguir de la indiferencia y desmotivación asociadas a los neurolépticos y de la reducción de sensibilidad emocional no-específica que probablemente ocuure bajo la influencia de cualquier tipo de sustancia que altera la mente.
Un modelo centrado en la acción del mármaco conduciría a una nueva clasificación de sustancias psicotrópicas de acuerdo con sus efectos globales característicos y su clase química, en lugar de sus efectos sobre una hipotética enfermedad. Históricamente, la clasificación elemental basada en la acción del fármaco los ditinguía en función de si tenían principalmente los efectos sedantes o estimulantes.
Cohen y Jacobs han sugerido que los clásicos ensayos clínico son inútiles para la evaluación de los efectos de los fármacos psiquiátricos. En los ensayos la compleja experiencia del consumo de fármacos se traduce en términos de medidas de resultado con un enfoque limitado, acompañado de una investigación somero de los efectos adversos. De esta manera, el investigador o el clínico que brinda la oprtunidad a los pacientes de informar sobre sus experiencias y los ensayos que detectan «mejoras» no pueden distinguir entre si la mejora consiste en un retorno real de funcionamiento normal o si refleja los efectos de estar medicado (Cohen & Jacobs 2007). En contraste, laos testimonios cualitativos e independientes de la experiencia de los pacientes, tales como los que se encuentran en la Internet, constituyen una fuente importante de información en la ausencia de estudios detallados de voluntarios. De hecho, esta es actualmente la única fuente de información sobre muchos aspectos de la utilización de los medicamentos psiquiátricos. Sin embargo la propaganda de las compañías farmacéuticas y la difusión de la idea de que el desequilibrio químico han impregnado como las personas experimentan sus medicamentos, a veces, impidiendo que la gente perciba la naturaleza exacta de los efectos psicoactivos de las drogas que toman.
The drug-centred model and the politics of psychiatry
Si se aceptan los datos presentados en los capítulos anteriores, la adopción del modelo centrado en la acción del fármaco debería conducir a una reducción sustancial en el uso de medicamentos psiquiátricos. En particular, he sostenido que el uso a largo plazo de los medicamentos psiquiátricos no se justifica por la evidencia actual, y que los beneficios rara vez son probablemente mayores que los inconvenientes. Sin embargo, la industria farmacéutica ha demostrado ser experta en el aprovechamiento comercial de las diferentes acciones de los fármacos y, sin duda, tratara de sacar provecho de las posibilidades de un enfoque centrado en el fármaco. En la década de 1960, los fármacos fueron anunciados por sus propiedades para una amplia gama de situaciones. Los efectos estimulantes o 'antiletárgicos' se recomendaban para la menopausia, el periodo postnatal, y para 'la vejez'. Los tranquilizantes también fueron ampliamente comercializados para su uso en las personas mayores. Las benzodiazepinas presionaron con éxito a una gran proporción de la población femenina de muchos países occidentales desde la década de 1960 hasta la década de 1980. Sin embargo, las preocupaciones de la industria farmacéutica sobre la explotación de un modelo centrado en el fármaco debe ser equilibrada con la bonanza que ha supuesto el modelo centrado en la enfermedad, especialmente desde la década de 1990. La industria tiene que estar mejor reguladas, independientemente del modelo que predomine. Hay que ser mucho más estrictos en la s sobre las reclamaciones, el tipo de promoción que es aceptable y la influencia de la industria en la investigación académica y publicación.
La actual legislación de salud mental se basa en la opinión de que los trastornos psiquiátricos son análogos a las enfermedades médicas y requieren y responden a tratamientos específicos. La hospitalización obligatoria de los pacientes psiquiátricos se suele justificar por la idea de que sufre una condición que puede ser vista como una enfermedad que requiere tratamiento médico para curar o para revertirla. El tratamiento obligatorio como obligarlos a medicarse y ECT está justificada por razones de que se trata de tratamientos médicos para enfermedades específicas. El modelo centrado en la enfermedad está incorporado en la legislación psiquiátrica. Puesto que este modelo implica que el tratamiento farmacológico es fundamentalmente benigno, ya que es revertir una situación biológica anormal, el uso de medicamentos psiquiátricos está sujeto a un menor control y sólo cuando los pacientes generalmente se oponen a ello activamente. La práctica psiquiátrica está impregnada del uso involuntario de fármacos. Algunos pacientes se resisten activamente al tratamiento farmacológico y pueden ser inyectados por la fuerza. Muchos más pacientes son molestados, presionados y empujados a tomar medicación, a menudo con amenazas de que no podrán abandonar el hospital hasta que lo hagan. En Estados Unidos, los pacientes pueden someterse a un sistema conocido como "apalancamiento financiero", en la que no se les da la seguridad social, a menos que se adhieran a un programa de tratamiento, que a menudo incluye la toma de la medicación prescrita. En algunos estados el 15-19% de los pacientes psiquiátricos son sometidos a estas condiciones (Appelbaum y Redlich 2006; Monahan et al. 2005).
La adopción de un modelo centrado en la acción del fármaco requeriría un tipo diferente de legislación y una actitud diferente al tratamiento con fármacos involuntario. Todos los medicamentos utilizados contra la voluntad de una persona tendrían que ser justificados a un organismo oficial independiente, en términos de los efectos que se pretende lograr y la necesidad de esos efectos. Habría que justificar el aumento de dosis y habría exámenes regulares para determinar la necesidad de continuación de la inmovilización química. Tendría que demostrarse que los beneficios anunciados de los fármacos sobre el comportamiento y estado mental superan el daño que puedan inducir.
Psiquiatras críticos como Thomas Szasz han señalado que la psiquiatría ha sido utilizada por el Estado como una cortina de humo para ocultar detrás algunos de sus problemas más espinosos: ¿Cómo, en una sociedad liberal democrática basada en la igualdad de derechos de todos los individuos, es posible tratar a las personas cuyo comportamiento es difícil, inquietante y perturbador, sin cumplir los requisitos habituales de las sanciones de la ley penal? ¿Cómo trata la sociedad moderna a los adultos dependientes e impide la participación de la policía en el lugar de trabajo (Szasz, 1994)? Transfiriendo estas cuestiones a la profesión médica, se han transformado en problemas técnicos y no políticos. Estas cuestiones, que deberían estar en el centro del debate público, se han convertido en trastornos médicos que requieren una intervención médica especializada. Sin embargo, en contraste a llos punto de vista de Szasz, creo que el Estado debe reconocer la naturaleza política de los problemas planteados por la locura y el descontento y tomar la iniciativa en la formulación de una respuesta justa y democrática. El asilo, refugio y hasta el control y la contención tienen un papel, pero tienen que ser vistos como lo que son para que puedan ser abiertamente debatidos y analizados correctamente.
Aunque el abandono de la visión centrada en la enfermedad desafía algunos de los principios más fundamentales de la psiquiatría moderna, también abre el camino a una práctica más honesta y que requiere de un conocimiento especializado. La adopción de un modelo centrado en la acción del fármaco requeriría psiquiatras más informados sobre los efectos de diferentes fármacos psicoactivos, y sintonizar con la evaluación de las experiencias subjetivas de los pacientes en una relación más equitativa y recíproca.

El mito de la cura química - El modelo centrado en el medicamento



Una lectora de nuestra “bitácora” nos ha remitido la traducción efectuada por ella de los dos últimos capítulos (capítulos 13 y 14) de uno de los “libros interesantes” que indicábamos el 15-12-10

The Myth of the Chemical Cure, A Critique of Psychiatric Drug Treatment, de Joanna Moncrieff. 2008, (ISBN: 13: 978–0–230–57431–1)

Estos comentarios me llevan a recomendar otro "libro interesante", Modelos de locura, aproximaciones psicológicas, sociales y biológicas de la esquizofrenia, de Read J, Mosher LR, y Bentall LP.

Si queremos hacer un uso racional y eficiente de los psicofármacos, es decir, maximizar el beneficio y minimizar el daño que estos producen al utilizarlos, debemos conocer que es lo que realmente ofrecen ..... , cómo se ha obtenido la información, así como que ideas y conceptos subyacentes implican.

La autora de la traducción, Marisa Campos, no es una profesional de la salud, me ha dicho que la califique como “una madre comprometida”. Los capítulos citados constituyen las dos entradas que siguen. Marisa, gracias por tu aportación.


Emilio Pol Yanguas

martes, 18 de enero de 2011

ANTIPSICÓTICOS EN LA LACTANCIA

ANTIPSICÓTICOS EN LA LACTANCIA

Laura Fabra Sánchez y Juan Manuel Pérez Castaños
(estudiantes 5º curso de Farmacia UMH)
Revisado por Dr. Emilio Pol Yanguas (Farmaceútico)




Una mujer acaba de dar a luz y ha comenzado el periodo de lactancia natural, presenta un episodio psicótico por primera vez, que cursa fundamentalmente con alucinaciones auditivas. Por consejo familiar acude al psiquiatra para intentar poner solución al problema, lo que hace de buen grado. Se muestra reacia a dejar de lactar a su hijo. Se le realiza un seguimiento durante un mes, durante este período pide que algún profesional sanitario acuda a su domicilio para confirmar si esas voces que oye son alucinaciones o no. Se considera que es una paciente con buen pronóstico, el ajuste premórbido era bueno, el cuadro ha sido de instauración brusca, y hay cierta autocrítica, el apoyo familiar es adecuado. Hasta ahora no ha tomado fármacos, y aunque se observa cierta mejoría (autocrítica), su psiquiatra consulta con el servicio de farmacia sobre la "seguridad del uso de antipsicóticos en madres nodrizas".


La psicosis puerperal (1) aparece en 1-2 casos de cada mil partos. Existen múltiples factores tanto psicosociales como biológicos asociados al desarrollo de una psicosis en el puerperio; y seguramente la combinación de varios de ellos en la misma paciente sea el desencadenante del episodio psicótico. Entre los factores más relevantes destaca en primer lugar el antecedente personal de un trastorno afectivo (sobretodo en el caso del trastorno bipolar en el que el riesgo de padecer una psicosis puerperal es del 25%), esquizofrenia o un trastorno esquizoafectivo. Otros factores son: episodios previos de psicosis puerperal, antecedentes familiares de trastorno afectivo (en el 50-60% casos de psicosis puerperal), parto por cesárea, complicaciones en el posparto, primípara (en el 50-60% casos de psicosis puerperal), primer hijo varón, ser soltera, toxicomanías, estación del año y relaciones sociofamiliares conflictivas (destacando la relación con la pareja y la relación con la madre). Como se ve la mayoría de factores asociados son psicosociales; pero además de la cesárea y las complicaciones posparto existen otros factores biológicos asociados. En cuanto al pronóstico, por regla general, a corto plazo es bueno pero cabe señalar que el riesgo de repetición de otro episodio psicótico está muy asociado a la presencia de embarazos posteriores. Si no se producen más embarazos el 75% de las pacientes no repetirán episodios psicóticos pero los embarazos posteriores aumentan el riesgo de recaídas de un 50 a un 75%. El pronóstico a largo plazo, sin embargo, no es tan optimista ya que se ha visto que un alto porcentaje de pacientes desarrollan patología psiquiátrica, sin relación con el puerperio. Por este motivo se considera importante el seguimiento regular de las pacientes que han padecido uno o más episodios de psicosis puerperal, ya que la detección y tratamiento precoz de una patología psiquiátrica mejoran su pronóstico.


El tratamiento farmacológico con antipsicóticos es la medida más generalizada en el tratamiento de episodios psicóticos, pero en este caso se plantea el problema de la seguridad para el lactante. Por tanto surge la pregunta ¿qué antipsicótico es compatible con la lactancia por conocerse que es suficientemente seguro para el bebé?. Naturalmente, para valorar el riesgo es importante plantearse si el tratamiento farmacológico realmente es imprescindible para la mejora de los síntomas.

Para responder a la pregunta sobre la seguridad de los efectos de los antipsicóticos en el bebé, se realizó una búsqueda bibliográfica en PubMed utilizando la siguiente sintaxis (("Lactation"[Mesh] OR "Breast Feeding"[Mesh]) AND "Antipsychotic Agents"[Mesh]). Empleando como límites rewiev, meta-analysis or practice guidelines. Con este procedimiento recuperamos 32 referencias, de ellas utilizamos aquellas disponibles a texto completo en la red, o bien en la biblioteca del centro Dr. Esquerdo para enfermos mentales de Alicante. Buscamos información adicional, empleando las mismas palabras claves, pero en Castellano, en el Google académico.



Una revisión (2) sobre el uso de antipsicóticos durante la lactancia concluyó que la olanzapina y la risperidona son los fármacos recomendados en caso de ser necesarios el empleo de antipsicóticos durante la lactancia, ya que considera que sus efectos secundarios sobre el bebé son aceptables. Pero al consultar los datos en concreto que proporciona para cada uno de estos fármacos nos encontramos con ausencia de datos para risperidona, y en el caso de olanzapina indica que no se produjeron efectos adversos mayores en ninguno de 14 niños en lactancia natural cuyas madres tomaban el fármaco, el nivel de exposición del niño a estos fármacos era ente el 1 y el 10% de la dosis materna. Estos datos no muestra una clara ausencia de daño ya que no se especifican los criterios de evaluación utilizados.

Otra revisión (3) informa que los antipsicóticos más seguros en el embarazo son haloperidol y olanzapina, clasificado en el nivel 2 de seguridad en la lactancia según la FDA, que significa “fármacos probablemente seguros durante la lactancia, información insuficiente sobre efectos adversos en el niño, o sus efectos adversos no son clínicamente significativos". Dadas las implicaciones legales, es importante considerar el posicionamiento de organismos oficiales respecto al problema, pero las contradicciones continúan. Al consultar otro articulo (4) en el que se tabulan más psicofármacos en función de las categorías de la FDA para clasificar el riesgo de los fármacos según el “potencial teratogenico” y según el “riesgo potencial de daño al lactante”, informa que se clasifican en la categoría de riesgo 2 en la lactancia (ver arriba) los siguientes antipsicóticos: amisulprida, clorpromazina, clozapina, haloperidol, olanzapina, risperidona, sulpirida, trifluperazina y zuclopentixol. Mientras que el la categoria 3 de riesgo durante la lactancia, que significa "con riesgo potencial, pueden causar efectos adversos de leve a moderados en el lactante, o cuya farmacocinética puede sugerir un riesgo potencial de toxicidad", se incluyen: aripirazol, clotiapina, levomepromazina, paliperidona, perfenazina, pimozida, pipotiazina, prometazina, properizicina, quetiapina, tiaprida, tioridazina, y ziprasidona. Ningún antipsicótico está clasificado en las categorías 1: sin riesgo durante la lactancia, ni en la categoría 4, uso contraindicado durante la lactancia. Sorprende como risperidona se clasifica en nivel 2 y paliperidona, su metabolito activo, en el nivel 3.


Además, se consultaron las fichas técnicas de los fármacos antipsicóticos (5) y se pudo comprobar que en ningún caso se puede confirmar la ausencia de toxicidad de éstos en el periodo de lactancia. Consistente con esta afirmación es la conclusión a que llega una revisión Cochrane (6) sobre uso de antipsicoticos durnate el embarazo y el postparto: “A las mujeres que padecen afecciones psicóticas y quedan embarazadas normalmente se las trata con fármacos antipsicóticos. Se desconocen los riesgos de daño para la descendencia asociados con la exposición a estos fármacos, en el útero o durante la lactancia materna. Se intentó encontrar pruebas de buena calidad, de ensayos controlados aleatorios, sobre los riesgos y beneficios de los fármacos antipsicóticos durante el embarazo y la lactancia materna, tanto para la mujer como para el feto/lactante. No fue posible lograrlo. Las restricciones éticas sobre la asignación aleatoria del tratamiento para mujeres embarazadas y con lactancia materna, la logística de tal estudio y la falta de impulso por parte de la industria farmacéutica en esta área pueden explicar la ausencia de investigaciones. Sin embargo, el uso continuo de fármacos antipsicóticos en estas mujeres, durante el embarazo y la lactancia sin la existencia de pruebas contundentes plantea graves cuestiones clínicas y éticas”. A esta misma conclusión llega una editorial del BMJ (7).


En contraposición a esto, en otra publicación (8) argumenta que no se han podido extraer conclusiones sobre los perfiles de rieso/beneficio de la mayoría de los fármacos antipsicóticos en lactancia. Por tanto, cuando se deba de iniciar el tratamiento con antipsicóticos en madres que no los han tomado con anterioridad, la elección debe hacer basándose en el perfil de eficacia de cada agente con dos posibles excepciones: clozapina que debe considerarse contraindicada por su posibilidad de inducir sucesos potencialmente letales y olanzapina que parece que tiene mayor riesgo de producir reacciones extrapiramidales en el bebe. Sin embargo en aquellas madres que necesitan seguir tomando antipsicótico durante la lactancia el fármaco de elección debería ser aquel que se hubiera mostrado antes el más seguro y eficaz.


Bazire (9), teniendo en cuenta ensayo sobre potenciación de la lactancia publicado en el BMJ (10), propone la sulpirida como el antipsicótico de elección por su menor toxicidad, mientras que considera como los fármacos de mayor riesgo a: aripiprazol, clozapina, olanzapina, fenotiazinas, quetiapina, risperidona, sertindol, ziprasidona y zotepina.


Aunque se hayan realizado estudios sobre la farmacoterapia en madres con trastornos psicológicos en período de lactancia, no significa que sea la mejor alternativa. Se ha estudiado la posibilidad de la utilización de terapia no farmacológica (11), ya que en pacientes con buena historia premórbida y que se encuentra en el primer o segundo episodio agudo han presentado a largo plazo una mejorías sin tratamiento farmacológico y con tratamientos de corte psico-social y del medio. En estos casos, se mantiene una buena integridad intelectual lo cual favorece el desarrollo de la recuperación.


Como conclusión, se recomienda una terapia no farmacológica ya que hay evidencia de que existe una mejoría equiparable a los pacientes tratados con antipsicóticos (11). En el caso de una aparición de brote agudo hay constancia de que el tratamiento farmacológico presente una efectividad elevada, pero una proporción importante de pacientes mejoran en los grupos placebo, especialmente si tiene características de buen pronostico - como en la paciente que nos ocupa. No obstante, en caso de que llegara a ser necesario emplear antipsicóticos, por ejemplo ausencia de mejoría o empeoramiento, que ponga en riesgo el cuidado y/o la segureidad del bebé, la mejor opción sería la sulpirida. Ninguno de los estudios nombrados anteriormente se informaba de resultados adversos en el bebé, además es un medicamento antiguo, del que se tiene mayor experiencia sobre su seguridad. Adicionalmente, cabría considerar la farmacocinética como factor importante a tener en cuenta, ya que el momento donde la concentración plasmática del fármaco en sangre sea menor, podría ser la circunstancia idónea para la alimentación. Por tanto, algunas de las recomendaciones que se podrían tener en cuenta en el caso de seguir una terapia farmacológica, serían emplear dosis mínimas, administrar el antipsicótico en dosis única justo antes de la "toma  de leche"  que tiene después el periodo de descanso más largo y utilizar los fármacos de vida media más corta, y evitar la polifarmacia.

Referencias
1. García López, M. et al, “Sobre la psicosis puerperal” Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq., 2007, 27:501-506.
2. Evelyn T. Rubin, Amy Lee, Shinya Ito; When breastfeeding mothers need CNS-Acting drugs. Can J Clin Pharmacol 2004; 11:e257-e266.
3. Bertolin J. Soler E., “ Uso de antipsicoticos durante el embarazo y la lactancia”, Revista de psiquiatria y salud mental (Barc.) 2009; 2:138-145
4. Rosan T. Rosan J.; “Uso de fármacos en psiquiatría en el embarazo y lactancia”: Alcmeon, Revista Argentina de Clínica Neuropsiquiátrica. 2010; 16: 105-111.
5. Catálogo de medicamentos 2010. Consejo general de colegios oficiales de farmaceuticos, Madrid, 2010
6. Webb RT, Howard L, Abel KM. Fármacos antipsicóticos para la psicosis no afectiva en el embarazo y el postparto (Revisión Cochrane traducida). En: La Biblioteca Cochrane Plus, 2008 Número 2. Oxford: Update Software Ltd. Disponible en: http://www.update-software.com. (Traducida de The Cochrane Library, 2008 Issue 2. Chichester, UK: John Wiley & Sons, Ltd.)
7. Howard L. Webb R. Abel K. “Safety of antipsychotic drugs for pregnant and breastfeeding women with non-affective psychosis. Multicentre cohort studies are need as randomised trials are impractical.” BMJ 2004;329:933-4.
8. Gentile S. “Infant Safety with antipsychotic therapy in breast-feeding. A systematic review” J Clin psychiatry 2008,69:666-673.
9. Bazire S., Psychotropic Drug Directory 2005: 199-201.
10. Ylikorkala O., Kauppila A., Kivinen S. Vinikka L. “ Sulpiride improves inadequate lactation” BMJ 1982, 285, 249-51.
11.Rappaport M, Hopkins K, Hall K, Belleza T, Are there Schizophrenics for whom drugs may be unnecessary and contraindicated? Silverman J. Int. Pharmacopsychiat 1978; 13:100-11

domingo, 16 de enero de 2011

¿Por qué es tan difícil interrumpir el tratamiento con psicofármacos?. Puede ser que no tenga nada que ver con el problema original.

Joanna Moncrieff J., Why is it so difficult to stop psychiatric drug treatment?. It may be nothing to do with the original problem . Med Hypotheses 2006; 67:517-23
Introducción
Aunque el tratamiento farmacológico a largo plazo se recomienda para la mayoría de los pacientes con esquizofrenia, trastorno bipolar, depresión recurrente, y muchas otras condiciones psiquiátricas, hay muchas razones para tratar de interrumpir o reducir esta medicación. En primer lugar, los pacientes pueden solicitarlo. En segundo lugar, las dosis pueden ser excesivas. Los datos concernientes a los neurolépticos, por ejemplo, sugieren que los pacientes reciben frecuentemente dosis que exceden el máximo del rango de dosis efectivas. En tercer lugar, hace mucho que se cree que algunos pacientes con psicosis no necesitan tratamiento psicofarmacológico a largo plazo, especialmente aquellos con características de buen pronóstico, y algunos autores han sugerido que la mayoría de los pacientes no se benefician de tales tratamientos. Yo he escrito en otro lugar que los antidepresivos carecen de acciones específicas sobre la depresión que justifiquen su empleo a corto o largo plazo.
Mi experiencia clínica me indica que incluso pequeñas reducciones en el tratamiento farmacológico son con frecuencia problemáticos-Esto problemas son generalmente atribuidos a la reemergencia del trastorno subyacente en ausencia de tratamiento, lo que se utiliza para justificar la necesidad de recomenzar o incrementar el tratamiento. Sin embargo hay un considerable cuerpo de investigación que sugiere que hay problemas intrínsecos relacionados con el proceso de retirada tras el tratamiento prolongado con psicofármacos.
Hipótesis
Este informe sugiere que los problemas que se producen tras la retirada de psicofármacos frecuentemente pueden estar relacionados con el proceso mismo de retirada da la medicación, más que con el curso natural de la condición subyacente. Si este es el caso, entonces la naturaleza recurrente de los trastornos psiquiátricos puede ser parcialmente atribuida a efectos yatrógenos de los psicofármacos. Adicionalmente, reclamaría la reinterpretación de los datos de los ensayos que constituyen la base para la recomendación de tratamiento largo plazo en los trastornos psiquiátricos. Si los problemas de retirada pudieran resolverse adecuadamente, esto también significaría que puede no haber necesidad de reasumir el tratamiento a largo plazo y que la interrupción de los medicamentos podría conseguirse con mayor frecuencia.
Resultados adversos causados por la retirada o reducción de la medicación
Síntomas somáticos de interrupción (también conocidos como reacciones de retirada o de rebote)
Estos síndromes se refieren a manifestaciones fisiológicas y psicológicas de efectos biológicos causados por la retirada de un fármaco que se estaba administrando con regularidad. Estos síndromes han sido conceptualizados como resultado de adaptaciones biológicas a la exposición continuada al fármaco, y esta exposición desaparece bruscamente cuando el medicamento es retirado. Ahora se reconoce que los síndromes de discontinuación o retirada se producen con muchas clases de fármacos, no solo con las sustancias de abuso, incluyendo entre otros antidepresivos y antipsicóticos. Las reacciones pro retirada de litio se han descrito menos frecuentemente. Tranter y Healy observaron que se producían síntomas persistentes tras la retirada de neurolépticos en algunos casos. También se han notificado reacciones de retirada qe persisten durante periodos prolongados tras la retirada de benzodiacepinas.
Para los propósitos de este argumento, la importancia de las reacciones de retirada está en que incluyen síntomas psicológicos y conductuales tales como ansiedad, nerviosismo, dificultad para dormir, que pueden ser malinterpretados como signos tempranos de recaída- El criterio sugerido por Lader de que los síndromes de retirada consisten en síntomas físicos y psicológicos de los cuales los pacientes no se habían quejado previamente puede no ser fácilmente aplicable a personas con problemas psiquiátricos de larga duración. Además. La rápida supresión de los síntomas de retirada por la “restitución de la medicación interrumpida” puede tomarse erróneamente por un efecto del medicamento sobre la enfermedad subyacente.
Psicosis de aparición rápida (psicosis de rebote o psicosis por supersensibilidad)
He resumido recientemente las pruebas de la aparición de un episodio psicótico poco después de interrumpir un tratamiento a largo plazos con fármacos neurolépticos. La evidencia es más fuerte para clozapina, donde numerosos estudios de casos y estudios de retirada demuestran este efecto en pacientes tanto con psicosis que responden como resistentes al tratamiento. Varios informes convincentes de casos sugieren que esto también puede ocurrir con algunos otros fármacos. La aparición se produce usualmente en días y los síntomas son bastante consistentes, incluyendo alucinaciones auditivas, delirios paranoides, hostilidad y ocasionalmente alucinaciones visuales, grandiosidad y júbilo. Tres casos se han descrito en personas sin historia psiquiátrica previa. Se han documentado varios casos más de aparición de nuevos síntomas psicóticos en pacientes previamente diagnosticados de trastorno maníaco depresivo y otros trastornos psicóticos.
Algunas pruebas señalan la posibilidad de esta reacción psicótica es distinta del trastorno subyacente y representa un síndrome yatrógeno. El que aparezca en gente sin trastornos psiquiátricos previo es la prueba más fuerte de este efecto, así como la aparición de síntomas de nueva aparición descritos en muchos otros casos. La relativa consistencia de los síntomas también apunta hacia esta posibilidad y es interesante destacar que también son consistentes en psicosis por estimulantes, que se atribuye a sobreactividad de los sistemas dopaminérgicos y noradrenérgicos. La rapidez de aparición sugiere que el fenómeno puede ser una la manifestación del proceso de retirada, en el caso de clozapina, está claro que la aparición coincide con la aparición del síndrome somático de retirada..
Es difícil saber como de común es este síndrome. Se ha descrito más frecuentemente después de la retirada de clozapina posiblemente debido a que la vida media de eliminación de clozapina es muy corta. Con fármacos con una vida media de eliminación más prolongada puede ser más difícil confundir la psicosis por retirada con una recaída que sucede de forma natural, dado que su inicio no es seguido tan de cerca de la retirada. El siguiente caso-escena ilustra la dificultada de distinguir un episodio relacionado con la retirada del curso natural de los síntomas.
El Sr. A, de treinta y algunos años, fue admitido en el hospital por primera vez con una historia de una semana de agitación aguda y alucinaciones auditivas cada vez más angustiantes después de la reducción de la dosis de quetiapina a la mitad, de 100mg/día a 50mg/día., y haber interrumpido el tratamiento con venlafaxina. Tiene una historia de 9 años de contacto con los servicios psiquiátricos, con sintomatología crónica que fluctúa entre depresión, apatía, retraimiento social, y ocasionalmente comunica posibles alucinaciones auditivas, ideas de referencia y suspicacia. La psicosis aguda mejoró a las dos semanas con un incremento de la dosis de quetiapina, pero continuó apático y retraído. Se le cambió de quetiapina a amisulprida y se remitió a la unidad de rehabilitación. Allí se ha adaptado bien, pero se queja de somnolencia, que confirma enfermería y que se atribuye a amisulpride. Después de cierto tiempo comunica que había dejado de tomar amisulpride. A su regreso a la sala de internamiento estaba con humor eufórico, riendo inapropiada e incontroladamente, expresando ideas delirantes de grandiosidad y se observó informando frecuentemente de alucinaciones auditivas. Se le prescribieron 50mg de clorpromazina, que era todo lo que estaba dispuesto a aceptar. Pero durante los siguientes días su conducta permaneció inalterada, manteniendo conductas extrañas. Se volvió más agitado y agresivo, destrozó una ventana de la unidad de internamiento. Se reinstauró el tratamiento con amisulprida a los tres días del reingreso, y confirmada dos días después. No se volvieron a observar nuevos episodios de euforia, grandiosidad o agresión en los tres meses que duró su internamiento, ni durante los 12 meses siguientes en la comunidad. Se quejó intermitentemente de alucinaciones auditivas asociadas con humor bajo, pero no se le ha vuelto a observar que les conteste.
En el caso del Sr. A parece haber dos episodios relacionado con la retirada, uno el la admisión, el cual puede estar relacionado tanto con la retirada de venlafaxina como con la reducción de quetiapina (o ambos), y otro tras incumplir el tratamiento con amisulpida. Estos episodios fueron cualitativamente diferentes de otras presentaciones, ambos fueron de corta duración y parecen responder rápidamente a la reinstauración o al incremento de dosis de la medicación neuroléptica. Sin embargo, algunos síntomas, principalmente las alucinaciones auditivas, estuvieron presentes antes y después del episodio. Está claro que tales episodios pueden ocurrir cuando un paciente para la medicación sin conocimiento de los profesionales, en cuyo caso la relación puede ser particularmente difícil de determinar.
Reacción psicológica y error de atribución.
La retirada o reducción de un fármaco puede teóricamente inducir una reacción psicológica análoga al inverso del efecto placebo, a veces llamado “efecto nocebo”. Este término se refiere a la situación en la cual la expectativa de enfermedad induce enfermedad. Numerosos estudios han demostrado que la gente puede ponerse físicamente enferma y psicológicamente incomoda a través de la sugestión. En el problema que nos ocupa, el “efecto nocebo” consiste en la idea de que el resultado de la retirada puede estar negativamente influido por las expectativas del paciente y otras personas implicadas en su cuidado. Este efecto puede ser estimulado tanto por las experiencias somáticas asociadas a la retirada o reducción de la dosis del medicamento, como simplemente al conocimiento de que se está retirando el fármaco. Conceptualmente pueden distinguirse de los síntomas psicológicos que se producen directamente por los efectos biológicos de la retirada del fármaco, pero en la práctica esto puede ser difícil. Una reacción psicológica puede ser menos consistente en su perfil sintomatológico y en su aparición que los síntomas de retirada. La ansiedad probablemente sería una de los rasgos prominentes.
Las personas implicadas en el cuidado del paciente pueden sentir también una ansiedad sustancial relacionada con los cambios en la medicación, especialmente con la reducción de tratamientos mantenidos durante mucho tiempo. Estos sentimientos pueden ser transmitidos a los pacientes y precipitar o exacerbar reacciones psicológicas en el paciente. Estas reacciones se ilustran en el caso de Mr. B.
Mr. B, de cuarenta y tantos años, ha pasado muchos años en el hospital mental, con diagnostico de esquizofrenia paranoide, historia de ansiedad y agresividad. Ha sido dado de alta hacia una residencia supervisada, donde parece haberse adaptado bien, a pesar de incidentes ocasionales de ideación paranoide y discusiones con los profesionales. Por tanto se sugirió que podría reducirse su medicación neuroléptica, la cual consistía en zuclopentixol decanoato 500mg im c/15 días y olanzapina 20mg oral c/día. Inicialmente el paciente era reacio a hacerlo, pero luego cambio de opinión y se redujo zuclopentixol decanoato hasta 200mg c/15 días durante los siguientes 7 meses. En este momento se sugirió que estaba lo suficientemente bien como para ser trasladado a una residencia con menor supervisión. El comenzó entonces a mostrarse ansioso, a comunicar ideas paranoides, y a volverse cada vez más discutidor con los profesionales de la residencia. Los cuidadores estaban preocupados por las conductas de Sr. B, que atribuyeron a los cambios en la medicación, y así se lo comunicaron al Sr. B. Este estaba cada vez mas ansioso, dormía poco, y empezó a mostrarse preocupado por la reducción de la dosis de medicación. Comenzó a solicitar que se la aumentaran de nuevo.
Un escenario relacionado se produce cuando las fluctuaciones normales de una condición de larga duración del paciente se atribuyen erróneamente al efecto de la interrupción de la medicación por el paciente o por otras personas ansiosas sobre los efectos de la reducción o la interrupción de la medicación. En mi experiencia esta es una situación muy común, que se produce especialmente cuando algún profesional clínico se opone a la decisión de reducir o interrumpir la medicación. En esta situación todos los sucesos negativos que ocurran después del cambio en el tratamiento son atribuidos a este, con independencia de que con anterioridad también se estuvieran produciendo o de la posibilidad de algún tipo de relación. El caso del Sr. C. es uno de los muchos ejemplos de mi propia práctica.
EL Sr. C, de 50 y algunos años, es residente en el hospital de crónicos. Fue diagnosticado de esquizofrenia, que fue clasificada inicialmente como resistente, pero que se ha mantenido estable durante muchos años. Tiene algunos delirios residuales relacionados con “no tener interior” y no poder comer, si se le interroga sobre estas cosas directamente, pero que no interfieren con su funcionamiento. Cuando me hice cargo de su caso, recibía tres tipos de neurolépticos, zuclopentixol decanoato 300mg c/15 días, olanzapina 20mg c/día, y clorpromazina 150mg c/día. Con la finalidad de reducir su carga neuroléptica, y conforme con sus preferencias, la dosis de olanzapina se redujo a 15mg/día. Poco después enfermería comunicó que él estaba expresando sus creencias delirantes más frecuentemente de lo usual, gritaba y molestaba durante las comidas, y se mostraba agitado. Relacionaban esto con la reducción de la dosis de olanzapina, que se volvió a incrementar en consecuencia. Algunos meses después volvieron a aparecer los mismos síntomas y conductas sin que se hubiera producido cambio alguno en su medicación, y el personal de enfermería comunicó que este era de hecho su patrón usual de conductas a largo plazo, y que ya había ocurrido ocasionalmente antes y después del cambio en la medicación.
Las reacciones psicológicas son un concepto importante, porque como los síndromes fisiológicos de discontinuación, pueden ser malinterpretados con recaídas, o pueden por sí mismas contribuir a la recaída en el trastorno psicótico o afectivo. Mi experiencia personal me indica que estas constituyen un impedimento considerable a la racionalización de los tratamientos.
Recaída de un trastorno subyacente
Esta situación se refiere a la recaída o exacerbación de un trastorno subyacente, en contraste con la aparición de un nuevo síndrome de discontinuación o retirada de fármacos. La relación entre reducción de la medicación y la recaída o exacerbación es compleja. En primer lugar, una recaída puede suceder después de la retirada de la medicación debió a la eliminación del efecto profiláctico beneficiosos de la misma. En segundo lugar, el proceso de retirada puede en si mismo inducir o adelantar una recaída que, en otro caso, no tendría que producirse en ese momento conforme con el curso natural de la enfermedad. En tercer lugar, la recaída puede ser simplemente una coincidencia casual. La dificultad para distinguir estas situaciones se ilustran en el caso del Sr. D.
El Sr. D ingresado inicialmente por un episodio psicótico paranoide en la adolescencia, con diecitantos tardíos años…., tuvo 5 episodios a lo largo de los 15 años posteriores. Las recaídas más recientes no han tenido que ver con incumplimiento, o cambio alguno de la medicación. Después de repetidas solicitudes de reducción del tratamiento de mantenimiento con zuclopentixol depot debido a la percepción de somnolencia, se le redujo de 400mg c/15 días a 350mg c/15 días. Seis semanas después fue ingresado en el hospital con insomnio y agitación, que rápidamente progresó a una recaída completamente florida, con todas las características de los episodios previos. Fue tratado y dado de alta tres meses después.
El equipo clínico que trató al Sr. D. que previamente se había opuesto al cambio de medicación, atribuyó la recaída a la salida a superficie del trastorno subyacente debido a la reducción de la medicación. Otra posible explicación podría ser que la recaída fuera arrastrada por la reducción en la medicación aunque es poco probable que una reducción tan pequeña de un medicamento de larga duración tenga un efecto tan rápido. Alternativamente, puede haber sido una coincidencia, y consistente con el patrón previo de la enfermedad. La ansiedad del equipo clínico también ha podido tener algo que ver.
A pesar de algunas dudas tempranas, ahora hay un consenso sobre que la interrupción del tratamiento con litio incrementa el riesgo de recaída maníaco-depresiva hasta valores superiores a los niveles asociados con el curso natural de la enfermedad. La prueba consiste en el hecho de que el incremento del riesgo de recaída se concentra en los primeros pocos meses tras la interrupción de la administración, para disminuir a partir de entonces, en que se observan tasa más altas de recaídas después de una interrupción rápida que cuando la retirada es gradual, y que la tasa de recurrencias después de la retirada de litio excede a la tasa de episodios previa al inicio del tratamiento con litio. Todavía no se sabe si solo se incrementan las recaídas maníacas o todas las recaídas. En un estudio reciente las recaídas maníacas predominaron en los meses iniciales tras la discontinuación, pero el riesgo de depresión también estuvo aumentado.
Hay algunas sugerencias de que la interrupción de litio puede inducir episodios maníacos en pacientes con depresión unipolar sin historia de previa de manía. En un estudio abierto de potenciación con litio en la depresión resistente, una retirada relativamente rápida de litio a doble ciego condujo a 2 de cada 15 pacientes a desarrollar manía dentro de los 4 meses posteriores a la retirada. Faedda y cols, han señalado que esta tasa de viraje es bastante superior a la que podría esperarse por la historia natural de la depresión unipolar. Sin embargo, los autores del estudio sugirieron que el uso continuado de antidepresivos podría haber contribuido, aunque la relación entre manía y uso de antidepresivos no es segura. Es interesante el hecho de que en este estudio los pacientes hubieran estado tomando litio solo durante 8-10 semanas, y puede sugerir que solo se requiere un tratamiento de corta duración antes de que se produzca el efecto inductor de recaídas del litio.
Baldessarini y cols ha propuesto que la retirada de neurolépticos puede también inducir o adelantar recaídas. Se ha demostrado en meta-análisis que el incremento del riesgo de recaída tras la retirada de neurolépticos se concentra en los primeros pocos meses. Las diferencias respecto a las personas en las que el tratamiento se ha mantenido caen gradualmente con el seguimiento y parecen converger. Como con litio, el riesgo es sustancialmente menor con la retirada gradual frente a la interrupción brusca. Hay datos recientes de que los pacientes en primer episodio cuya exposición a neurolépticos es probable que haya sido relativamente corta, mostraron menores tasas de recaídas que pacientes con múltiples episodios durante un ensayo con tratamiento “diana”, lo que puede ser evidencia adicional de un efecto de retirada.
Sin embargo, el concepto de “recaída” es menos claro en esquizofrenia que en el trastorno bipolar, como se sugirió anteriormente, otros fenómenos relacionados con la interrupción del tratamiento pueden confundirse con la recaída. Es difícil despejar esta posibilidad dado que en muchos estudios los pacientes son inmediatamente vueltos a someter a neurolépticos si se observa cualquier incremento en la sintomatología.
También se ha sugerido que la interrupción de antidepresivos puede incrementar el riesgo de recaída. En un meta-análisis de estudios a largo plazo, considerando principalmente ensayos de retirada aleatorizada doble ciego de algunos paciente a placebo, el exceso de riesgo de recaída se concentró en los primeros pocos meses después de la retirada, como en los estudios de interrupción de neurolépticos, y disminuía después de una manera logarítmica. El autor también notó que el riesgo de recaída permanecía constante independientemente de la duración previa del tratamiento antidepresivo. Esto es, el riesgo de recaída se incrementó igual cuando se cambió a placebo después de menos de 3 semanas de tratamiento que después de 4 años de tratamiento previo. Los autores sugirieron que esto puede indicar que los efectos relacionados con la retirada pueden anular la reducción del riesgo que debería normalmente estar asociada con varios años de estabilidad. A pesar de todo, algo del exceso de riesgo de recaída puede ser debido a síndromes de interrupción y a reacciones psicológicas.
Mecanismo de los trastornos relacionados con la retirada
De los datos anteriores se han sugerido dos posibles mecanismos para los trastornos relacionados con la retirada.
Adaptaciones farmacodinámicas
Se piensa que el uso alargo plazo de fármacos que suprimen ciertos neurotransmisores causan un incremento compensatorio en el número y la sensibilidad de receptores relevantes (concepto de supersensibilidad). Cuando estos receptores dejan de estar bloqueados por el fármaco, se produce una sobreactividad del sistema o sistemas neurotransmisores implicados. Esto puede resultar en los característicos síndromes de retirada, puede causar la rápida aparición de síntomas y puede actuar como causa de “presión farmacodinámica” que incrementa la vulnerabilidad a la recaída. La investigación sobre la psicosis de rápida aparición o por supersensibilidad, ha confirmado en animales y en humanos cambios en los receptores de dopamina después de la administración crónica de fármacos neurolépticos. Sin embargo, la relación entre psicosis y sobreactividad de los receptores de dopamina no se ha investigado empíricamente, y su propuesta asociación con otras manifestaciones de supersensibilidad dopaminérgica tales como discinesia tardía e hiperprolactinemia no se han demostrado consistentemente. La supersensibilidad de receptores otros sistemas neuroptransmisores y las interacciones entre ellos ambien se han puesto de manifiesto en relación con clozapina.
El incremento del riesgo de recaída consecuencia de la retirada se ha atribuido a la misma teoría de adaptaciones farmacodinámicas. El hecho de que la retirada abrupta de litio y de neurolépticos parezca estar asociada con mayor riesgo que la retirada gradual sería consistente con esta explicación, dado que hay menos oportunidad de adaptación para volver a la normalidad. Sin embargo, algunos estudios no muestran este patrón. El hecho de que estas adaptaciones están presentes durante semanas en animales después de solo una dosis puede explicar por qué el incremento del riesgo de recaída persiste durante meses después de la retirada.
Mecanismos psicológicos
Una reacción psicológica a la retirada de un fármaco puede causar síntomas por sí misma, y pueden también incrementar la vulnerabilidad al deterioro o la recaída. Los estudios de casos ilustran estos efectos en personas con psicosis, pero las reacciones psicológicas pueden ser incluso más importantes e personas con depresión. Los efectos psicológicos pueden también combinarse con los mecanismos farmacodinámicos por diversas vías. Por ejemplo, la retirada del efecto tóxico y sedante del fármaco puede incrementar la ansiedad por derecho propio, pero también indirectamente al recordar a la gente del hecho de que su medicación está siendo retirada o reducida. En mi experiencia, las reacciones psicológicas de los pacientes, profesionales y otros cuidadores, son un importante factor que determina el éxito o el fracaso de la interrupción del medicamento, una a sugerencia que está abierta a ser examinada empíricamente.
Implicaciones para el tratamiento de mantenimiento
Dado que todos los efectos adversos descritos anteriormente pueden ser confundidos con el resurgimiento del trastorno subyacente, las pruebas sobre el valor del tratamiento de mantenimiento en psiquiatría necesitan ser reevaluadas. Los estudios de mantenimiento implican un grupo de personas que habían estado siendo tomando medicación durante algún tiempo. Tales personas son entonces randomizadas bien para continuar con la medicación o bien para que esta sea reemplazada por placebo, usualmente de forma bastante rápida. Por tanto, el grupo placebo es en realidad un grupo de “retirada de medicación” que está sujeto a todos los efectos adversos relacionados con la retirada de medicación. Sin embargo, dado que este hecho es generalmente pasado por alto, estos efectos son atribuidos a la enfermedad subyacente y considerados como prueba de la superioridad de la continuación del tratamiento. Donde la recaída es juzgada simplemente como cualquier deterioro clínico, o como pequeños aumentos en la puntuación de escalas de evaluación, los síntomas somáticos de discontinuación pueden ser confundidos con recaída. Además, algunas recaídas psicóticas tempranas pueden no ser recaídas del trastorno original, sino un nuevo fenómeno inducido por el proceso de retirada. Algunos episodios que son recaídas genuinas pueden estar inducidos por el proceso de retirada en sí mismo. Esto ha sido establecido para el litio y sugerido para otras clases de fármacos.
Yo no descarto que algunos de los problemas tras la retirada del fármaco puedan ser recaídas genuinas que se deben al resurgimiento del trastorno subyacente en ausencia del tratamiento. Sin embargo, la negligencia respecto a los efectos adversos por retirada de los fármacos significa que es probable que sean pocos los casos de estos que sean asumidos en los ensayos clínicos y en la práctica clínica. Esto añade una base a aquellos que cuestionan los beneficios del tratamiento de mantenimiento a largo plazo en los trastornos psiquiátricos y sugieren que la naturaleza recurrente de las enfermedades psiquiátricas puede en ocasiones ser iatrogénica.
Implicaciones para la gestión de la retirada de los fármacos
Las investigaciones muestran que una proporción de gente incluso con trastornos psicóticos graves (entre el 20% y el 40%) pueden interrumpir el tratamiento famracológico de mantenimiento a largo plazo sin dificultad. Si la morbilidad relacionada con la retirada puede ser manejada de forma efectiva, entonces el resultado de la interrupción puede ser mas exitoso. Para los episodios psicóticos producidos por la retirada de fármacos, puede ser necesario un curso breve de farmacoterapia en combinación con psicoterapia y apoyo social puede ser necesaria. Para otros problemas incluyendo la ansiedad clínicamente significativa sobre la retirada en pacientes y otros profesionales o cuidadores, puede que sea necesario antes cambiar las actitudes hacia la retirada del tratamiento. Se necesita investigación que trate de ver los resultados a largo plazo después del tratamiento de los trastornos relacionados con la retirada rápida, para determinar el resultado final de la retirada de los fármacos. El hecho de que se hayan descuidado los efectos adversos de la retirada de los fármacos, y que se hayan malinterpretado como prueba del curso natural del trastorno subyacente, ha contribuido a crear un clima en el cual se produce una intensa ansiedad y pesimismo sobre los resultados de la retirada de medicación a largo plazo en los trastornos psiquiátricos. Este informe sugiere que si los trastornos relacionados con la retirada pueden ser manejados efectivamente, ello puede ser motivo para una actitud más optimista sobre el resultado de la retirada de los medicamentos psiquiátricos.
Traducción: Emilio Pol Yanguas

miércoles, 5 de enero de 2011

Cuando un paciente esquizofrénico, que cumple con el tratamiento farmacológico, tiene una recaída, ¿hay que aumentar la dosis de antipsicótico?.


Es evidente el beneficio de la medicación antipsicótica de mantenimiento en la esquizofrenia, en aquellos pacientes tratados de un episodio psicótico agudo con estos fármacos, en términos de prevención de recaídas http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2800144/pdf/sbp116.pdf . No obstante, en un periodo de seguimiento de 2 años, entre un 10-40% de los pacientes cumplidores con el tratamiento de mantenimiento experimentan exacerbaciones de sus síntomas http://schizophreniabulletin.oxfordjournals.org/content/6/1/117.long . Es frecuente observar en la clínica diaria que a estos pacientes se les incrementa la dosis en cada reagudización, pero ¿es esta práctica adecuada?.

Los pacientes cumplidores que recaen se diferencian de los pacientes que recaen por incumplimiento, en varios aspectos; por ejemplo los primeros tienen mayores puntuaciones en ansiedad/depresión y menores puntuaciones en el factor “psicoticismo” que los segundos, medidos con la BPRS. Además en los primeros es fácil identificar factores vitales estresantes, y tienden a mejora más rápidamente que los segundos http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/6144721 , http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/2893403# . Estos hallazgos plantean la posibilidad de que los pacientes esquizofrénicos o esquizoafectivos cumplidores con reagudización de los síntomas mejoren durante el transcurso de un periodo breve de hospitalización sin necesidad de incrementar las dosis de antipsicóticos que venían tomando.

Para probar esta hipótesis se realizó un ensayo clínico http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/7989278 randomizado, doble ciego, en pacientes diagnosticados de esquizofrenia o trastorno esquizoafectivo (criterios DMS-III-R) en reagudización a pesar de ser cumplidores con el tratamiento de mantenimiento. Los pacientes podrían recibir, además de su tratamiento rutinario, cápsulas de placebo o cápsulas idénticas con 2,5 mg de flufenazina, inicialmente los pacientes recibieron 1 de estas cápsulas al día, pero luego el número de cápsulas podría incrementarse hasta 4 al día según criterio del psiquiatra. El estudio se prolongó durante 10 días

Para que un paciente fuera seleccionado, el tratamiento de mantenimiento debía haber tenido la suficiente duración como para encontrarse en estado estacionario (en caso de recibir neurolépticos depot, se exigía haber recibido al menos 6 dosis consecutivas antes de la admisión), excluyéndose a aquellos pacientes con cambios recientes en su tratamiento, y el cumplimiento con el mismo debía ser verificado por varias fuentes. Si el sujeto recibía otros psicofármacos junto al antipsicótico, también debía ser cumplidor con ellos. Los pacientes que recibían antipsicóticos intramusculares de larga duración fueron aleatorizados de forma separada de los que recibían solo fármacos orales.

Los pacientes fueron evaluados del día 1 al 10 del estudio con la escala breve de evaluación psiquiátrica (BPRS), la escala de impresión clínica global (CGI), una escala de Hamilton para ansiedad modificada (HARS), y una escala de Montgomery-Asberg para depresión modificada (MADRS), también se incorporó un formato para registro de efectos extrapiramidales y la escala de Barnes para puntuación de akatisia inducida por fármacos.

Quince pacientes recibieron suplemento con flufenazina y 17 con cápsulas placebo. Siete pacientes recibían solo medicación oral al ingreso, 11 solo antipsicóticos depot, y 13 ambos. Catorce pacientes recibían al ingreso otros psicofármacos (6 en el grupo de flufenazina y 8 en el grupo placebo) además del antipsicótico. Las dosis de antipsicótico que recibían los sujetos se categorizaron como bajas, medias y altas, no hubo diferencias al respecto entre los grupos con placebo o flufenazina (ch2=4,049; NS). Ambos grupos tampoco se diferenciaron en la edad, sexo o raza de sus componentes, ver tabla 1.

Las medidas clínicas basales de ambos grupos se compararon mediante la prueba t-Student a dos colas. La única diferencia estadísticamente significativa entre los grupos se encontró en el ítem 4 de la BPRS, factor de desordenes del pensamiento, que fue mayor (más patológico) en el grupo con flufenazina (11,07 ±0,40 vs 8,6 ± 1,9; p<0,05). La diferencia en el número de cápsulas que recibió cada grupo tampoco fue estadísticamente significativa (tabla 1).

Las variables resultado fueron analizadas utilizando un análisis de covarianza, con los grupos de tratamiento como variable independiente. Las puntuaciones del día 10 fueron las variables dependientes, y las puntuaciones basales como covariables. No hubo diferencia en ninguna de las medidas de efectos secundarios, ni de psicopatología (ver tabla 2). En conjunto, la mayoría de los pacientes tuvieron una mejoría sintomática moderada durante el curso de este breve estudio. Veintiuno de los sujetos mejoraron moderadamente o mucho. No hubo diferencia entre los grupos en la duración del ingreso (21,1 ± 14,0 días para el grupo con flufenazina vs 15,9 ± 14,8 días para el grupo placebo).

Se evaluaron los potenciales pronosticadores de resultado final, determinando el coeficiente de correlación entre cada una de las evaluaciones clínicas basales y tanto con la “puntuación de cambio” (una escala que puntúa la cantidad de cambio observado con valores menores representando mayores mejorías) y el cambio del día 1 al 10 en la CGI. La única correlación estadísticamente significativa fue entre la MADRS y laCGI (r=0,353; p<0,05). Hubo una tendencia hacia la significación estadística para la correlación negativa entre MADRS y el factor ansiedad/depresión de la BPRS frente a "la puntuación de cambio", y también para la correlación positiva entre el factor ansiedad/depresión de la BPRS y la CGI.


Los resultados de este estudio muestran que los pacientes esquizofrénicos o esquizoafectivos que recaen a pesar cumplir con el tratamiento, mejoran durante un periodo de hospitalización breve, independientemente de que se les incremente o no la dosis de antipsicótico. Un alto nivel de depresión al ingreso es un pronosticador de buena respuesta. La dosis del suplemento de flufenazina fue pequeña. Es posible que una dosis mayor hubiera producido mayor efecto, pero dado que virtualmente todos los sujetos mejoraron al día 10, esto es improbable. Es más, los sujetos sin suplemento de la dosis de antipsicótico permanecieron menos tiempo ingresados. La gravedad de la psicosis no predice el resultado, siendo la probabilidad de mejoría igual para los pacientes gravemente psicóticos, que para los que solo están levemente psicóticos. Los sujetos más deprimidos por el contrario tiene más probabilidad de mejorar sin incremento de la medicación antipsicótica. Se recomienda esperar unos días sin modificar el tratamiento, para observar la evolución, en aquellos pacientes esquizofrénicos o esquizoafectivos, que recaigan a pesar de tomar adecuadamente la medicación.

La responsabilidad de este comentario corresponde a Emilio Pol Yanguas.

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Autor :   Álvaro Blanco Marqués (Estudiante último curso del Grado de Farmacia (UMH) Tutor: Dr. Francisco Martinez Granados ÁCIDO VALPROIC...